M.R.
Las compras y los
rituales que antecedieron al lunes 20, pusieron a rotar las señales de alarma
epidemiológica por allá y también por acá, si puede servir de algo la moraleja.
La gran concentración humana que se dio en barrios como Palermo y Flores, en
Ciudad de Buenos Aires, colocó la atención sobre la conducta humana ¿Se sabe
que lo registrado en dicha metrópoli puede extrapolarse a nivel global?
Válido también
por acá, donde la discusión se atenúa un poco en torno a si hay circulación-comunitaria-pero-no-aunque-puede-haber,
lo que distancia al oficialismo provincial y al titirromerismo –idéntica probabilidad
a que nuestra ciudad se extinga ante un ataque de gnomos tirando pianos- aunque
la atención no debería decaer.
El hecho es que
el julepe porteño, al notar miles de prójimos deambulando sin barbijos y en un
clima como la previa a la celebración de un Mundial de Fútbol, fue extendido y
catapultó recomendaciones para tomar nota. El biólogo molecular Ernesto Resnik
evaluó que “en medio del crecimiento sostenido de casos COVID, escucho a
Santilli hablar de las grandes mejoras en CABA en ´la caída del R´, los ´más
largos tiempos de duplicación de casos´ y pienso en cómo caemos a veces en
trampas que nosotros mismos creamos”.
El científico
argentino anclado en Minneapolis rememoró que “también caímos en la trampa de
creer que todo lo que el aislamiento debía hacer era mantener los hospitales
sin saturación, y no también cortar las infecciones”. Si se enterase el macaneo
clínico en el que los vecinos bolivianos entraron como los 11 que dirigía
Gustavo Alfaro, con el timo mayúsculo que es el MMS (dióxido de cloro), este
experto seguro se machuca un dedo.
De todas
maneras, puntualizó que “también estamos cayendo en la trampa de creer que ´el
rastreo´ de casos es un mecanismo de prevención”. Por ello, a manera de síntesis,
Resnik señaló: 1) No hay inmunidad de rebaño. 2) No hay cuarentena inteligente.
3) No hay solución mágica. 4) No hay cura milagrosa. 5) Hay virus. 6) Hay
vacuna en el horizonte.
Y si bien “durante
la pandemia aprendimos mucho”, un corolario posible fue que “esto es mucho peor
que lo que creíamos en febrero y comienzos de marzo, que los hospitales puedan
funcionar no es la única solución porque no entendemos la enfermedad y mata aun
con buenos tratamientos”.
ER reseñó que
en materia de hábitos “cambiamos con el tiempo porque conocemos más”. Y lo que
era indiscutible un trimestre atrás, hoy no es tanto, ya que “con testeos
masivos se logra poco, con rastreos se logra menos, con hospitales funcionando
no alcanza. Lo único que tenemos todavía es el evitar los contagios directos,
como sea, aislamiento, distanciamiento, máscaras”. Clarito, cierto?
NdR, 20 de
julio de 2020.