#Comunicación #Política #Pandemia
El especialista Mario Riorda concluyó que el gran error de la política es “subestimar el peso de la comunicación y no entender que ésta es la propia política expresada en su modo público”. Para el consultor, es en este plano en el que se empantanan los gobiernos al comunicar durante la pandemia y avizoró que en nuestro país podría darse la necesidad de recurrir al uso de la fuerza pública a fin de contener la segunda ola COVID-19.
Riorda ironizó que “la política casi siempre tiene un chivo expiatorio fantástico, fabuloso, muy simple, muy elocuente, que es: ´Gobierno bien, pero comunico mal´”, le dijo este fin de semana en una entrevista a Radio Nihuil. Además, indicó que “esto pasa en pandemia o fuera de ella. Algo típico de la mayoría de los gobiernos. Frente al fracaso político, siempre la responsabilidad es comunicacional”.
Aunque, de todas formas, recordó que entre los generadores de “noticias deliberadamente falsas” se encuentran la actividad política y el periodismo [donde suele haber proliferación de informaciones “si no falsas, como mínimo, no correctas”]. En tercer lugar puso como ejemplo a la posibilidad que “ahora cualquiera de nosotros tire datos, que son más o menos parecidos a los datos que están escritos en algún lugar, pero que no son exactos. Entonces, como se dice vulgarmente, estamos generando fruta o verdura a la hora de hablar”, con lo cual se genera “desinformación”.
El gran desafío de los gobiernos será al momento de restringir actividades en la ciudadanía, debido a lo que imponga la situación planteada por la pandemia. Al respecto, el consultor rememoró que al poner en marcha estas imposiciones en varios países se registró una lectura negativa en la ciudadanía, como una especie de resistencia que fue variando según la idiosincrasia de cada sociedad. En el caso de Europa, incluso, se dio “con control de las fuerzas de seguridad, lo cual no es nada simpático para ver como adelanto de lo que pueda venir en la Argentina”.
En retrospectiva, Riorda se refirió a que en la pandemia por la Gripe H1N1 en el Viejo Continente se detectó que el déficit registrado en aquella oportunidad fue el carecer “de una mirada profesional de la comunicación”. Y entre otros ítems “le faltaron miradas relacionadas con la lectura ética y filosófica de las tensiones que hay entre libertad individual y responsabilidad social”, lo que parece repetirse en esta oportunidad.
De todas formas, el especialista en comunicación se esperanzó a partir que “la actual es la primera pandemia a escala global en términos de comunicación. Literalmente la vemos en tiempo real, atravesada por las redes”. Aunque en última instancia remarcó que “la problemática prácticamente es la misma, se repite pandemia a pandemia, crisis a crisis, riesgo a riesgo”.
El nunca antes
Lo inédito de esta situación generada a partir de la aparición masiva y en diferentes continentes de COVID-19 desembocó en que “uno puede criticar al gobierno argentino, a los gobiernos provinciales o de las intendencias, pero, en general, cuando uno mira comparativamente, en verdad no hay lugar en el mundo de alguien que lo haya hecho bien”.  
La excepción fueron los lugares o regiones donde se mantienen “altos niveles de confianza pública por parte de la sociedad”, o bien “una condición interesante de infraestructura en la saludad pública”, o ya sea “por particularidades irreproducibles”. Un caso molde, el cual reúne los tres rasgos anteriores es Nueva Zelanda, debido a su condición de insularidad. Aunque no es la única.
En cuanto al ejemplo neocelandés, el experto adicionó que “el liderazgo de este país es quizá uno de los mejores casos a nivel internacional. Se trata de una persona fantástica en términos de mirada de género: la primera ministra Jacinda Ardern”. Por añadidura, una gran parte de la capacidad de acción estatal está puesta, a partir de la experiencia con tsunamis, en un sistema de emergencias digital. En términos prácticos, detalló Riorda, esto implica que los habitantes de este país –como en otros que permiten la trazabilidad-“le delega su vida privada y el recorrido que ella haga al Estado para que lo controle, lo mire y le ponga la lupa”.
En contraste, hubieron países y líderes estatales que se pusieron a la cabeza a nivel mundial, como fueron los casos de “negacionismo anticiencia”, ejemplificados en Donald Trump (EEUU) y Jair Bolsonaro (Brasil). Y un escalón más abajo, el negacionismo apuntalado a partir del “valor cultural o de la raza, como la de Manuel López Obrador, o la de Irán, que no quiso prohibir sus concentraciones religiosas, generalmente masivas en la calle”.
Por el Río de la Plata, Riorda indicó que “el eslogan de nuestro país era ´Argentina unida´”, hasta que “se lo cambió literalmente en marzo, en plena pandemia, como diciendo: a partir de ahora vamos a ser todos más buenos y nos vamos a querer un poquito más”. Una meta irrealizable como si fuese de “fraternidad nacional, lo cual es una ficción si uno estudia comparativamente estos procesos críticos”.
El planteo de tal objetivo chocó con lo que el experto achacó como “irresponsabilidad” centrada en “el sector empresarial y, en particular, el de las bebidas alcohólicas”. Desde este rubro de la actividad “salieron a ofrecer la idea del brindis”, a través de mensajes cuya base conceptual fue “vamos a brindar mañana”. En particular, los que apelaron a esa especie de “vamos a ser más buenos, nos vamos a poder abrazar y vamos a poder brindar mañana”, en lo que recayeron “todas las empresas de vino, de champán, de cerveza”.
Según la evaluación de Riorda, esto marcó “un voluntarismo que, en sí mismo, no es condenable, pero que termina siendo cruel por el nivel de expectativas que genera”. Este tipo de mensajes, más que nada desde el sector publicitario se sumaron a la proliferación de inexactitudes o bien noticias falsas.
