#ImplicanciasAcuerdo
F.P.
El simple anuncio del acuerdo comercial con el gobierno trumposo catapultó el entusiasmo yankófilo en nuestros atribulados productores, principalmente en rubros telúricos como el cárnico y el vitivinícola. Lo cual se contrapone a las advertencias efectuadas por el Club de Pájaros de Mal Augurio, alertando sobre lo inconveniente que resultaría decodificar la noticia desde una cosmovisión naïf.
Si bien la cofradía de los feedloteros emitió sonoras felicitaciones y se congratuló con las palabras del canciller Pablo Quirno, deberán mantener paciencia en las gateras hasta dilucidar tal concreción. Idéntica recomendación para bodegueros locales, mayormente sumidos en una crisis muy aguda -en la que inciden hasta factores globales- pero que con facilidad se entregaron a ensoñaciones ligeras como podría ser destronar a Robert Mondavi u otro de los Napa Valley.
Es cierto que cualquier perspectiva de una mejora -aunque más no fuese teórica- supera la actual, en la que el derrumbe del consumo y las objeciones formales en mercados externos propenden a desinflar toda ilusión. Pero no es menos real la voracidad obsesiva con la que la administración trumposa acometió en toda parte del planeta en su intentona de evitar el derrumbe imperial estadounidense.
Un reparo que debiera frenar este envión de optimismo, a lo mejor sea la publicación en inglés del documento para este acuerdo comercial al que Cancillería argentina solamente se limitó a ornamentarlo de comentarios auspiciosos.
Al respecto, la economista Candelaria Botto razonó este fin de semana en su cuenta en X que “el mundo se cierra y Estados Unidos festeja que nos va a poder vender todas estas cosas (que en su mayoría se producen acá o entraban del Mercosur), la pregunta es: ¿Qué festeja Argentina”?
En realidad, en particular el apartado relativo al comercio de carne entre EEUU y nuestro país no emerge tan claramente auspicioso como apresuradamente festejan los feedloteros vernáculos. En cuanto al texto en sí mismo, el economista Hernán Letcher alertó que “el aumento de la cuota de carne de EE.UU. a Argentina quedó por escrito en el acuerdo”, mientras que los envíos de carne desde nuestro país al mercado del norte solamente de palabra.
El director del Centro de Economía Política Argentina, recordó que el canciller Quirno admitió este fin de semana el aumento de “la cuota que Argentina tenía de 20.000 toneladas métricas por año a 100.000 toneladas métricas por año”, producto de “una decisión del gobierno de Estados Unidos directamente que está no comprendida dentro del acuerdo, es un beneficio adicional que Argentina lleva de esta relación estratégica". Hermoso, para los de allá.
En cuanto a la producción vitivinícola, la apertura igualmente le resultaría favorable a los brebajes norteamericanos, cuya competencia es cabeza a cabeza con los elixires galos [NdR: en un mercado internacional en retroceso]. El acuerdo comercial tan festejado por Quirno, al igual que bodegueros locales, en verdad contempla el ingreso de vinos estadounidenses -80.000 litros- sin pagar aranceles.
Mientras, la posibilidad de enviar hacia Nueva York o Los Ángeles las hidromieles vallistas más bien parece un asunto librado a la suerte de cada productor y a los vientos huracanados del mundo que se viene. Es decir, un tráfico comercial global no tan hospitalario para los productos foráneos. 
NdR, 7 de febrero de 2026.