#LaPaleoDerecha
F.P.
La barbarie en la política y la economía instalada tras la muerte de Juan Domingo Perón fue sucedida por la barbarie político-económica metida por la fuerza en Balcarce 50, a partir del 24 de marzo de 1976. Como nunca fue popular empobrecer a millones de prójimos, los titiriteros de la gobernanza dictaminaron el reemplazo de la Triple A, la depreciación de los salarios y los tarifazos por un régimen que primero metió miedo y luego ajustes brutales.
Algo de este mix fue alumbrado durante las extensas jornadas del Grupo Azcuénaga, cuyos integrantes profesaban ideas bien garcas y para expresarlas eran asistidos políticamente por el director de “Carta Política”, el periodista y abogado Mariano Grondona. Desde este grupúsculo surgió la iluminación de imponer a José Alfredo Martínez de Hoz como economista en jefe de los milicos del 76, para lo cual tuvieron que hacerlo volver de un safari en Kenia.
“El orejudo” o el temible “Joe” ya venía entrenado en esto de joder a la paisanada, luego de su desempeño en 1956 como Ministro de Economía de la provincia de Salta, durante la dictadura que intentaba promocionarse como Libertadora. Y en años posteriores asesoró a propietarios de ingenios como Blaquier, Patrón Costas y Arrieta, en cuyas plantaciones solía merodear “El Familiar”, ante cualquier obrero medio loquito y con ínfulas de pretender vivir de su salario.
Junto al ´inolvidable´ Joe (Martínez de Hoz), el Grupo Azcuénaga incluyó a un economista tucumano llamado Ricardo “Tablita” Arriazu, venerado en la actualidad por la gestión violeta. Con eso concretó su plan de transferencia neta de riqueza, desde los asalariados directamente hacia los empresarios que solventaban estas tertulias: el abogado Jaime Jaques Perriaux, cuyo estudio estaba en calle Azcuénaga (de la que tomó el nombre para esta cofradía), Grondona, Martínez de Hoz, sus luego Secretarios de Agricultura Mario Cadenas Madariaga y el padre de Máxima de Holanda, Jorge Zorreguieta, además del analista económico del Grupo Macri, Ricardo Zinn -luego asesor de Joe- el intelectual Jorge L. García Venturini y el economista Lorenzo Sigaut, luego sucesor de Martínez de Hoz en el siguiente período dictatorial, y el abogado Horacio García Belsunce.
A mediados de la década del 70, antes del Golpe de Estado, el Grupo Azcuénaga no le hacía asco a ninguna idea, siempre y cuando proviniera de la diestra. Así, sus integrantes mantuvieron diversos encuentros con Jorge Rafael Videla, Albano Harguindeguy, Roberto Viola, Gerardo Díaz Bessone y Alfredo Saint Jean. La Agrupación Chanfaina, en que todos y cada uno terminarían posteriormente procesados y/o condenados por delitos de Lesa Humanidad.
Por esta extensa ristra de argumentos, el Grupo Azcuénaga es lo que explica la denominación de la sanguinaria Dictadura como una acometida cívico-militar. En un trabajo científico publicado en 2012, el investigador Martín Alejandro Vicente concluyó que “el Grupo Azcuénaga fue el principal articulador civil del PRN”, el Proceso de Reorganización Nacional. Para ello, se basó en fundamentación académica, periodística y testimoniales como las del propio Perriaux [NdR: redacción de documentos para la Junta militar] o el de García Belsunce, quien admitió que el plan Martínez de Hoz circuló primero por las tertulias del Azcuénaga.
Tras el safari por Kenia del que el Grupo Azcuénaga ordenó su extracción, el 2 de abril del 76 Martínez de Hoz definió a este período en torno a la idea que “achicar el Estado es agrandar la nación”. Pero en realidad, el Estado le sirvió para inyectar un fuerte período de desindustrialización (quiebre de la sustitución de importados), descocado endeudamiento externo, economía basada en agro y especulación financiera, y alta inflación hacia el final de su gestión. 
A ver el Plan
El Plan Joe consistía en disfrazar este programa liberal ortodoxo, planteado alrededor de la apertura comercial, desregulación financiera, privatizaciones y el achicamiento del Estado. Como heredero de la tradición de la Escuela de Chicago, publicitó que todo era para frenar la inflación, mientras desarticulaba la industria nacional, y sponsoreando la especulación financiera, la "plata dulce" y la deuda externa.
La meta de los dictadores del 76 era el libre mercado, la valorización financiera y la teoría de la "subsidiaridad del Estado", buscando reducirlo a su mínima expresión, al menos en la narrativa para el público. Tenía como fuentes las ideas de Milton Friedman (asesor de Pinochet) Friedrich von Hayek, el padrino de la ´escuela austríaca´. Von Hayek fue el autor de la frase acerca de que, en lo personal, “prefiero una dictadura liberal a un gobierno democrático carente de liberalismo”, como le dijo al diario trasandino El Mercurio, en 1977.
De manera tal, los principales rasgos que definieron este período -además de la carnicería humana encomendada a los uniformados- fueron:
Silla: Eliminación de aranceles y protección a la industria local.
Jódanse: Liberación de precios, tasas de interés, comercio exterior y alquileres.
La contribución Arriazu fue la “tablita”: un cronograma de devaluaciones diarias del peso, que sobrevaloró la moneda local y fomentó la especulación financiera.
De la Argentina potencia a la Argentina Velódromo: Facilitó la entrada de capitales extranjeros y fomentó la "bicicleta financiera".
En 2012, el entonces ministro de la Corte Suprema Raúl Zaffaroni sintetizó en una conferencia en la UBA que “la historia argentina se resume en la puja entre dos modelos de país”. En su perspectiva, la pulseada se dio entre uno “mercantil-portuario contra un productivismo mediterráneo federales contra unitarios o liberales contra un movimiento nacional y popular. Cuando los grupos económicos no pudieron imponer su modelo de país, entraron de lleno en los crímenes de Estado masivos”.
Esta experiencia liberadora y reorganizadora contó con fuerte apoyo estadounidense, vía Fondo Monetario Internacional y desde la propia Casa Blanca. Entre sus principales resultados, el Plan Joe le pasó motosierra a los haberes y de esta forma los trabajadores que explicaban el 43 % del Producto Interno Bruto desbarrancaron al 31 %.
En paralelo, la pobreza aumentó de 4,6 % en 1974 al 21,5 % en 1982, casi al finalizar la Dictadura. Con la Ley Joe de Entidades Financieras, los militares instauraron los capitales de especulación. Martínez de Hoz cuadruplicó la deuda externa del país. Al poner en marcha la “tablita” (devaluación gradual), el sector del agro se desmarcó de sus lineamientos y en contraste se beneficiaron firmas como Loma Negra (grupo Fortabat) y el ingenio Ledesma (grupo Blaquier).
El pillaje se activó en esos años con un simple chusmerío de peluquerías, según el que alguien con acceso a las oficinas castrenses tildaba de “zurdo” a tal o cual rival o persona cuyo patrimonio codiciaba. Tales los casos Graiver (Papel Prensa), Iaccarino o Branca, sólo por citar algunos de empresarios que un buen día amanecieron en la cárcel y sin sus empresas. Además, de los más de 30.000 desaparecidos (50.000 según cálculos más avezados) de quienes en su mayoría jamás se volvió a tener rastros. 
NdR, 23 de marzo de 2026.