Sugerencias a tu setlist

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Una motivación por darle difusión a material desconocido, mezclada con capricho particular, nos lleva este sábado a The Jam. Un grupo de geniales músicos británicos bastante chúcaros, incluso con los punks, mucho con el thatcherismo. Lo cual nos lleva como en tobogán hasta mediados de los 70 y comienzos de los 80.

#WelleryTheJam #Bandasineludibles

M.R.

De los tantos grupos que por acá son casi desconocidos, el más recomendable tal vez sea The Jam. Una formación por las que rompía las pelotas, principalmente por darle un empujón a su hijo, el taxista y ocasional albañil John Weller, yendo a contramano de aquellos progenitores que administran catadura de vagos a sus vástagos con alguna inclinación por la música. 

La banda nació en Surrey (Inglaterra) a mediados de los años 70 y tuvo al padre de Paul Weller en el envión inicial como en los posteriores. A lo mejor por descarte, dado que el adolescente Paul era bastante porro en el colegio, se llevaba varias materias a marzo (excepto literatura inglesa) y estaba centrado en la música.

De modo tal que hacia 1972/73, el bueno de John los puso a tocar en algunos pubs con tufo a salchichas con puré y cerveza barata, mientras los pibes tocaban covers de Chuck Berry. Por aquel entonces, la banda se integraba con Paul Weller en bajo y voz, Steve Brooks (batería), Dave Waller (guitarra), y Neil Harris (guitarra rítmica). Pero un tiempito después, sus compañeros de colegio alegarían diversos pretextos para tirar la toalla [NdR: Waller optó por la poesía Harris se fue con una orquesta].

De manera tal que en 1976 los tenemos con Weller a la guitarra, Bruce Foxton en bajo, Rick Buckler en batería, en plan trío. Luego en viaje a Londres, ciudad en la que estaba en ebullición el movimiento punk y la banda insignia, Sex Pistols, la que impresionó con su sonido crudo a Paul.

A comienzos del 77, The Jam son cuasi embaucados por un ejecutivo de Polydor y una oferta irrisoria -6.000 libras esterlinas- para grabar “In the city”. Aunque el resultado sería promisorio en cuanto al sonido rithm & blues y aristas del rock de garaje, en contraste con  su vestimenta “mod” lo que los diferenciaba de los punks de aquellos años.  

Los entendidos suponen que este habitus, más algunas críticas a una cierta hipocresía en los líderes punks, también riñas verbales y físicas con Mick Jones (The Clash) y Sid Vicious (Sex Pistols), relegaban a un costado a Weller y su banda. Una noche, durante un show, Weller quemó a la vista del público una publicación de fanáticos punks indicando “esta es su biblia”, con ironía.

En tanto, unos meses más tarde The Jam abandonaba la gira ´White riot tour´ en la que compartían cartel con Subway Sect, Buzzocks, The Slits (banda femenina de punk) y The Clash. El motivo fue que Weller y los Jam se habían considerado literalmente timados por los Clash, lo cual redoblaba sus cuestionamientos a esta variante del punk y su supuesto desinterés por la guita. 

Todo ello indujo a que el grupo hiciese su propio camino y por cuenta propia, mientras recibía cuernitos y mal de ojo desde el trono de la música callejera setentista. En más de un sentido, los críticos especializados creen ver en esto la génesis del movimiento New Wave, el cual reemplazaría al punk en la década siguiente.

Luego de un segundo disco al que el público no le dio mucha pelota y una gira por Estados Unidos, The Jam salió con una fuerte crítica al surgimiento de los neonazis que comenzaban a infiltrar el punk (“Down in the Tube Station at midnight”, gran narración y composición de Weller) y un tercer disco: “All mod cons”. Posiblemente, el mejor de toda su carrera.

Mientras que en 1979, luego de editar los simples “Strange Town” y “When You're Young” sintonizan fino con la clase obrera, antes de alumbrar “The Eton Rifles”, otra canción que suena contundente y comprometida. Es lo que preanunció el cuarto disco de The Jam, titulado “Setting sons”.

Este álbum abordaría con nostalgia la amistad juvenil en “Thick as thieves” o en “Wasteland”, las diferencias socioeconómicas producidas con el tiempo en “Burning sky”, la marginación social al sector obrero “Saturday´s kids” o los dramas matrimoniales en “Private hell”. Por su parte, Bruce Foxton aportaría la magnífica “Smithers Jones”, un ácido punto de vista proletario ante el reinado del capitalismo. Por lo que hacia fines de los 70 y principios de los 80 no había nada más alternativo y crítico que The Jam.

Las fuertes críticas al thatcherismo, la prédica por el desarme nuclear y su apoyo al movimiento anti aprtheid representado en Nelson Mandela, levantaban como banderas al comenzar la década del 80. Esto lo hacían sin caretear y eludiendo que este compromiso social sirviera como cobertura para contrabandear canciones mediocres. La prueba de esto último está plasmada en “Pretty Green”, “Monday”, “Man in the cornershop”, “Boy about town” o la fenomenal “That's entertainment”. 

Y en 1982, volverían a demostrarlo con “Town Called Malice” [NdR: el que podés escuchar en NdR Radio vintage], el cual fue reflotado en la película “Billy Elliot” y le significaría otro N° 1 en el ranking del Reino Unido. Hasta que en octubre de 1982, Weller decidió el final del grupo alegando su determinación de finalizar con dignidad. Vaya pibe, este Weller!  

NdR, 20 de agosto de 2022. 


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