#Izquierda #Sudamérica #Chile #Región
Por: Marco Enríquez
Ominami (*)
La cantidad de
fuerzas, fracciones, tendencias y liderazgos en este lado luminoso de la fuerza
asegura, al mismo tiempo, que su incapacidad de montar hegemonías, las anclas
consensuales a las que cualquier liderazgo se deberá someter, si lo que
ambiciona –claro- es ganar el poder para transformar su sociedad.
Sin embargo,
esta ventaja se corresponde con un desafío importante: el de la unidad.
¿Cómo lograrla?
Pues propongo que buscando entre nosotros puentes antes que barrancos.
Ahora es más
fácil que hace doce años, porque hoy todas las izquierdas comparten un sentido
común: el de la necesaria y urgente construcción de una sociedad democrática,
que respete irrestrictamente los derechos humanos y el medioambiente, y de un
sistema económico que reconozca y fomente la iniciativa privada, y permita que
el medioambiente, la salud, la educación y las pensiones no estén determinadas
por el mercado.
Esto, que hoy
es la línea de base de nuestros debates en la izquierda, el 2009 era cosa de
díscolos y enajenados. De «marquitos». Y es que la izquierda alcanzó a su
vanguardia en este piso. Pero entonces, qué debe hacer esa vanguardia. Juzgar
moralmente a todas las izquierdas que creyeron en otras promesas, y
perseguirlas como Javert a Jean Valjean. O, es que la izquierda debe darse
también espacios para la redención y el perdón. ¿Pudo la vieja política haber
aprendido algo de la nueva política? De hecho, esta vez, fue la vieja política
la que propuso primarias, y la nueva la que quiso prender la cocina.
Frente a la
rendición de la izquierda de los noventa, admitamos el mérito de la redención
de la izquierda del 2013 y el segundo gobierno de Bachelet. No de toda la
izquierda, tampoco digamos que fue una redención exitosa, pero si, seamos
justos, meritoria. De hecho, buena parte de «la nueva política» participó de
ese gobierno de la Nueva Mayoría.
Y cuidado que,
al mismo tiempo que las viejas izquierdas buscan su redención, la derecha,
hegemónica en su discurso totalitario, ha abandonado ya todas sus pretensiones
democráticas, en su afanosa lucha por perpetuar una sociedad de privilegios
disfrazados de méritos.
Las banderas
son fundamentales, pero hoy deben ser las banderas que nos unen las que se icen
más alto. Roque Dalton decía que los menos fascistas entre los fascistas
también son fascistas. Y por lo mismo, debemos decir que los menos progresistas
entre los progresistas, también son progresistas, y debemos buscarnos y
encontrarnos, todos y todas.
(*) Publicada
en el portal www.marcoenriquezominami.cl
Enríquez
Ominami es fundador del Partido Progresista (Chile).
NdR, 1 de
octubre de 2020.