La república bananera aspiracional

Los planteos hacia el verde cambiario contienen un modelo de país alejado de la percepción de millones de argentinos. Lo que a lo mejor explica el intento por llevarlo hasta ese punto, planteado por el sector ultra. Por ello, la necesidad de evaluar lo que implica converger hacia una república bananera, meta detrás del planteo de revertir 80 años de historia política y económica.
Hace 2 años ASUNTOS DE FONDO


#Reversahastaelcuarenta

F.P.

La dolarización como herramienta para terminar con muchos de los males actuales en nuestro país, nos referencia en Ecuador que este domingo irá a elecciones en medio de un clima político violento y situación social de extrema pobreza. La exportación primaria -bananas- sobre la que descansa la economía ecuatoriana, al igual que la divisa estadounidense como moneda de curso legal entre sus pobladores, también.

Y no es que la Argentina tenga como meta enviar plátanos al exterior, sino que en los planes de la derecha más ortodoxa que hay en capilla hacia el 22 de octubre próximo el modelo de república bananera es el que se aprecia con claridad. Si tal objetivo resulta deseable o no, es valoración que dependerá de la cosmovisión que al respecto tengan cada uno de los 35 millones de ciudadanos en condiciones de votar.

Un cacho de historia de por medio, nos suministrará el concepto “república bananera”, un tanto alejado de la idiosincrasia criolla. Esta denominación está ligada a la actividad de la compañía estadounidense United Fruit, que en gran parte del siglo XX inculcó en países de América del Sur y Centroamérica -principalmente en su clase dirigente- la conceptualización de Estados Unidos en el rol de padrino político y económico.

La “libertad” fue el valor reclamado por parte de estos brigadistas, integrados por agentes de inteligencia, periodistas y diplomáticos, y provistos con apoyo financiero, flota mercante y hasta trazados ferroviarios. En lucha contra todo lo que oliera a comunismo, ya fuere simples huelgas en contra de sueldos miserables, salud, educación, hasta elecciones de autoridades retobadas con la UF o con Estados Unidos que solían terminar derrocadas o derrumbadas por misteriosos balazos al azar.

De hecho, hacia mediados de los 40 un conocido por los argentinos e integrante de la United Fruit, Spruille Braden, marcó al cubano Fulgencio Batista, lo apoltronó en el Waldorf Astoria neoyorkino y en una casa en Daytona Beach (Florida) hasta formatearlo. Luego, en el 52 lo devolvió a su Cuba natal en condición de golpista y dictador con mano dura hacia sus paisanos, pero no con los estadunidenses a los que convirtió el país en casino y prostíbulo. Hasta fines de 1959.

Algo similar hizo la United Fruit en la Nicaragua a la que dejó encargado en 1934 a Anastasio Somoza, quien con generosidad implícita, tras su muerte, heredó el poder a sus hijos. Lo mismo que la República Dominicana en la que impuso a Rafael Leónidas Trujillo, en elecciones “limpias” realizadas en 1930. Tan inmaculadas que hasta el binomio opositor conformado por Federico Velásquez Hernández y Ángel Morales retiró su postulación, pese a las habladurías en el vecindario que antes de aquel ´renunciamiento histórico´ habían sido visitados por La 42 [NdR: especie de SS dominicanas, muy propensas a sembrar el terror, a las torturas y a  los balazos al azar].

Bananeras eran las de antaño

Los ejemplos abundan en la América Latina de aquellos años. En junio de 1954, la United Fruit y la CIA conformaron una UTE que actuó bajo el nombre “Operación PBSuccess” y derrocaron a Jacobo Arbenz de la presidencia en Guatemala. El “militar del pueblo” o Perón guatemalteco se proponía modernizar la economía del país, de acuerdo a un modelo liberal y de despegue productivo.

Pero la UF y la “Agencia” le colgaron a don Jacobo el mote de “comunista”, según ellos bien ganado por cometer el sacrilegio de plantear competencia con pequeños productores fruteros a la United Fruit y contra la Mesa de Enlace guatemalteca. Una locura empardada con renegar de Dios, por lo cual le encontraron reemplazo en la figura de Carlos Castillo Armas, un militar formado en  Forth Leavenworth (Kansas), de bigotito hitleriano, pero de encendida rabia hacia los comunistas a los que se propuso perseguir, mediante el terror estatal, mientras los despojaba de pertenencias y bienes, al igual que al resto de los ciudadanos.

Un dato: en el golpe de 1954, Castillo Armas entró a la capital junto a una murga de impresentables llamada Ejército Liberacionista, comandada por John Foster Dulles, accionista de la United Fruit y hermano del director de la CIA, valga la redundancia. Esperaba la orden desde El Salvador, hasta la señal dada por la CIA, luego de plantar armamento con la inscripción del martillo y la hoz, bocado fácil para los diarios estadounidenses.

Un poco más cerca en el mapa sudamericano, en 1948 fue el asesinato del dirigente liberal Jorge Elíécer Gaitán -dirigente de centro y detractor de la UF- lo que dividió a Colombia por casi 80 años. A partir de ahí, hasta con bases estadounidenses dentro de su territorio y una dirección político-económica adscripta a Washington.