En alusión a 2020, apuntó que “entre enero y febrero hubo nada menos que entre tres mil y cuatro mil nuevos sitios que hablaban sobre la pandemia y solamente una minúscula parte de ellos era considerada ´fake´”. Aunque la mayoría de las noticias falsas, en realidad proviene, no de acciones ex profeso para producirlas en tal condición, sino que se originan en la política y en el periodismo.
En relación a la primera actividad, diferenció que “dentro de la política habrá voces informadas, pero también hay voces negacionistas. Donald Trump, Bolsonaro, encarnan posturas negacionistas, anticiencia, muchas veces antidemocráticas. Y eso también genera un problema de falta de veracidad”. Mientras que en el segundo lugar, señaló que “el segundo gran generador de noticias, si no falsas, como mínimo, no correctas, es el periodismo”.
A la manera gaucha
Finalmente, Riorda enfocó la atención sobre el discurso presidencial encarnado por Alberto Fernández, al adelantar el cronograma de vacunación, el cual luego se fue modificando y que al día de hoy “no se puede creer semejante nivel de yerro”. Lo que de todas formas, no fue simplemente un error de comunicación, sino evidente que “la mirada que falta es la política la mirada esencialmente política”. En cuanto a comunicación de riesgo, Riorda recordó que “es pura probabilidad. Es la ausencia de certezas. Es lo probable. Lo que se recomienda, entonces, es nunca, pero nunca establecer fechas ciertas, que no dependen de uno, sino rangos”.
Luego de ello, al parecer Casa Rosada corrigió esas situaciones de comunicación y en los últimos días “el jefe de Gabinete viene de comunicar parámetros, para referirse a posibles nuevas restricciones”. El beneficio está en que “esos rangos sirven para que la política extienda límites, pero también sirven socialmente para que la ciudadanía se autorregule. Esos rangos funcionan como una especie de semáforos hacia el rojo o hacia el verde según mi conducta o mi inconducta”.
En general, Riorda dividió el desempeño del gobierno nacional que hasta junio del año pasado “transitó del éxito al exitismo”, dada su “actuación temprana, un consenso político multinivel, un consenso técnico bastante bien elaborado y un consenso ciudadano interesante, muy alto”. Aunque esto mismo indujo a que el propio Alberto Fernández “se convirtiera en el propio sistema de comunicación y empezase a dejar de lado una de las recomendaciones más importantes que tiene la gestión de riesgo y es que ese riesgo debe ser cogestionado con muchas voces, no solamente de la política”. Esto último es lo que garantiza varios acuerdos y que éstos “sean sustentables en el tiempo estos consensos de los que hablábamos”.
En cambio, de acuerdo a esta dinámica lo que sucedió fue que el Jefe de Estado “salió a competir con su propio nivel de popularidad”. Por lo cual, Fernández puesto en el rol central de la comunicación “convirtió ese éxito en exitismo, incluso con contradicciones, con exceso de salidas”.
A partir de mediados de año en adelante, “no se horizontalizó la comunicación sino que se verticalizó”, recordó Riorda. Y pronto se dejó en la mesa de luz que se estaba comunicando en medio de una crisis, así que Fernández “intentó mostrar el modelo argentino al mundo como un caso de éxito y dejó de lado la potencia más importante que debiera tener la construcción social del riesgo, que es transformar mi hábito, mi conducta, en un fenómeno cultural, donde sea menos impositivo, menos obligatorio y pase a ser algo mucho más voluntario”.
En el balance de lo hecho en 2020, el consultor sintetizó que “esta etapa tuvo de bueno lo transparente, lo temprano, y tuvo de malo que la crisis, incluso en su tramo final como exitosa, tapó, nubló, la gestión del riesgo”.
En tanto, en el segundo capítulo del manejo de la pandemia –el cual podría considerarse desde agosto hasta diciembre del año pasado- se registró en nuestro país una etapa “en donde la Argentina cruje en perspectiva del consenso, donde se hace presente una de las cuestiones más peligrosas que tiene la gestión de riesgo y es que sea obnubilada o tapada o minimizada o subestimada por muchos sesgos cognitivos. Y el que más destaco es el sesgo de confirmación”.
Con este último concepto, Riorda se refirió al “modo en que me paro frente al riesgo, está atravesado preferentemente por mi perspectiva ideológica, partidaria o política”. Por ejemplo, los votos a Fernández daban  “tres veces más chances de colocarse la Sputnik, llamada vacuna rusa, y haber votado a Macri da tres veces menos”. A partir de este fenómeno, es “donde empieza a romperse el consenso fuertemente, donde la oposición también sale de la perspectiva del consenso, donde se quiebra toda la mirada que tiene que ver con cualquier atisbo de unidad”.
Para finalizar, en el capítulo 3° que va desde los funerales de Diego Maradona hasta la llegada de las vacunas, “es la etapa del relajamiento, donde los gobiernos, hasta la explosión de fiestas clandestinas, habían bajado los brazos e incluso habían silenciado su postura respecto de la gestión de la pandemia”. Un “Qué pasa”, de acá en más, similiar a cuando alguien viene manteniendo una dieta y llegado a un punto se relaja y luego genera “procesos de autocomplacencia”. Es decir, algo más bien personal, casi sin mayor interés por lo social.  
En la entrevista con Radio Nihuil, la última pregunta al especialista fue si se vacunaría con la dosis de Sputnik: “Por supuesto! No soy población de riesgo y, además, he tenido el covid. Pero, cuando me toque, cualquier vacuna que sea aprobada, definitivamente sí”.
NdR, 17 de enero de 2021.