#Titanalfondo
Parece una
frase intentada como resumen de la formalización de candidaturas presidenciales
con aspiraciones a presidir nuestro país. Pero no: el director cinematográfico
James Cameron se refiere a otro naufragio cuando dice que él nunca se hubiese “metido
en ese submarino”.
El canadiense
tampoco se refirió con dicha frase a recomendar a los jujeños votar o no a la
administración de Gerardo Morales, a quien denunció por embaucarlo…al propio realizador
de “Titanic”! Y sin percatarse que la compañía OceanGate tiene como accionista
a un inversor argentino, en su mampostería destartalada con el naufragio que
expuso la dimensión de este montaje para timar prójimos.
Así, Cameron
(quien cuenta con estudios en ingeniería) sintetizó este fin de semana que “sospechaba mucho de la
tecnología que estaban usando”, razón por la cual “no me habría metido en ese submarino”. La
conclusión del canadiense, nada tiene que ver con una predisposición o falta de ella, a la hora de emprender una
experiencia riesgosa.
Sobre lo cual
atestigua la treintena de veces que bajó hasta dichas profundidades, amparado
en sus estudios formales en Ciencias Exactas y lecturas sueltas de ingeniería,
en busca de las mejores tomas para la peli “Titanic”. Por eso, tronó como pulgar,
anular y meñique estrellados contra el índice cuando resaltò que la empresa “sabía
que no pasarían” los controles de calidad y seguridad en una entrevista con la
BBC.
A un costo de u$s
250.000 por pasajero, OceanGate publicitó estas excursiones submarinas hasta
los 3.810 metros (profundidad en la que se hallan los restos del Titanic) pero
la nave ya presentaba serios problemas al sumergirse hasta una cuarta parte. Comparable,
más o menos, con enviar un destartalado colectivo urbano salteño en una
expedición a Venus.
Con experiencia
personal en una anterior expedición a profundidades de 10.912 metros, durante
la experiencia de 2012 conocida como expedición Deepsea Challenger, la
comparación de Cameron fue elocuente. Este fin de semana, admitió estar “impresionado
por la similitud del desastre del Titanic en sí, donde al capitán se le
advirtió repetidamente sobre el hielo delante de su barco y, sin embargo,
navegó a toda velocidad hacia un campo de hielo”.
El barco de
1912 al encuentro del iceberg como una metáfora de persistir en dirección hacia
la catástrofe. Una figura retórica que permite ilustrar, en estas horas, muchas
situaciones adicionales, más allá de la catástrofe del Titan y lo pertinaz en
adentrarse en oscuras profundidades.
NdR, 24 de
junio de 2023.