#Repartodelosingresos #Discusionpoliticaenmarcha
Por: Federico Pérez (*).
El oficialismo parece haber abdicado de los tres estandartes típicos del movimiento filoperuca y pasó a concentrarse en las deliberaciones ligadas a un beneficio, por ahora en potencial, asumido como ungüento destinado a paliar los garrotazos de la inflación. A esta idea en pañales, la que no es para festejar con descorchares masivos, ciertamente, las dudas relativas a este bono de $ 40 o $ 20 lucas provienen de las provincias y los municipios. 
Es decir, desde los distritos y subdistritos adelantaron frente a tal hipótesis las dificultades teóricas acerca de cómo financiar este plus. Esto, en un contexto en el cual el proyecto de Presupuesto 2023 que se analizará esta semana en Cámara alta nacional prevé restricción en los fondos destinados a las provincias. Si bien las últimas cuentan con un panorama financiero más holgado que Balcarce 50, ejemplificado en el superávit de $ 20.000 millones declamado por la actual administración gaucha.
Los heraldos del albertismo se solazaron el fin de semana con las meras conversaciones alrededor del bono por 40/20 lucas. Al cual dudan en denominar “alivio”, dado el vector de connotación que vincula este vocablo al gobierno anterior y, más en general, a un descanso posterior a sesiones de tormentos continuados.
Otro posible escenario de prosperidad fue el de una aparente desclasificación estadounidense sobre los inversores criollos que fugaron millones de dólares, luego atesorados en bancos distribuidos en territorio gringo o en cuevas bajo su control. Estos u$s 100.000 millones que en un plano de conjetura, efectivamente beneficiaría imponer gravamen al  exhausto Fisco argento, pero al que difícilmente se avizore renunciamiento por parte de Washington. 
Además, dicen los expertos, podría demorar un par de años concretar esta repatriación de capitales. Otra cuestión de diferencia de velocidades que se verifica en estos días. En comparación: la del bono por 20/40 lucas a obreros formalizados e informales se discute desde hace un par de meses, mientras que las subvenciones por más de $ 2 millones a productores de soja y maíz afectados por la sequía salió en cuestión de horas del Ministerio de Economía. Y sin contraprestación de liquidar exportaciones a cambio del beneficio estatal a esta variante de “planeros”.  
A poco de cumplir el séptimo año  consecutivo con los salarios en caída frente a la evolución de precios, la devaluación del peso impulsada en junio pasado por el conglomerado de agronegocios antes mencionado hundió aún más al sector de los asalariados, y ni qué hablar de subocupados y desempleados.
La señalética raída de esta administración pegotista, de todas maneras no impide ver la situación paradójica en amplios catastros de la realidad socioeconómica. Regada de “los trabajadores pobres, los que no llegan a cubrir la canasta básica de pobreza valuada en 120 mil pesos para una familia, con un atraso notable del salario mínimo vital y móvil de 55 mil pesos, y por otro lado la tasa de desempleo es muy baja en términos históricos”, según describió este fin de semana el sociólogo Artemio López, en su blog Rambletamble.
La pendiente para los asalariados se inició en 2016 con un plan económico que incluyó devaluación de la divisa criolla, alta inflación, tarifazos en los servicios y endeudamiento. Es decir, una serie de herramientas de política económica orientadas, todas y de conjunto en contra de gran parte de la población, lo que explicó los catastróficos resultados electorales de la administración que las dispuso. Pero que tuvieron continuidad en los años posteriores.  
En dicha encrucijada política y económica, los interrogantes sobre el panorama electoral 2023 se encaminan hacia catastros de lo irrelevante. Pero no por ello menos preocupante.
Por estas horas, la nación que suele incidir fuertemente en el porvenir de América del Sur definirá a su nuevo presidente. Si es Lula Da Silva, cabe recordar que el ex sindicalista podría superar al ultraderechista Jair Bolsonaro. Pero más que eso, sobreponerse a los coqueteos con la derecha en los que incurrió, durante su segundo gobierno, Dilma Rousseff. A quien Lula había nominado como su continuadora, si bien luego ella optaría por dar de baja todo contacto con su ex mentor. 
Claro que Rousseff no sólo apeló a este silencio telefónico en su acción de desmarque. Luego de su reelección, también administró un ajuste ortodoxo que le fue retribuido con aplausos desde los palcos de multimillonarios y silbidos por parte de millones de brasileños. En 2018, como recordó este domingo el analista Horacio Verbitsky en El Cohete a la Luna, “se presentó como candidata a Senadora por su estado de Minas Gerais. Pero salió cuarta, con apenas el 15% de los votos, lo cual muestra la futilidad de las maniobras de diferenciación respecto de Lula”. Lecciones por aprender. 
(*) NdR, 30 de octubre de 2022.