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La foto que se va armando en torno a la reunificación del PJ nacional tiene como rasgos distintivos a las figuras que abonan esta dirección, como también las que están ausentes. La inclinación hacia el anonimato en esta ocasión, por parte del pejotismo salteño, resulta elocuente del grado de inserción social logrado en los últimos 8 años y del alcance de visión por parte de quienes lo condujeron. 
El reagrupamiento en torno a la gestión nacional es innegable y en tal escenario tienen amplio protagonismo el tucumano Juan Manzur, como también los bonaerenses Juan Zabaleta y Fernando Navarro. Mientras que en provincia de Buenos Aires, la titularidad pejotiana que quedó en manos del diputado nacional Máximo Kirchner, como la de Mariano Recalde en su equivalente metropolitano, son para tener en cuenta.
En tal contexto, la figura del ex titular de Aerolíneas Argentinas al frente del PJ porteño señaliza la vuelta de llave que se le va a dar, luego de la conducción excesivamente contemplativa que hubo por parte de Víctor Santa María –antecesor de Recalde- hacia la gestión de Horacio Rodríguez Larreta. Un espejo en el que, tal vez, resultaría conveniente echarse una ojeada a la tropa que aún revolotea por Zuviría 938.  
Por su parte, el presidente de la Cámara baja nacional, Sergio Massa, optó por mantener al Frente Renovador por fuera del PJ nacional. Seguramente el tigrense irá como aliado de este frente electoral en los llamados electorales venideros, señal a la que debe estar atento el saenzismo no pejotiano.  
En las antípodas, el rionegrino Miguel Pichetto intenta un armado con nombres de relativa visibilidad -más bien por acción de la levadura marketiniana- como Florencio Randazzo, Ramón Puerta, Claudia Rucci y Emilio Monzó. Este último, habitual contertulio de un reciente ex mandatario salteño, según detalló la semana pasada uno de sus principales estrategas. De modo tal que el Partido del Diálogo impulsado por el ex compañero de fórmula de Mauricio Macri integrará esta vecindad ideológica.
Según rememoró este domingo el analista Horacio Verbistky, las iniciativas como la del pichettismo surgieron a mediados de los 50, tras el golpe de Estado que sacó del poder al peronismo. “La novedad es que hoy se intenta desde el interior de una coalición abiertamente reaccionaria y antipopular”, distinguió el columnista principal del portal El Cohete a la Luna.
Allí, dejó en claro que con este último armado el macrismo se dará como misión restarle votos al sector de Alberto Fernández y de Cristina Fernández de Kirchner. Tal como “lo intentaron en 2018, en torno a la mesa de la consultora Management &  Fit, a la cual Pichetto se sentó junto con Sergio Massa, Juan Urtubey y Juan Schiaretti, en lo que llamaron Alternativa Federal”, señaló HV. De tres años hasta acá, los únicos de aquella mesa que permanecen en este camino anti K son el dirigente rionegrino y los gurúes de esa espontánea experiencia de laboratorio. 
Por aquel entonces, cuando el macrismo era oficialismo, de la mano de consultores, panelistas sobre economía y filántropos del periodismo, pretendía proyectar imagen de que al menos tenía cuerda para llegar hasta 2023 en Balcarce 50. Por ello, consiguieron sentar a algunos gobernadores en condición de eventuales convidados como Gustavo Bordet, Juan Manzur y hasta a Mariano Arcioni (¡!). Sin embargo, el análisis del escenario por venir los hizo desistir de continuar por esta carretera con el túnel oscuro, del que al final sólo emerge el reflector de una locomotora.
NdR, 21 de marzo de 2021.