M.R.
De la causa Ciccone a la voladura de la AMIA, el nexo parece estar en el sector de militares retirados que en los 80 saboteó al gobierno de Raúl Alfonsín. De aquellos uniformados con betún para zapatos oscuros en sus rostros, la década posterior los tuvo en el MODIN y muchos de los mismos contactos con la venta de armas y explosivos de uso militar. El caso de Jorge Orlando Pacífico, así lo expone.
El periodista Juan José Salinas recordó este sábado en su blog El Pájaro Rojo, que JOP reaparecería en el siglo XXI cuando en noviembre de 2011 “pocos días después de la victoria de la fórmula compuesta por Cristina Fernández y Amado Boudou, se acercó personalmente a la redacción del diario Clarín para decir que según había escuchado de otros en un bar estando de espaldas y sin verles los rostros (una excusa clásica de quienes vehiculizan «informaciones» aportadas por los servicios de inteligencia) Alejandro Vandenbroele, Nicolás Ciccone y otros habrían incurrido en el delito de lavado de dinero, relacionado con la compra de créditos para levantar la quiebra de Ciccone Calcográfica”. 
La declaración del carapintada ante el juez federal Daniel Rafecas, a diferencia del trotar por los bosques alegado por Luis Majul, consignó que su conocimiento del caso fue este diálogo que pescó en un café y una posterior búsqueda en Google de la empresa The Old Fun y la quiebra de Ciccone Calcográfica. Sin embargo, Pacífico la encuadró velozmente como una operación pantalla de la propia familia Ciccone, junto a algún funcionario del Ejecutivo nacional que algún antojo acercó el nombre del por entonces Vicepresidente, Amado Boudou.
Y aunque parezca increíble, el ex carapintada aseguró que “todo lo dicho podía ser probado a través de internet y de los autos ´Ciccone Calcográfica S.A s/quiebra´, que tramitaba ante el Juzgado Nacional en lo Comercial n° 8, Secretaría n° 15”. En este contexto, Salinas reforzó su presunción que esta declaración de Pacífico en realidad expresó una vendetta “por haberle arruinado a Héctor Magnetto y los bancos el fabuloso negocio de las AFJP”.
Igualmente, El Pájaro Rojo recordó que “Pacífico era camarada del sargento retirado de los saqueados arsenales del Ejército, vinculado al todavía increíblemente fiscal Carlos Stornelli, ex chofer del funcionario kirchnerista Roberto Baratta -estrecho colaborador del ministro Julio De Vido-“ y que en 2018 irrumpió “reconvertido como ´buche´ de la Policía Federal y origen de la sospechosíma causa ´cuadernos´”. Referencia al ex carapintada, sancionado porque sus superiores no toleraron que jugase al “stop” con granadas, el salteño Oscar Centeno.
Cuestión de interés
Autor de varios libros sobre el caso AMIA, en el aniversario 26 de aquella explosión Salinas puntualizó en su artículo que “lo que interesa aquí es que estas denuncias volvieran a poner en primer plano a Pacífico y sus adláteres, que habían estado reunidos en un café de Corrientes y Pasteur, a menos de 250 metros de la AMIA y que habían acudido a ella supuestamente en plan de prestar ayuda”.
Aquel 18 de junio de 1994, a las 9 y media de la mañana, Jorge Orlando Pacífico aseguró ante la justicia federal que investigó este atentado que había estado en otro café. Lo acompañaban aquel día su chofer, Miguel Calvete, actualmente conocido por representar a una cámara de supermercadistas chinos. También junto al ex cabo Miguel Burgos, dado de baja del Ejército por haber adherido al levantamiento en Semana Santa de 1987.
“Pacífico aparecía entre quienes socorrían a las víctimas en tres tomas de video. Pretendió que él, aquellos y algún otro que nunca, que se sepa, fue identificado, habían sido socorristas espontáneos”, recordó Salinas. Y pese a citar textual de su declaración judicial que había ido a “rescatar a las víctimas que se encontraban entre los escombros”, le contrapuso que “sin embargo en dichos videos no aparece ayudando a los heridos sino conversando con un policía, luego sobre una montaña de escombros, y mirando los daños, como evaluándolos”.