El ritual de banana

De manera similar y bajo la tutela de la United Fruit, “la historia económica y social del Ecuador ha estado estrechamente vinculada al destino de la exportación bananera desde hace siete lustros”, resumió en 1987 un trabajo para la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), prologado por su entonces director, Jaime Durán Barba.

Esta tesis señaló que esta fue la “exportación que cambió, en pocos años, el perfil de la economía y la sociedad nacionales”, dijeron los autores de ´El banano en el Ecuador: Transnacionales, Modernización y Subdesarrollo´. ”Sin ernbargo, la combinación de una fuerte demanda de mano de obra y de bajos salarios ha constituido la base del desarrollo del cultivo; además las estructuras sociales que sustentaron su expansión perpetuaron la miseria de la mayor parte de la población rural del país” (*).  

A mediados de los 90, luego de un bochornoso paso por la presidencia de este país del insolvente intelectual Abdalá Bucaram (denominado “el Menem de Guayaquil”) y su asesor económico, Domingo Felipe Cavallo, entronizó al país en la convertibilidad: cuatro sucres por cada dólar. En esta antesala a la dolarización, Bucaram y Cavallo la sazonaron con ajuste, tarifazos de gas, electricidad, agua y boletas telefónicas disparadas hasta precios siderales.

Como un par de incomprendidos, esa maravillosa gestión terminó el 6 de febrero de 1997: 175 días después de haber asumido, en medio de masivos vituperios que no pudieron ser sofocados en el Legislativo ecuatoriano. Pero como un boomerang hacia sus sucesores, la dolarización recién pudo hacerse en 1999 cuando el sucre se había depreciado hasta 25.000 unidades por dólar, la inflación volaba por las nubes, se confiscaron depósitos bancarios a la clase media (corralito) y los ciudadanos huían hacia otras naciones.  

Quimera ecuatoriana

En la antesala electoral ecuatoriana, los consultores cercanos a Domingo Cavallo, al menemismo y al macrismo, instruyen en cuanto a tal proyecto de país. “DOLARIZAR es facilicimo (SIC). Los dólares sobran. Los tiene todos el sector privado. En gran parte escondidos y otra en los bancos”, pontificó este fin de semana Carlos Rodríguez, asesor económico de La Libertad Avanza.

Luego de una sesión por Zoom con técnicos del FMI, el docente de la UCEMA simplificó que con “un par de decretos y desregulaciones y pueden empezar a circular libremente los que son blancos”. En tanto, los que están en negro requerirían de “una Ley de Perdón Popular de Mercado y pueden circular unos 200 mil millones que están en el colchón”, publicó este sábado en la red social X. Tal vez, sin reparar que si los dólares están y en poder de quiénes, tranquilamente se podría convertir esa Ley de Perdón Popular en una de Contribución patriótica.  

En la visión de Rodríguez, “el gran problema no es DOLARIZAR, es DESPESIFICAR. Al cambio de hoy hay unos 40 mil millones de dólares equivalentes  en pesos que nadie quiere y son la causa de la inflación crónica que vivimos. Son pasivos del BCRA mayormente respaldados por las famosas Leliqs que no valen NADA. Hay que rescatar esos pesos y el gobierno no tiene NADA de valor para dar a cambio”, señaló. Según el especialista del mileidismo, el problema se resume en que “no es DOLARIZAR sino DESPESIFICAR”.

Lo problemático fue a la hora de las consultas en esta red social, la ex Twitter. Su colega Diego Graziano le planteó que “Si el 90% de los dolares informales está en manos del 15% de la población. Como haces para que todos ellos traigan sus dólares del exterior para canjearlo por los pesos”?

En la impresión de Rodríguez, “no hace falta. 15 mil ya están. Con que traigan 25 mil más ya tenemos la misma cantidad de dinero que ahora. Sería un poco más del 10% de lo que tienen”.

Este intercambio de conceptos, con vaivenes entre dolarización y despesificación derivó en algo de impaciencia. Una usuaria, despojada de lenguaje académico lo interceptó: “Viejo sos pelotudo las 24 horas o te tomas un descanso? Podes dolarizar solo con Fondos Buitre que nos van a quebrar como país definitivamente”.

Mientras que otro, Keco del Poli, ironizó que “mágicamente la gente va a tener confianza y va a traer los dólares a argentina, esto me suena a la lluvia de inversiones de Macri, que creía que por ser pro mercado caería maná del cielo”. En tanto, el usuario Leuhan, retomando la tesitura anterior replicó: “Vos te pensas que la gente va hacer circular sus ahorros en dólares con ´un par de decretos y desregulaciones,´(…)?

A su turno, el usuario Enzo Sebastián siguió en esta línea, al ironizar: “Es re fácil, sueltan el dólar, se dispara entre 2000 y 5000, cuando se acomode en las nubes ,nos van a dejar con un salario de 25/30 dólares mensuales”. Reflejos de la Argentina propuesta por la archi ortodoxia. Banana en el aire. 

(*) El Banano en el Ecuador: transnacionalización, modernización y subdesarrollo. Carlos Larrea, Malva Espinosa y Paola Sylva Charvet. FLACSO, 1987.

Créditos fotográficos: “Bananas: how the United Fruit shapped the world”, Peter Chapman.

FLACSO.

NdR, 19 de agosto de 2023.