#ComerAArcadas
M.R.
La instrucción acerca de la ingestión capaz de tolerar un ser humano alcanzó este fin de semana en nuestro país niveles subterráneos. No resulta ajeno a todo esto la promoción oficial al faenamiento de carne de burro y de guanaco, con el kilogramo cotizando a una quinta parte de los cortes vacunos promedio.
Para lo cual, la comunicación oficial se agenció algunos sommeliers que ya destacaron las propiedades del asno tal vez para desarrollar la inteligencia humana y otras destrezas mentales. Así como las supuestas virtudes proteínicas del camélido salvaje de la zona precordillerana patagónica, quizás en cuanto al aprendizaje de modales a la hora de sentarse a la mesa.
Recomendaciones a las que las malas gentes encuadraron en el plan de resecamiento de los bolsillos familiares emprendido por Casa Rosada, cuya primera etapa ya se completó con el sobre endeudamiento en los hogares. Un rubro que ya escaló hasta los $ 39 billones, entre la deuda bancaria y la no bancaria ($ 6,9 billones) que ensartaron a millones de connacionales.
De menara tal, casi no queda margen para esquilmar prójimos por medio de impuestazos, naftazos, boletazos y otros sopapos y cuchilladas a las billeteras de la multitud. Por lo tanto, la nueva etapa del mega ajuste debería venir buscando alternativas a la -a ojos mileidianos- manijeada carne vacuna, la cual sería mejor apreciada en naciones de “las Uropas” o en “Gringolandia”, antes que en la mesa de millones de cortados vernáculos.
Por ahora, este buceo oficialista de alternativas cárnicas ha permanecido en este continente. A diferencia de la etapa macrista, cuando en enero de 2019 -en medio de otra crisis de deuda galopante- desde sus páginas Clarín aconsejaba comer tierra, debido a la capacidad de absorber grasa en las partículas de arcilla.
Los asesores en comunicación del gobierno nacional cuentan con algún resto del cual echar mano, aunque parezca increíble. En programas televisivos como “Supervivencia al desnudo”, “Salvajemente famosos” o “Solo contra el mundo”, los participantes en tales envíos echan mano a gusanos, hormigas, serpientes y arbustos silvestres. Aunque en el primero de ellos resultan innegable que los “ganadores” desviven por retornar al mundo civilizado y degustar un jugoso bife de vaca.
Y en estos casos no nos referimos a un corte de buey de Kobe, el ejemplar vacuno de la raza Tajima-ushi de vacuno Wagyū, criados de acuerdo a una estricta tradición de la prefectura de Hyōgo [NdR: es puro macaneo que están alimentadas a cerveza negra]. Cuyos cortes oscilan entre los u$s 400 y los u$s 500 por kilo de este auténtico manjar y que en nuestro país cría el ex ministro de Economía menemista Roque Fernández.
Este ejemplo resulta válido al momento de organizar la estantería, de acuerdo a parámetros de precio, calidad y valor nutritivo. De manera tal, la carne de buey de Kobe se situará en la estantería más alta, la de vaca en la subsiguiente, la de asno en la inferior y la última para la de guanaco. Esto, hablando de animales más o menos comestibles.
En tanto, si la meta es ahondar un poco más abajo en la designación de alimañas y de hierba potencialmente comestibles -o puede que tierra- se podrán hallar las hipótesis más alocadas. Como es el caso de las larvas, las hormigas, las cucarachas, las ratas, víboras y todo otro bicho detectado por el GPS. Pero esto será ya una tarea apta para programas de supervivencia en medio de la selva o de la nada. O es que acaso estamos inmersos en uno de estos reality y aún no nos dimos cuenta? Cuándo exigimos la ´extracción´?
NdR, 17 de abril de 2026.