La cuasi desmentida que aportase este material audiovisual, derivó en que Pacífico abandonase aquel objetivo humanitario y, en cambio, se asumiera como un experto en “automóviles BMW, y que esperaba encontrarse en ese café con ´el doctor Enrique Rodríguez Day´, apoderado del MODIN, quien estaba interesado en comprar un auto de esa marca alemana que se exhibía allí cerca, sobre la calle Pasteur”. Aunque tal vehículo ya se había vendido y, en realidad, se exhibía un poco más lejos, en calle Juncal.
En cambio, “de las intervenciones telefónicas ordenadas por Galeano pudo deducirse que, Pacífico, Rodríguez Day y Coppe tenían información puntual sobre los autores del atentado”. Al ser procesado por tráfico ilegal de armas, JOP reconoció su participación en una operación para la compra de “un helicóptero marca Bell UH1H amarillo de propiedad de un amigo mío, un oficial retirado de la Fuerza Aérea”.
Mientras que en otro tramo de una conversación –interceptada por la justicia federal en 1995- que mantuvo con Julio Coppe, Pacífico admitió que la referencia a “pan lactal” equivalía a trotyl, mientras que las alusivas a “desodorante en barra” lo hacían al gelamón. Pero “la Cámara Federal, en un fallo muy criticado, iba a excarcelar a los tres, Villarino, Pacífico y Coppe, con el argumento de que Galeano no había podido probar que alguno de ellos hubiera sido el jefe de los otros. Solo que eran socios”.
Un vuelo casi de ficción
El Pájaro Rojo o Salinas, en su atrapante artículo, recordó que “en las imágenes en poder del juzgado puede verse como es cargado en Daihatsu blanca travestida de ambulancia un hombre que viste vaqueros y zapatos con suela tipo tractor. No hay camilla y el hombre es depositado sobre una alfombra de goma. Tiene la pernera derecha ensangrentada casi por completo, como si estuviera herido cerca de la ingle, por donde pasa la arteria femoral. Cuando el hombre termina de ser cargado, baja del vehículo un muchacho corpulento de pelo rapado que viste vaqueros y un pulóver oscuro con peto claro lleno de escudos que sale de la escena. También se ve a una mujer bien arreglada de 35-40 años. Ambos salen de la escena y que quien escribe sepa, nunca fueron identificados”.
Además, repasó que “en la caja del vehículo, junto al herido, está un hombre de no más de treinta años, moreno, de rostro con rasgos afilados. Tiene puestos guantes de látex como un cirujano, lleva vaqueros y sobre su ropa oscura parece haberse colocado apresuradamente -porque no está bien sujeto- un chaleco blanco con una cruz roja. Reclama a los gritos ´una tijera, un cuchillo´, algo para cortar el pantalón del herido. La cámara enfoca a otro hombre que está sobre la calzada, de espaldas, y saca del bolsillo trasero derecho de su vaquero un cortaplumas rojo, tipo suizo, y se lo da”.
Siempre sobre aquel 18 de julio de 1994, repasó que “en ese momento la ´ambulancia´ comienza a retroceder, a desandar el camino. Otro hombre alto y corpulento, un poco obeso, que viste vaqueros y lleva el pelo corto, le abre paso desde la calzada llena de escombros con gestos enérgicos. Al igual que el chofer y el que lleva el peto blanco con la cruz roja, no hay duda de que pertenece a la tripulación del vehículo”.
En su testimonial “el chofer, el cabo minusválido Burgos, le dijo al juez que la camioneta (que se había utilizado en las campañas electorales del Modin) se usaba precisamente para transportar discapacitados. ´Tan pronto como explotó la bomba acudí con la camioneta a socorrer a las víctimas y llevarlas al Clínicas´ ¿A quiénes habían transportado? Burgos dijo que a dos mujeres, a un niño y a un hombre gravemente herido en una pierna”.  
En este punto, Salinas abonó la hipótesis que las dos mujeres pudieran haber sido las mozas del café Kaoba, próximo a la sede de la AMIA, puesto que “ambas dijeron haber sido rescatadas en los primeros momentos después de la explosión por una ´ambulancia´ que, se diría por la prontitud con que llegó, estaba apostada en las inmediaciones”. Mientras que otro elemento a tener en cuenta es el operativo de tránsito previo al estallido, el cual casi vació la otras veces concurrida calle Pasteur. Lo que nadie vio fue el coche-bomba, introducido en la causa que manejó el ex juez Galeano y que sirvió para el encubrimiento.
NdR, 17 de julio de 2020.