#Abueloaniversariorockcriollo
M.R.
Cualquier día será, siempre, buen momento para conmemorar a Miguel Ángel Peralta entre los poetas urbanos enlistados en el movimiento del rock nacional. Más conocido como Miguel Abuelo, tal su seudónimo artístico, en los 80 supo brillar con la banda Los Abuelos de la Nada, como en la década anterior lo hiciera antes de exiliarse en el Viejo Continente.
Su madre había venido de alguna provincia argentina, hasta que aquel 21 de marzo del 46 alumbró a Miguel en la maternidad del Hospital Tornu, en Ciudad de Buenos Aires. Virginia Peralta nunca deschavó quién había sido el padre del muchacho, situación familiar como de mesa con tres patas que suele entusiasmar a los biógrafos, a quienes agrada alguna de tales huecos como material posterior y convocante de musas.
De hecho, hay más: Miguel pasó gran parte de su infancia en un orfanato y luego en diversas pensiones capitalinas, en las que alternaba horas de lectura y ocio. Hasta que en una de esas extensas jornadas de vagabundeo conoció a Pipo Lernoud, poeta que le daría el barniz intelectual a la primera tanda de rockeros criollos. Además, el escritor tenía sus noches junto a Pajarito Zaguri y a Mauricio “Moris” Birabent, con quienes Miguel incursionó en la bohemia de aquellos años 60. Casi todos, inquilinos en la Pensión Norte y habitués del teatro y café La Cueva, donde también concurrían Litto Nebbia y Tanguito. 
En 1967, formó Los Abuelos de la Nada tomando como inspiración una frase del escritor Leopoldo Marechal (El banquete de Severo Arcángelo). En esta formación lo acompañaban Héctór “Pomo” Lorenzo, Claudio Gabis -antes de su ingreso a Manal-, Alberto Lara, Eduardo Fanacoa, con quienes registró “Diana Divaga”. Simple que en su lado B contenía “Tema en flu sobre el planeta”, con Norberto Pappo Napolitano en las seis cuerdas. 
A fines de los años 60, Miguel decidió que la dictadura de Onganía era demasiada opresión y se propuso ir hacia Europa. Antes, dejó grabados para el sello Mandioca los simples “Mariposas de madera” y “Oye niño”. En los 70, anduvo por Ibiza, Barcelona, Madrid, Francia.
En territorio galo, el millonario francés Moshe Naim percibió un talento particular en el argentino y consiguió contactarlo con ejecutivos de la industria discográfica. Así, en 1973 grabó “Miguel Abuelo & nada”, el cual tiene una primera incursión para el rock latinoamericano en el heavy metal. Al día de hoy, parecerá un tanto extraño escucharlo entonar pasajes a lo Black Sabbath o Led Zeppellin, sostenido por los punteos de Daniel Sbarra (luego haría este mismo trabajo para Virus).
De vuelta a España, Miguel pasaría largas noche de tertulia con Kubero Díaz, Miguel Cantilo, Cachorro López y Miguel Zavaleta. También con otros argentinos como Coqui Reca y Guillermo Cazenaves.  Hasta que con la llegada de la nueva década sonaría el momento de su regreso.
Fue así que en 1981, junto a Cachorro López, decide volver a su país y a pesar de la Dictadura cívico-militar la apertura indirectamente concretada tras la prohibición de difundir rock en inglés, aquel tiempo le sienta medianamente bien. Por lo que al año siguiente ya estaba en ciernes la nueva carnadura de Los Abuelos de la Nada. 
Con Miguel Abuelo en voces y Cachorro López en bajo, sumaron a Gustavo Bazterrica (guitarra), Polo Corbella (batería), Daniel Melingo (saxo y clarinete) y habían pensado en Alejandro Lerner para los teclados. Sin embargo, este último estaba convencido que su camino iba por el lado solista, así que recomendó en su lugar a un pibe llamado Andrés Calamaro. 
Con esta formación, en el 82 grabaron “Sin gamulán” y “No te enamores nunca de aquel marinero bengalí”. También participan del BA Rock 82 y abren, junto a Sueter, para la mega presentación de Charly García en el estadio de Ferrocarril Oeste.
La consagración masiva vendría con “Vasos y besos”, “Himno de mi corazón” y el estupendo álbum en vivo  “Los Abuelos en el Ópera”. En el medio, Miguel se las arregló para grabar un disco solista llamado “Buen día, día”, acompañado por músico como Fito Páez, Miguel Cantilo y Piero.
Frente a la disolución de aquella formación del grupo, la discográfica convenció a Miguel de mantener el nombre cuando editó “Cosas mías”. Con esta formación, de todas maneras, el músico  hizo las últimas presentaciones bajo el nombre Miguel Abuelo en Banda. Hasta que un problema de vesícula complicó su estado de salud general que en un primer momento se pensó que se debía a una infección por HIV. Cinco días después de haber cumplido 42 años, partió hacia la eternidad. Con él, con la de Federico Moura y Luca Prodan concluyó una de las etapas más prolíficas del rock argentino. 
NdR, 21 de marzo de 2023.