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El portal español ABC encuadró el hallazgo de la ciudad de Luxor como “el más importante desde la tumba de Tutankamon”. Los arqueólogos que trabajaron en esta excavación de la metrópoli egipcia que data del 1391 A-C. se nota que aún no se enteraron del descubrimiento de los Bellos Durmientes en calle Ituzaingó.
Sin ánimo de aguar a estos entusiastas de la egiptología, nos limitaremos a consignar lo dicho por Zahi Hawass –ex ministro de Antigüedades egipcio- que “muchas misiones extranjeras buscaron esta ciudad y nunca la encontraron”. Doble mérito para la que él mismo dirige y en los últimos siete meses se ocupó de escarbar bajo la arena, hasta dar con la capital perdida, bautizada en algún momento como “El ascenso de Atón”.
Tal como se consignó, esta urbe tuvo su momento de esplendor con el reinado del faraón Amenhotep III, dignatario de la dinastía XVIII al mando de Egipto entre los años 1391 y 1353 A.C. En su apogeo, allá por la época en que Amenhotep IV (hijo del anterior) o Akenatón, compartiera los últimos ocho años de aquel reinado, así como en la época de ascenso de los sucesores, Tutankamón y Ay. La hipótesis de Hawass, es que Luxor fue el mayor asentamiento administrativo e industrial de la era del Imperio Egipcio en la orilla occidental.  
Con notable pedantería, Hawass quien a lo mejor desconoce el hallazgo realizado en la capital salteña, indicó el descubrimiento de “la ciudad más grande jamás encontrada en Egipto”. El arqueólogo inició esta misión con el objetivo de dar con el templo mortuorio de Tutankamón en un área entre el templo de Ramses III en Medinet Habu y el templo de Amenhotep III en Memnon. En las cercanías se habían encontrado los templos de Horemheb y de Ay.
Sin embargo, en septiembre del año pasado cuando se iniciaron las excavaciones, dieron con una sorpresa al detectar formaciones de ladrillos de adobe en todas direcciones. Así, yendo tras esta pista desenterraron una gran ciudad, en buen estado de conservación, con muros casi completos y con habitaciones llenas de diversos utensilios.
Lo primero que notó Hawass fue que las capas arqueológicas permanecieron inmaculadas durante miles de años, casi sin padecer el transcurso del tiempo. “Las calles están flanqueadas por casas, con piedras en sus muros de hasta tres metros de altura”, en tanto que “la ciudad se extiende hacia el oeste, hasta la famosa Deir El-Medina”, precisó el científico.
La estadounidense Betsy Brian, docente e investigadora en Egiptología de la Universidad John Hopkins [NdR: se podrá gestionar la introducción a la “ituzaingología” en esta casa de altos estudios?] calificó este descubrimiento como “el segundo más importante desde el hallazgo de la tumba de Tutankamón”.
En opinión de la egiptóloga norteamericana, 'El Ascenso de Atón' no solo permitirá conocer habitus de antiguos egipcios en una época en el que “el Imperio estaba en su apogeo”. De acuerdo a su hipótesis, esto también arrojará luz sobre “uno de los más grandes misterios de la Historia: ¿Por qué Akenatón y Nefertiti decidieron trasladarse a Amarna?”, la región en la que se construyó una nueva capital imperial en el siglo XVI antes de Cristo.
Luego de más de un semestre de excavaciones salieron a la luz diversas áreas. Por ejemplo, una panadería, y lo que parece haber sido un gran restó o fonda que cuenta con una inmensa cocina con hornos y cerámicas para almacenar alimentos. Debido a sus dimensiones, la conjetura es que atendía a un gran número de trabajadores y empleados. También se descubrió parcialmente el distrito administrativo y residencial.
Estas dependencias y edificios están cercadas por un muro en zigzag, con un único punto de acceso que conduce a pasillos internos y construcciones residenciales. Esto último llevó a suponer a los arqueólogos que servía para controlar la entrada y salida a esta zona, como un acceso de seguridad.
Además, hallaron un taller con moldes para la producción de amuletos y delicados objetos decorativos, junto a una zona para la fabricación de ladrillos usados en la construcción de templos y que llevan el sello con el cartucho del faraón Amenhotep III. En todas las zonas excavadas individualizaron herramientas de utilización industrial, como si fuese para el rubro textil (hilado), además de otros usados para fabricación de vidrio (resta diferenciar el lugar en que se los utilizaba).
Mientras que en una de las habitaciones se encontraron dos entierros inusuales de una vaca o un toro, los que siguen bajo investigación. Pero más sorprendente es el entierro de una persona a la que hallaron con los brazos extendidos a los costados y restos de una cuerda que sujetaba sus rodillas.
En tanto, la inscripción de un recipiente revela los nombres de personas que vivieron y trabajaron en la ciudad en la época de corregencia de Amenhotep III y su hijo Akenatón, lo que confirma que la ciudad estaba activa en esas fechas.
NdR, 8 de abril de 2021.