#CambioDeHabitoComercio
F.P.
A simple vista, pareciera de esas comparaciones del relativismo geográfico que propenden a indicar el alba en regiones alejadas de nuestro punto de vista en el globo terráqueo pero no. Mientras en suelo criollo los connacionales lustran aprecio sobre la divisa estadounidense, en la mayor parte del planeta su utilización asoma declinante.
A tal punto que el ahorro y el comercio internacional exhibieron en estos primeros 40 días del año una tendencia a desplazarse hasta playas más seguras que las de tonalidad esmeralda. De hecho, el bloque BRICS ahondó en el camino desdolarizador en transacciones entre miembros. A tal punto que, según cálculos especializados, hacia 2028 las reservas en oro del BRICS podría superar ampliamente a sus posesiones en bonos del Tesoro gringo.
Es por ello que hasta medios especializados del mundo financiero, no sin preocupación, ratificaron el anticipo de movimientos en bancos centrales de varias naciones que están saliendo del dólar. Casi en lo que va de este siglo, la ponderación de la divisa estadounidense como parámetro de valor se fue desvaneciendo, de ahí los interrogantes para el sistema financiero global.
En comparación con enero de 2025, la pérdida del valor del dólar estadounidense fue del 10 % en comparación con otras monedas, señaló un reciente informe del diario The Economist. Incluso, los papeles de compañías privadas nominadas en euros casi no progresaron en su cotización en este mismo lapso.
A lo que se agregó como obstáculo el programa de aranceles anunciado por la administración trumposa, también desde inicios de 2025. Por ello, coincidieron expertos en esta materia, la desconfianza entre los inversores determinó la huida de títulos del Tesoro estadounidense, como también de acciones y hasta tenencias en esta misma moneda verdosa.
Peor aún, le fue al gobierno actual en Washington con su seguidilla de amenazas comerciales arancelarias y posteriores levantamientos de estas barreras comerciales. Lo que en la mayoría de los casos terminó ahuyentando a los inversionistas globales.
Por ello, The Economist explicó en este informe que “la falta de alternativas al dólar condena a los inversores extranjeros a soportar pérdidas, y debería alertar a los inversores estadounidenses sobre el riesgo de que algún día surja” otra opción para realizar estas colocaciones.
El desbarranque del dólar en la primera parte del año pasado fue la mayor en medio siglo, desde 1973 (crisis de los petrodólares), según la estimación del banco de inversión Morgan Stanley. En tanto, hacia finales de 2026 la divisa estadounidense podría sufrir una depreciación adicional de 10 %, fue la estimación de los expertos de la mencionada banca.
Por su parte, la cadena ABC advirtió que la situación enclenque del dólar podría desembocar en el encarecimiento de los bienes y servicios consumidos por los ciudadanos estadounidenses, así como en mayores erogaciones al realizar viajes y consumo en el extranjero.
En este contexto, la agencia Bloomberg, alertó que la participación del dólar en las reservas de los bancos centrales bajó hasta niveles preocupantes en las dos décadas pasadas. De manera tal, en 2001 la moneda estadounidense representaba el 72,7 % de las reservas mundiales, mientras en 2025 este porcentaje cayó al 56,3 %.
De acuerdo a un análisis de JP Morgan esta situación se da por dos motivos. En primer lugar, debido a la polarización interna estadounidense, la cual derivaría en zarandeos para la gestión actual. En segundo lugar, dado el desplazamiento en la confianza a otras monedas, ya que una divisa “candidata a reserva debe ser percibida como segura y estable, y debe proporcionar una fuente de liquidez suficiente para satisfacer la creciente demanda global", concluyó este fin de semana Alexander Wise, ejecutivo de estrategia a largo plazo del J.P. Morgan.
Lo cual suministra una fuente capaz de explicar el atolondrado manoteo a economías foráneas, ejemplificadas en el reciente “acuerdo comercial” con nuestro país. Un convenio cuyos beneficios sugieren unidireccionalidad en el reparto de dividendos, aunque a ninguna de las partes podría dejar satisfechos a mediano y largo plazo. 
NdR, 8 de febrero e 2026.