#Charlyolafabricadechocolates
F.P.
La tensión contada por León Gieco en Los Salieris de Charly hace flotar un karma difícil de desenredar entre figuras que supieron ser, existir y vivir de y para el rock. En esta pista, el folk-rocker describe esa conjunción de admiración y envidia generado por el genio creativo de Charly García. Del cual hasta su ex manager parece no poder desembarazarse. 
Al día de hoy, el empresario Daniel Grinbank ha logrado sobreponerse al mundo del rock y en estos días promueve muestras de arte. Claro que cada tanto suele volver sobre su relación con el pibe flaco que anidaba en un departamento de avenida Coronel Díaz, cerca del Alto Palermo Shopping. Como en el caso de su autobiografía, increíblemente titulada “Te amo, te odio, dame más”.
Quien sabe si este título haya sido del agrado de García, dado que sugiere haber pasado por alto el enfrentamiento que lo separó de Grinbank -a mediados de los años 80- y alude directamente a la letra de “Peperina”, compuesta por Charly en Serú Giran. Un opúsculo redactado desde la perspectiva del empresario, en el cual  éste (o sus ghost writters) narra su versión de varios episodios del rock de los 70 y 80, incluido el distanciamiento con el formidable compositor y multi instrumentista.   
La designación de este fragmento de “Peperina” como encabezado de su autorretrato, en cierta forma y de paso puede leerse como una suerte de desquite, bastante alejado de la declamada elaboración psicoanalítica que precedió a la presentación. Antes del distanciamiento entre el productor artístico y el músico -a mediados de los 80-, Charly se basó en una reseña de la corresponsal cordobesa de la revista El Expreso Imaginario, a fin de responder con una composición a la crítica reporteril por una mala actuación de Serú.
En su réplica musical, García cantaba: “y dentro de su cuento ella era Cenicienta/Su príncipe era un hippie de los años 60/Te amo, te odio dame más”. Con lo cual aludía no sólo a su detractora mediterránea, sino también a Grinbank, dado que la cronista mantenía una corriente de simpatía con el manager de Serü Girán. “Quiero contarles una buena historia/La de una chica que vivió la euforia/De ser parte del rock/Tomando té de peperina/Típicamente mente pueblerina/No tenía huevos para la oficina/Subterráneo lugar de rutinaria ideología/Romántica entonaba los poemas más brillantes/Susurrando al oído de mi representante”, relata García en dicha canción.
Es bastante probable que aquella actuación de García, Lebón, Moro y Pedro Aznar en suelo cordobés haya sido mala en lo musical y como espectáculo en general, tal como lo relató la cronista del magazine fundado por el poeta rocker Pipo Lernoud. Pero más allá de estas líneas en El Expreso Imaginario, Charly hilvanó luego cierta contrariedad por tales conceptos con una certera crítica a la progresía que caretea exhortando por corrección política y se la termina confundiendo con la angurria personal. Contradicción por demás actual.
En su réplica genial, a lo mejor el músico amplía su crítica, ya que ironiza respecto a quien “mirando al campo/se olvidó del hombre/mirando al rico/se vistió de pobre/para poder saber/lo que chusmeaban las vecinas”. Mientras, si la conjetura permanece por el lado de lo personal, evidentemente incluye un zapatazo a Grinbank. Y un dardo dirigido al ejercicio de la profesión periodística: el límite respecto a las fuentes de información.
Cuando hizo las diversas ruedas de prensa para publicitar “Te amo, te odio, dame más”, el  empresario tuvo que volver al capítulo que lo distanció de García. De acuerdo a su versión, Charly había tenido éxito en la primera parte de la década -como antes con Serú- pero hacia mediados de los 80 irrumpieron otros artistas que le empardaban en ventas.
En cambio, cerca del líder de Serú Girán dejaron entrever que la bronca del músico estuvo vinculada a unos masters de sus primeros discos. En este contexto, es recordada la anécdota según la cual García pintó con aerosol un pizarrón en la oficina de Grinbank.  
En los días actuales, Charly está prácticamente recluido en la mansión de Palito Ortega, donde permanece lejos de toda controversia y los escándalos. Mientras que Grinbank fatiga los bordes de la credibilidad, al considerar a “Peperina” una canción misógina. A la par que en su libro -con reconocido aporte de escritores fantasma- coquetea con el postmodernismo al declarase hombre deconstruido, pero a renglón seguido ensaya una suerte de disculpa por sus años en que mantenía un romance en cada ciudad.  
De manera fulgurante, llama la atención que los escritores contratados por el empresario carecieran de formación antropológica. El estribillo que provee el título a esta obra fue compuesto hacia 1981, por lo cual invocar valoraciones discutidas pero de alguna manera vigentes en 2023 no parece la operación indicada. Es decir, elude la recomendación del relativismo cultural, o tal vez lo hace a propósito.  
Para finalizar, cabe mencionar que la periodista y allegada a Grinbank, pese a mantener su opinión desfavorable sobre Serú Girán llegó a rescatar el acierto de García y su mirada sociológica incluida en “Peperina”. Lo demás es pasto.  
NdR, 16 de febrero de 2023.