Un desastre que era evitable

El mecanismo general para responder a la pandemia adoleció de lentitud y poco financiamiento, en un contexto internacional en que también se notó la ausencia de liderazgo. Tal fue el adelanto de conclusiones de un comité de expertos que hizo un diagnóstico para la OMS. El trabajo será presentado en detalle en los próximos días.
Hace 5 años ASUNTOS DE FONDO

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La OMS estuvo “lenteja”, faltaron medidas firmes por parte de muchos gobiernos y algunas fallas más, fueron las críticas realizadas por un comité de expertos en cuanto al manejo global de la pandemia. Era “un desastre evitable”, concluyó a mitad de semana un comité de expertos independientes creado por la propia Organización Mundial de la Salud como una especie de auditoría externa.

No hubo coordinación para responder ante pandemias y se contaba con fondos insuficientes. Los alertas adolecían de lentitud y falta de precisión. La OMS no tenía a mano mecanismos eficaces. La reacción profundizó las desigualdades. Hubo ausencia de liderazgo internacional. Lo que derivó en un “desastre mundial” que continúa desarrollándose y, para colmo, era “un desastre evitable”.

Tales conclusiones surgieron luego de ocho meses de trabajo, en que el Panel Independiente de Preparación y Respuesta a la Pandemia presentó este miércoles su informe final. Los puntos centrales serán detallados en la Asamblea de la Salud a finales de mayo. El documento recoge sus conclusiones sobre lo sucedido y sus recomendaciones para poner fin a la pandemia que tiene como saldo provisorio más de tres millones de muertos en todo el mundo.

Los especialistas reiteraron que la meta es aprovechar este diagnóstico a fin de asegurar  que cualquier brote futuro de una enfermedad infecciosa no se convierta otra vez en una pandemia “catastrófica”. En su veredicto, el Comité ratificó que el objetivo es “no más pandemias”, junto a la advertencia que “si no nos tomamos en serio este objetivo, condenaremos al mundo a sucesivas catástrofes”, publicó este miércoles El Diario de España.

En este trabajo, señalaron que “las instituciones actuales, públicas y privadas, no han conseguido proteger a la población de una pandemia devastadora. Si no cambian, no evitarán una en el futuro”. Corolario central que el actual sistema es claramente inadecuado para este cometido.

Integrado por la ex presidenta de Liberia Ellen Johnson Sirleaf y la ex primera ministra de Nueva Zelanda Helen Clark, el grupo de trabajo precisó que el mundo “no estaba preparado y había ignorado las advertencias previas, lo que resultó en un fracaso masivo”. La irrupción de la enfermedad dejó en evidencia que hubo falta de financiamiento de las naciones, como también que la mayoría de los gobiernos carecen de procedimientos eficaces ante estas emergencias.

En particular, el virus de COVID-19, cuyo origen es zoonótico. Por lo tanto, su “aparición era muy probable” que ocurriera y era relativamente fácil detectar dicho patógeno para luego contenerlo. “La aparición de la COVID-19 se caracterizó por una mezcla de acciones tempranas y rápidas, pero también por el retraso, la vacilación y la negación, con el resultado final de que un brote se convirtió en una epidemia y una epidemia se extendió a proporciones pandémicas”, señalaron.

En un informe que se extendió por más de 80 páginas, el comité encuadró que el espíritu “no es asignar culpas, sino más bien comprender lo que ocurrió y lo que podría hacerse de manera diferente”. En tanto que el beneficio será extraer “la sabiduría de la retrospectiva”, dado que la mayoría de “las decisiones tomadas en su momento se hicieron en condiciones de gran incertidumbre”.

El trabajo contrastó que al detectar los primeros sucesos en Wuhan, entre finales de diciembre de 2019 y enero del año pasado, los médicos chinos consignaron los casos atípicos de neumonía. De manera diligente, enviaron muestras de estos análisis y compartieron su preocupación con las autoridades sanitarias.

La OMS tuvo conocimiento del brote el 31 de diciembre de 2019. Un mes después, el 30 de enero de 2020, declaró la emergencia de salud pública de importancia internacional, que es su máximo nivel de alerta, de acuerdo con la legislación internacional.

El grupo cree que el tiempo transcurrido entre esta declaración internacional y los casos que habían sido notificados fue demasiado largo. En tal contexto, es probable que el brote de Wuhan cumpliera los criterios para una emergencia internacional en la primera reunión del 22 de enero. “Los procedimientos formales de notificación y declaración de emergencia previstos en el Reglamento Sanitario Internacional (RSI) fueron demasiado lentos para generar la respuesta rápida y preventiva necesaria para contrarrestar un nuevo patógeno respiratorio de rápida evolución. Se perdió un tiempo valioso”, puntualizaron.

En un anticipo ante la prensa internacional, Helen Clark señaló que la OMS “se vio obstaculizada y no ayudada por las normas y procedimientos sanitarios internacionales”. Lo cual marcó la urgencia por contar con “una OMS con más poder".

Frente a estas situaciones, quedó en claro que el sistema de alerta no permite actuar con rapidez cuando se enfrenta a patógenos respiratorios de este tipo y que el Reglamento Sanitario Internacional, jurídicamente vinculante, es un instrumento “conservador”. Es decir, sirve para “restringir en lugar de facilitar una acción rápida”. Por ello, debe afinarse la definición de un nuevo brote sospechoso con potencial pandémico. También, que “no se aplicó el principio de precaución” a la evidencia temprana al momento que esto era pertinente.

NdR, 12 de mayo de 2021. 


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