La nueva provocación en perspectiva

- PARECERES

La nueva provocación en perspectiva
La nueva provocación en perspectiva

El planteo ultra tendiente a que la masculinidad tenga a mano la paternidad optativa no es más que un desafío en un contexto más amplio. La idea es polemizar en el tramo final de la campaña, en torno a aquellos asuntos que tengan la batalla cultura como telón de fondo. De tal manera, extendemos algunas líneas en un intento de análisis de tal situación, a cuatro días de las presidenciales.

#DebateAlRojoVivos

Por: Federico Pérez (*).

La provocación formulada en las últimas horas por la candidata a diputada nacional Lilia Lemoine (La Libertad Avanza) constituye un eslabón más de la batalla cultural, alrededor de los 40 años del retorno de la Democracia. Su moción para la paternidad optativa se inscribe en la faceta agonal de la política, en cuanto a línea estratégica, o sea, en función de ahondar sobre las contradicciones en lugar de atenuarlas.

Vale decir que acude al choque de aquella prédica robertocarlista, con su millón de amigos y su eventual llamado al diálogo a grupos sociales con los más fuertes antagonismos, limítrofes con lo bélico. Un nedflanderismo que tuvo su período de incubación una década atrás, casi al final del gobierno cristinista, al cual se empezó a achacar propensión a la confrontación y darle a ésta posición una connotación negativa.

En este punto, cabe indicar que tanto el diálogo como la confrontación no son más que facetas -según la clásica definición aristotélica- asumidas en los asuntos políticos, en uno u otro instante por parte de un dirigente o sector partidario, de acuerdo a la problemática coyuntural. O sea, nadie es solamente dialoguista o confrontativo para el resto de su carrera, sino que uno u otro no deja de ser un simple rasgo temporal.

El sector ultra eligió perfilarse en toda esta campaña en el papel de inquisidor de cuanta problemática se interpretaba hasta este momento como lo establecido. Así, la arremetida de Lemoine se agrega a los ataques del espacio contra el Papa Francisco, la coparticipación para las provincias, la cifra de desaparecidos, la preservación del medio ambiente y en dirección a la moneda criolla en circulación, entre otros temas.

De modo que la propuesta de los espíritus de porcelana con el fin de “terminar con la grieta” se encontró a un conjunto de dirigentes dispuesto a profundizarla, echarle sal en el medio y hasta un poco de ají locoto. Un poco más lanzados a la carga, luego de contabilizar 7 millones de electores propios en las Primarias de agosto pasado, más unos 10,5 millones que optaron por no ir a votar. Cifra que a lo mejor debería sumarse al millón trescientos mil de votos en blanco y los más de 300 mil de votos nulos. Una mole con alrededor de 20 millones de votantes, de quienes tal vez deba inferirse no hallaron respuestas socioeconómicas por parte de los sucesivos gobiernos que habitaron Balcarce 50, durante las últimas cuatro décadas. O antes, aún, si esta sensación social se extiende hasta la génesis de tal atadura al FMI, iniciada con Videla y Martínez de Hoz en 1976.

Con una lectura posiblemente más analítica, los lugartenientes ultra definieron su planteo estratégico en base a la confrontación, que las demás fuerzas partidarias habían considerado antes cuestión del pasado. Es probable que en función de una motivación puramente utilitaria y, tal vez, con la intención implícita de plantear un plan gubernamental -en caso de cantar victoria el domingo próximo- similar o más regresivo que el de 1976.

En un contexto eventual en que el 40 % hoy negado de los bienes y servicios básicos, sedimentando en las estrecheces e imposibilidades de los últimos cuarenta años (en particular, la de movilidad social ascendente) reemplace el Tik Tok por el Tic Tac. Y tras el barajar y dar de nuevo, finalmente se decida a transformar su propia historia.

(*) NdR, 18 de octubre de 2023.

Este artículo está optimizado para dispositivos móviles.
Leer Versión Completa