A no olvidar el legado Oñativia

- ASUNTOS DE FONDO

A no olvidar el legado Oñativia
A no olvidar el legado Oñativia

En plena guerra de los laboratorios por la vacuna contra el coronavirus reflotó la obra del médico salteño en pos de la soberanía sanitaria. Arturo Oñativia, autor de una ley en la década del 60 combatida con pirotecnia argumental similar a la usada contra una de las vacunas contra COVID-19. El paralelismo con más de medio siglo de por medio que a continuación proponemos revisar.

#Vacuna #Coronavirus #Guerra #Laboratorios

F.P.

El combate desembozado entre las mega compañías farmacéuticas del globo se verificó esta semana en el embarrado de cancha por la obtención del antídoto contra COVID-19. Lo que en territorio albiceleste revivió la obra  y las peripecias para concretarla que encarnó el médico salteño Arturo Oñativia.

Frente a la catarata de falsas noticias e inexactitudes no cabe, sino, pensar que las mismas responden a la presión de laboratorios en contra de la alternativa hallada por el gobierno argentino de un antídoto eficaz, de inoculación con gran practicidad y más barato. Es que la Sputnik V, próxima a llegar la semana que viene en sus primeras 350.000 dosis a nuestro país, implica un costo de u$s 20 (contra u$s 40 la de Pfizer u$s 62 la de Moderna) y cierta accesibilidad en materia logística (conservación a – 20°).

Este cuadro comparativo, sumado a la ductilidad para elaborar la logística de la campaña de inmunización –fundado en un traslado a los centros de vacunación a 20 ° bajo cero-, según especialistas marca la bronca en el mundo de los negocios farmacéuticos. A tal punto que hubo analistas que equipararon este escenario cuasi bélico que se registra en el mundo farmacológico con el planteo hecho en 1964 por aquel galeno salteño, hoy inmortalizado en uno de los principales centros de salud que tiene nuestra provincia.  

La propia Pfizer reconoció el mes pasado que los “desafíos relacionados con la fórmula a temperaturas ultrabajas de su vacuna (- 70 °) y los requerimientos de almacenamiento, distribución y administración” pueden ser un obstáculo. El traslado de este antídoto desde la planta que la produce hasta el lugar de inoculación va a ser una “operación logística descomunal”, admitió en noviembre último el ministro de Sanidad británico, Matt Hancock, a la BBC. A tal punto que las gigantes del rubro logística como UPS, FedEx y DHL, han invertido millones de dólares en la construcción de nuevas instalaciones en sus centros de distribución diseñadas para almacenar miles de dosis de vacunas.

El experto en política internacional Pedro Briegger evaluó este viernes, desde el portal NODAL, sobre la posibilidad  “que detrás de las críticas a la vacuna ´rusa´ haya intereses y presiones de grandes laboratorios y empresas farmacéuticas para eliminar un competidor de fuste pero también, mucha ignorancia”.

En este contexto, la periodista metropolitana Carla Pelliza llamó la atención que “en TN se quejaron de la no llegada de la vacuna, de la llegada de la vacuna y del operativo de vacunación que todavía no empezó. Todo en un minuto. Admirable”. Un negocio millonario en dólares, el cual en el lenguaje de las empresas de comunicación está intermediado por los anunciantes.

El hemisferio de las compañías farmacéuticas es uno de los más poderosos del mundo y  la media docena de las principales firmas afincadas en Estados Unidos concentra un valor de u$s 900.000 millones. “El poder mundial de los laboratorios tumba gobiernos, y así fue como cayó Illia, y como cayó Oñativia por intentarlo”, rememoró el 11 de noviembre último a la agencia NODAL Susana Echegoyen, coordinadora de la Unidad de Farmacoterapéutica del Hospital Posadas.  

La también docente e investigadora de la UBA recordó que las compañías farmacéuticas “hace mucho que ganan fortunas”, aunque de su parte “no hay dinero invertido, nunca, en el desarrollo de una industria nacional que aporte buenos medicamentos, que sean seguros, en pos del bienestar de la humanidad”. 

En contraposición al resguardo receloso de esta poderosa tajada, Echegoyen mencionó que “la producción pública de medicamentos ha tenido y tiene muchos militantes desde hace décadas, y eso sí nos permitiría tener una política sanitaria coherente, segura, sin que estuviera en discusión estos negocios multimillonarios. Es una canallada, pero así es la industria” farmacéutica, concluyó.

Una alternativa que ya había sido planteada hacia 1964 por parte del salteño Arturo Oñativia. El por entonces ministro de Asistencia Social y Salud del gobierno de Arturo Illia fue el impulsor del proyecto de ley que encuadraba a los medicamentos como un bien social al servicio de la Salud Pública y de la sociedad.

De manera tal que la Ley 16.462 y 16.463, llamada ley Oñativia, fijó lineamientos para el control de precios en medicamentos y receta según medicamento genérico, la que fijaba límites para los gastos de publicidad, y a los pagos al exterior en concepto de regalías y de compra de insumos. En aquel momento -otra reminiscencia a las connotaciones que un sector intenta darle a la Sputnik V por estos días- los militares conservadores, los empresarios ligados a intereses extranjeros y medios de prensa calificaron “comunista” a esta norma, la que tendría influencia determinante en el derrocamiento del gobierno de Illia el 28 de junio de 1966. 

NdR, 19 de diciembre de 2020. 

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