#Abril
#Furtwängler #Pañuelo
F.P.
El de abril
sería siempre ambivalente para uno de los genios musicales que dio el Siglo XX,
el alemán Wilhelm Furtwängler. En ese 4° mes del año 1948 daría una serie de
conciertos en Buenos Aires, junto a la Orquesta Estable del Teatro Colón. El “polémico”
Wilhelm, dirían en estos días al cotejar este evento postguerra y el pasado inmediato
del director de orquesta, uno de los 8 o 10 más destacados de todos los tiempos.
Sucedió que
Furtwängler fue de los que se quedó en Alemania, luego que en 1933 lo nombrasen
a Adolf Hitler como Canciller germano y de ahí en más se iniciara una gestión
que en los libros de Educación Cívica se tilda como totalitarismo. El bueno de
Wilhelm ya venía con envión propio, pero los nazis lo adoptaron como figura
emblemática en la construcción de su imperio, junto a Richard Strauss, pese a
que ambos solían intercambiar correspondencia –interceptada por la Gestapo- en
la que se mofaban del régimen.
De todas
maneras, el 19 de abril de 1942 el director había sido “invitado” a dirigir la
orquesta en un acto organizado por el Partido Nacional Socialista, en homenaje
al cumpleaños de Hitler. La interpretación de la 9° Sinfonía de Beethoven es
una de las más excelsas que recuerde la música, dirían luego los especialistas
(y aún se la puede rastrear en Youtube). Quizás aún no superada.
En los 9 años
anteriores, la época de las más grandes tropelías cometidas por las hordas
hitlerianas dentro de Alemania –luego en el resto de Europa, a partir del 39-
había osado interpretar a Félix Mendelssohn y otras composiciones de Paul
Hindemith. Un par de músicos incluidos en las listas negras que elaboraban
jerarcas de esta dictadura, tales como Heinrich Himmler y Josef Goebbels.
En medio de un
maremoto de presiones, Furtwängler tuvo que renunciar a la dirección de la
Opera de Berlin. Hacia 1936 podría haber cambiado definitivamente su suerte, si
se daba una posibilidad cruzando el charco y tal vez recortando su nombre en un
eventual cambio de rumbo que lo hubiera convertido en empresario textil (más
precisamente de la confección de jeans).
Sin embargo, en
la invitación realizada por la Filarmónica de Nueva York, en la que sucedería
nada menos que a Arturo Toscanini, interfirió el Destino. Un nombre que le
pondremos para eludir los manejos de aquel ofidio que fue Goebbels, quien se
reunió con un corresponsal de Associated Press allegado a Hermann Goering, para
filtrarle la “exclusiva” que el director preferiría regresar a su puesto en la
Ópera de Berlin.
Con lo cual,
posiblemente sin saberlo, Furtwängler le dijo adiós a la oportunidad de
emigrar. Esto, debido a que en la Gran Manzana se interpretaba esta opción como
un apoyo incondicional al régimen totalitario alemán.
La presión
internacional y la demanda por su arte, se tradujeron en concesiones del
nazismo, por lo cual le permitían presentarse en eventos oficiales sin efectuar
el saludo hitleriano [Incluso, artistas que lo conocieron íntimamente aseguran
que aborrecía al Nacional Socialismo, mientras que otros le atribuyen haber
formado parte del complot de 1944 liderado por Klaus von Stauffenberg, la
Operación Walkyria].
Vale decir que
los hitleristas receleban de su falsoescuadrismo, pero su prestigio
internacional y la carencia de referentes culturales proyectables fuera de
Alemania balanceaba a su favor. En realidad, eran menos desde que notaron el
tufo mostrenco de los nuevos gobernantes -a cargo del país en el 33- hacia el
prójimo que se les antojaba sobrante para su sistema de gobierno. Sea cual
fuere la causa: racial, cultural, religiosa o de cualquier índole.
De manera tal
que en este lapso se fueron de territorio teutón Bruno Walter, Otto
Klemperer, Erich Kleiber, Fritz Busch, Fritz
Stiedry y Jascha Horenstein. En tanto, los artistas judíos que no
alcanzaron a emigrar o decodificaron en un primer momento que lo de las
svásticas y las runas no era para tanto y habría que esperar el próximo turno
electoral, algunos sobrevivieron luego amparados por Furtwängler.
Hacia fines de
1944, el ministro de Armamento y Producción de Guerra, Albert Speer, se cruzó
con el director en la trastienda de un evento y recibió la pregunta: si Hitler tenía
alguna oportunidad de ganar la guerra. Pero el funcionario nazi le dijo que no
y le aconsejó refugiarse en Suiza de las eventuales persecuciones que
desencadenarían el desfalleciente régimen nazi.
Y algo así fue,
ya que Furtwängler cruzó hasta Suiza poco después de un concierto en Austria con
la Orquesta Filarmónica de Viena el 28 de
enero de 1945. En esta velada le tocó dirigir la orquesta en una versión
de la Sinfonía nº 2 de Brahms que
fue grabada en cinta y es considerada como otra de las actuaciones fenomenales.
Luego de la Segunda Guerra, los registros radiofónicos serían confiscados por
la Unión Soviética, que en 1990 devolvió una copia a la República Federal de
Alemania.
En este
instante, hacemos el rebobinado y volvemos hasta el 19 de abril de 1942. Aquel
día, en el cumpleaños 53 del Führer, la Filarmónica de Berlín bajo la dirección
de Furtwängler cerraría la celebración del aniversario de aquel natalicio. Una
puesta organizada por Goebbels.
“Nunca ha
sonado ni ha vuelto a sonar la «Novena» de Beethoven tan brutal y tan
violenta, como si la ferocidad del
clima bélico se hubiese apoderado por completo de la partitura. Las
percusiones tienen un impacto salvaje, y la orquesta sigue sin desfallecimiento
al director en sus continuas fluctuaciones de tiempos”, diría sobre esta
performance el crítico Stefano Russomanno, en diciembre de 2015 desde las
páginas del diario español ABC.
Al finalizar la
II Guerra, Furtwängler sufriría el escarnio de los aliados que habían iniciado
el proceso de “desnazificación”, por lo cual lo sometieron a una seguidilla
agobiante de interrogatorios, en su mayoría plagados de recriminaciones
políticas, antes que preguntas. Aunque no le pudieron formular cargos para
llevarlo a los tribunales de Nürenmberg.
Gran parte de
estos sucesos históricos fueron recogidos en el estupendo film “Taking Sides”
(acá conocido como “Requiem por un imperio”), dirigido por Itzván Szabó,
protagonizado por Harvey Keitel y Stellan Skärsgard. La película rescata un
corte casi perdido registrado entre la gran cantidad de grabaciones
cinematográficas tomadas por la propaganda nazi. En ella, se ve a Goebbels al
final del concierto del 19/04/1942. Se acerca a saludar al director.
Furtwängler, con cierto desdén resiste el apretón de manos, como su reiteración.
Luego de lo cual se limpia las manos con un pañuelo blanco.
Link Trailer film “Taking Sides”:
https://www.youtube.com/watch?v=SfURytVFKB0
NdR, 16 abril
de 2021.