A tal punto,
que el periódico del sur capitalino recordó a MEC como quien en el año 1983
resignó aquel puesto corporativo con el objetivo de hacerse cargo del
Ministerio de Hacienda provincial, durante la gestión del ex Gobernador,
Roberto Romero. En este puesto como funcionario provincial, el diario
mencionado ponderó su “capacidad ejecutiva y su destreza” en cuanto a los asuntos
financieros. Entre una nube de elogios, tras lo cual pareciera una verdadera
proeza que Cantarero haya tenido “apenas” 76 años sobre nuestra tierra.
Concerto nº 3
de Strassburg (Mozart) serviría para un pasaje inigualable, en el que fue
reseñado como alguien que “jamás sintió el poder como un estatus personal sino
como un servicio, por eso quería contribuir a la dinámica creativa de la Salta
de esos años”. Junto con la descripción como un vecino siempre “dispuesto a
tender una mano”, mientras que en el Senado de la nación se lo reconoció como “referente
para los temas económicos y administrativos”.
Sin embargo, no
costará mucho halar quiénes discrepen con esta última parte del recordatorio.
En particular, el diario La Nación que en diciembre de 2.000 retrató a
Cantarero debatiendo a grito pelado con la periodista María Fernanda Villosio,
en medio de un colateral de la causa por coimas en el Senado o escándalo por la
Ley Banelco.
Un obstáculo
llamado Villosio
"La
señorita Villosio miente", resumió la comparecencia del salteño ante el juez
federal Carlos Liporaci; a lo que la joven cronista parlamentaria espetó: “yo dije
la verdad, usted lo sabe. Cumplí con mi trabajo, nada más". El periódico
fundado por Bartolomé Mitre, resumió que el legislador salteño negó haber
confesado alguna vez que recibió dinero a cambio de aprobar la ley laboral, en
contraste con que la periodista ratificó haber oído del propio parlamentario
reconocer que había aceptado parte de la plata que habría circulado en la
Cámara alta.
De manera
coincidente, el por aquel entonces Vicepresidente había renunciado en medio de
una denuncia pública por pago de sobornos para aceitar el paso de un proyecto
de ley de flexibilización laboral. Luego, el diario La Nación publicó una nota
firmada por Villosio, en la que un senador nacional había admitido aquel
soborno, sin dar a conocer el nombre del infidente.
Aunque, luego
de aparecido el artículo, el bloque senadores del PJ (con la propia firma de
Cantarero) se pronunció públicamente con una desmentida al diario. Hasta que el
31 de agosto de 2.000, La Nación resolvió doblar la apuesta y publicó el nombre
de Cantarero, al develar el nombre del parlamentario que supuestamente había
admitido aquel cobro.
Fuera de la
obstaculización de este cañito petiso, instalado en el potrero para malograr la
carrera de los volantes de mayor velocidad, efectivamente, durante los últimos
años Cantarero había tenido graves problemas de salud que lo llevaron a
recluirse de la vida pública. Artífice de Valle Escondido, lugar de
peregrinación de algunos amigos y ciertos dirigentes políticos que mantuvieron
su nexo con Emilio Marcelo. Y le dieron su último adiós este fin de semana.
NdR, 9 de marzo de 2020.