#Conceptualizaciondelorebelde
El Salón de la Fama del Rock and Roll nunca recibió tantos cuestionamientos como en los últimos años. En su galería dé premiados y espectáculos ponderados hay sonidos extraños a los que los rockeros dudan si corresponderían al género, mientras otros titubean en considerar siquiera música.
En medio de esta andanada de tomatazos, el presidente del SFRR John Sykes [NdR: homónimo del ex Whitesnake, Blue Murder y Thin Lizzy] estimó este martes necesario salir en defensa de esta institución, en la revista Billboard. En una osada interpretación, el titular del Salón equiparó la resistencia actual de artistas y público acerca de sonidos hip hop, electrónicos y digitales con la que en algún momento había en relación al gospel, al country y al rithm & blues. 
Sin dudas, Sykes pasa por alto que tanto gospel, como country y el rithm and blues fueron rechazados por muchas de las compañías fonográficas consideraban, hasta que la aceptación popular y la de artistas reconocidos posibilitó arrimarlos. Es decir, no fue el componente masivo, sino el rasgo popular lo que les proveyó el pasaporte al territorio del rock and roll. Mientras que hoy es al revés en el caso del hip hop, la electrónica y los sonidos digitales: lograron masividad, pero son resistidos desde lo popular. 
Esta diferencia antropológica -lo popular y lo masivo- podrá ser sutil, pero la estética lo es. Si bien Sykes se refugió en eslóganes como “el rock and roll es un espíritu inclusivo y en constante cambio”, no pocos afirman que en realidad el Salón extravió el rumbo.
A la defensiva de cuestionamientos recientes, el ejecutivo articuló modestia al hilvanar que “todo lo que hice fue volver a la definición original y luego rastrearla hoy: encontrar a los artistas que están moviendo la cultura y moviendo a los jóvenes estadounidenses”.
A la pesca de una analogía, recurrió a que “el rock and roll no es un sonido, es un espíritu que movía a los adolescentes en el '55. Enloqueció a los adultos, enloqueció al gobierno, enloqueció a la iglesia y eso es exactamente lo que espero que esté haciendo la música que está moviendo la cultura hoy [risas]”, le dijo a la revista Billboard.
Sin dudas, habrán varios estímulos que inviten a los jóvenes a mover los pies, aunque equiparar ello con un movimiento popular y cultural como el de los 50 podría resultar una analogía demasiado aventurada. En tanto, son varios los críticos y artistas que ya cuestionaron al Salón por su excesiva mescolanza y falta de “rock”. Una inclinación provista desde las objeciones a la entronización de Iron Maiden, Soundgarden y White Stripes como nuevos inquilinos. 
Ya en 2006 el cantante Johnny Rotten emitió un fuerte desprecio por el Salón cuando se anunció la inducción de Sex Pistols. En una entrevista en el programa Jimmy Kimmel live, en la cadena ABC, señaló que “cuando comencé como un Sex Pistols no había Salón de la Fama de Rock and Roll, y de repente están sobre nosotros como si estuviéramos obligados. Es al revés. No usen mi nombre para adornar sus estupideces”.
En una carta, firmada por Rotten, Steve Jones y Glenn Matlock señalaron al Hall of Fame como “mancha de orines” y concluyeron que “un verdadero Sex Pistols está fuera de este sistema de mierda”. Tal vez, una de las bofetadas más estruendosas que recibió esta ceremonia. Sin embargo, fue seguida de otras expresiones de descontento a menores decibeles, igualmente críticas.
Con muchos artistas lejos de las tablas del Salón de la Fama, el cual consintió números de hip-hop y hasta reggaetón, el rock volvió al terreno alternativo. A distancia cada vez mayor de los sonidos impulsados por las plataformas digitales, en su pretensión de ser el mensaje para la juventud. Pero no de toda, por supuesto. 
NdR, 4 de mayo de 2023.