#YankiesVacilante
F.P.
Luego de sofocado el humo que dejó la arremetida trumposa en suelo venezolano empezaron a remarcarse los signos de interrogación sobre la factibilidad de utilizar sus reservas petrolíferas. A tal punto que la irrupción beligerante en esta nación subamericana, a lo mejor sólo tuvo como meta impresionar a la ciudadanía estadounidense entre la que crece el descontento con el gobierno de Washington.
Este fin de semana, se registraron populosas manifestaciones en Los Ángeles y en Minneápolis (al igual que en New York, Portland, Seattle, Burlington, Knoxville, Detroit, Milwaukee, New York, Columbus, Washington, Chicago, Merrimack, Anchorage, Ithaca, Tucson, Boston ) contra la política represiva y la supresión de derechos civiles a la ciudadanía. Las que tuvieron como detonante el asesinato con tres disparos en la cara, perpetrados por un oficial de la patrulla anti inmigración (ICE), que terminaron la semana pasada con la vida de Rennee Nicole Good.
En el gabinete trumposo, a lo mejor pensaron que la violenta incursión en Caracas activaría esa duplicidad ciudadana: consentir esta brutalidad en el exterior si tras perpetrarlas deja algún beneficio palpable entre los estadounidenses. De hecho, el anzuelo electoral de los ultraderechistas tuvo como uno de sus ejes la baja hasta un dólar por litro de nafta, en caso de ganar los comicios de 2024.
En contraste, en el primer año de gestión el gobierno gringo se limitó a repartir palos, pobreza extrema, deportaciones y anulación de los principales derechos civiles. En uno de los episodios más ilustrativos, los vecinos de Los Ángeles se mandaron el último fin de semana contra un camión que atropelló a manifestantes.
Esta protesta contra la administración trumposa desembocó en la ira popular, lanzada contra este camión, al cual destrozó, y su conductor increpado por esta provocación criminal. De manera similar, el ánimo en las demás ciudades cuya población salió a las calles estuvo enfocado en contra de las principales líneas de acción del gobierno federal.
Para peor, la imposibilidad de concretar aquella promesa de la nafta a un dólar por litro se va corporizando, a medida que transcurren las horas. Es que la extracción y el procesamiento del petróleo del Orinoco parece más otro delirio trumposo, antes que un objetivo de las compañías de hidrocarburos más grandes.
Debido al nivel de viscosidad del crudo venezolano, las compañías estadounidenses prevén que el precio por barril de esta procedencia no podría venderse por menos de u$s 80. Es decir, unos 18 dólares más caro que el shale oil(no convencional) extraído en Texas, el cual se sitúa en u$s 62 por cada barril.
Esta diferencia es la que explica las cabezas gachas que se vieron el viernes pasado, durante el encuentro del gabinete trumposo con ejecutivos de Halliburton, Exxon Mobile y ConocoPhillips. La que tuvo de corolario al Jefe de Estado norteamericano mirando por el ventanal, quizás absorto en la conjetura que su castillo de naipes se encuentra acechado por un ventarrón.
Es consenso generalizado entre la docena de compañías petroleras más grandes del mundo que un plan de producción desde Venezuela requeriría un trazado a 30 años, como mínimo. Lo que por ahora no aparecen en pantalla, luego de la opción diplomática por la que Washington encarriló las tratativas con el mismo oficialismo chavista al que el 3 de enero pasado le secuestró a su figura más publicitada. Sin embargo, la estructura gubernamental siguió intacta.
El halo del fracaso, el que transcurrido un tiempo suele derivar en decepción, asoma en el panorama. Tanto a nivel interno, como entre los tifossi del gobierno trumposo en el resto del continente americano.
Además, un boicot internacional como sede mundialista de la Copa del mundo FIFA 2026 empezó en las últimas horas. La idiosincrasia del gabinete trumposo, más afín al béisbol, al basket o al football norteamericano, posiblemente no hayan hecho mella en su cosmovisión. Aunque el porrazo que esto podría acarrear se percibe con más claridad en el resto de las naciones que, sí, cultivan el balompié. 
NdR, 12 de enero de 2026.