#DeLaArena #Incompatibilidades
#DelitosComplejos
La causa
Plasmagate tendrá un nuevo giro este miércoles, a las 10 horas, cuando se le
amplíe la imputación al galeno Martín De la Arena por la presunta autoría,
también, del delito de negociaciones incompatibles con el ejercicio de su
función. El médico ya carga con anterioridad achaques penales por el delito de
tentativa de fraude a la administración pública (dos hechos), en concurso real,
en carácter de autor y en perjuicio del Estado Provincial.
El fiscal de la Unidad de Delitos Económicos
Complejos, Leandro Flores, será quien lleve adelante este trámite. En el
decreto, el funcionario hizo un recuento de lo actuado a partir del día 26 de
septiembre pasado y concluyó que cabe ampliarse esta imputación, dado el
carácter que De la Arena ostentaba en la dirección del Centro de
Hemoterapia Regional de nuestra provincia.
En este escenario, el profesional incumplió las normativas que regulan las
incompatibilidades y prohibiciones de los funcionarios designados en cargos
políticos y designaciones con carácter de autoridad superior del Poder
Ejecutivo fuera de
escalafón. De hecho, Flores adicionó a este caso que De la Arena habría superpuesto su rol de socio gerente de
la Empresa HEMOSALTA SRL, entidad habilitada para la realización de servicio
transfusional hospitalario, en la recepción de unidades de hemocomponentes
derivadas desde el organismo público que dirigía (CRH) para la
ejecución del servicio.
Como se
recordará, el Centro de Hemoterapia Regional se creó en 2009; De la Arena fue
designado en julio de 2010 como director del Centro Regional de Hemoterapia y
en abril de 2013, el Ministerio de Salud aprobó el convenio de Suministro de
Sangre Humana y Componentes Sanguíneos con Empresa HEMOSALTA SRL.
Pero contra
toda lógica, el gobierno de Juan Manuel Urtubey lo designó en tal cargo en
diciembre de 2013 y luego fue confirmado en este mismo puesto en 2016. El
Instituto Provincial de la Salud de Salta, en su informe a la Fiscalía a cargo
de Flores confirmó que la empresa Hemosalta S.R.L. es prestadora de esa obra
social y que desde 2002, su titular es De la Arena.
El IPSS adjuntó
a dicho informe el detalle las prestaciones facturadas por la empresa Hemosalta
S.R.L. de 2019 a 2020, con los códigos facturados de prácticas de hemoterapia
(transfusión de plasma, glóbulos rojos, sangre sin leucocitos, plaquetas o
leucocitos y crioprecipitados).
Por lo que el
fiscal de Delitos Económicos Complejos, consideró que se violentó el bien
jurídico protegido, es decir la “administración pública”, y que se
comprobó, prima facie, la existencia de una situación
simultánea de parte y de funcionario, a sabiendas que estaba interviniendo en
un contrato u operación como funcionario público y la voluntad de tomar
intervención en ellos, a la vez, de forma privada.
Un rastro lleva
a Nicaragua
El posible
antecedente del caso salteño por el Plasmagate, tal vez, derive en un hecho
similar que surgió con la dictadura nicaragüense protagonizada por Anastacio
Somoza Debayle: hablamos de Plasmaféresis. El 23 de agosto de 1971, el diario dictatorial La
Gaceta publicó el decreto 190 con la escritura de constitución de la compañía
para extraer (comprar), procesar y exportar la sangre de los nicaragüenses
hacia Estados Unidos.
El objetivo
eran los ciudadanos y ciudadanas, a partir de los 18 años, con un peso por
encima de los 55 kilogramos y que hubiesen pasado un examen médico y pruebas
para descartar enfermedades en el torrente sanguíneo. Previo a la constitución
de esta empresa, el médico Pedro Ramos –traído por renegados cubanos- le dijo
al dictador centroamericano su intención de armar este emprendimiento en este
país, a lo que Somoza replicó que “si era lícito en EEUU, también lo sería en
Nicaragua”.
De tal manera,
la Centroamericana de Plasmaféresis S.A (CAPSA) tuvo como quienes la alumbraron a José Rogelio
Gómez Maribona, Pedro Manuel Ramos Quiroz, Benigno Castro Toirac, todos de
nacionalidad cubana, con un capital accionario del 50 %, lo que les permitía el
control de la empresa. Como socios locales se inscribió a José Rolando
Santamaría McNally y Frank Kelly Tórrez, con 30 % y 20 %, respectivamente.
El laboratorio se
estableció en el kilómetro 4 de la Carretera Norte en el antiguo local de la
desmotadora Los Manguitos y los telares El Porvenir, propiedad de Somoza, en la
carretera norte. Entre sus ejecutivos figuraba Eugenio Dudkiewiez, un “financista”
británico que venía de supervisar los negocios de la familia Somoza (más un
paso por los bancos de Londres y Montreal) y con este pedigree recaló en
Plasmaféresis.
Luego del
asalto de los sandinistas a “La Chanchera”, como le llamaban a la Cámara de
Senadores, “el pueblo en furia incendió varias empresas del dictador”, contaba
Eduardo Galeano en “Memoria del fuego”. Aquel día, “las llamas arrasaron a la
próspera Plasmaféresis, S. A., que exportaba sangre nicaragüense a los Estados
Unidos; y el pueblo juró que no descansará hasta enterrar al vampiro, en algún
lugar más oscuro que la noche, con una estaca clavada en el corazón”.
NdR, 20 de
octubre de 2020.