#Críticas #JVG #Intendencia #Sepultura
Los tortazos figurados comenzaron a caer con fuerza este fin de semana largo sobre las autoridades de la ciudad esteña de Joaquín V. González. En el sudeste del mapa provincial, una familia  de apellido Martínez, oriunda de Coronel Olleros –distante a pocos kilómetros de esta ciudad cabecera- desplegó un rosario de cuestionamientos al intendente, Juan D. Aguirre, luego de la absoluta desatención en la que se vio obligada a sepultar en la medianoche del sábado pasado a un familiar.
El hombre, fallecido en la capital provincial, víctima de coronavirus, había sido trasladado hasta JVG y al llegar al cementerio se encontraron con una notable espera de más de 3 horas para la breve ceremonia del adiós. Luego de repasar gran parte del árbol genealógico del Jefe comunal, y parte de su gabinete, unos minutos antes de la medianoche se hicieron presentes en el cementerio gonzaleño los encargados de esta sepultura, preparada con las precauciones de bioseguridad para estos casos.
En trajes mayormente blancos, más uno en tono amarillo, los empleados a cargo de esta tarea intentaron explicar sobre el manual de procedimientos para situaciones con fallecidos por coronavirus. Aunque los Martínez pusieron en dudas la auténtica sapiencia de los comisionados a dicha labor, por parte del Ejecutivo municipal.
“No tenían experiencia ni siquiera para vestirse”, relataron a NdR algunos integrantes de la familia Martínez, al notar los bailoteos y los titubeos de los enviados por la comuna a dejar los restos en el túmulo excavado a tal fin. Mucha empatía, en contraste con algo de miedo e inexperiencia desbordante, fue la nota que dejaron entrever los deudos del señor abatido por el virus.
Los parientes del hombre sepultado, además pudieron notar la falta de preparación de este cementerio para recibir más restos de fallecidos por COVID-19. Ante algunos vecinos de JVG, los Martínez al menos se consolaron que sólo hayan sido ellos quienes pasaron por estos momentos de angustia con los inexpertos sepultureros, algunos de los cuáles se encontraban en una situación de cuasi desequilibrio, debido a los previos besuqueos a una botella con “agua de fuego” (como dirían los dirigentes originarios afincados en los alrededores del campo santo).
Los Martínez, oriundos de Coronel Olleros, pidieron que esta situación por la que pasaron en la medianoche del sábado se conozca a través de los medios de prensa. Y frente a tal pedido, no hacemos más que darle curso, desde NdR. Qué así sea. 
NdR, 12 de octubre de 2020.