El amor
platónico a esa Argentina anterior al peruquismo aún tiene sus cultores, además
de los fijos como los macristas más puros y en nuestra provincia hasta banca en
la Cámara alta. Según el senador salteño Juan Carlos Romero, el cenagoso fango
en el que se encuentra la provincia y el país deviene de un “problema de
política estructural, nos vamos empobreciendo hace 70 años”.
Cabe hacer
notar que en esta certera como implacable referencia hasta cae otro Romero,
aquel quien fuera Gobernador de Salta entre 1995 y 2007, junto con todo ese
peronismo que supo alumbrar la vela de la gestión de Roberto R (1983-1987). Y
que en 2003 no alcanzó a concretar, de la mano de la candidatura presidencial
de Carlos Menem, lo que reintentase en 2015 con el macrismo: el reflotamiento
del trazado de país vigente en la década de 1930 y primera mitad de los 40.
El tizne que
irradia una lámpara a kerosene nos remonta hasta aquella benemérita nación de
grandes hombres, al estilo de Alberto Barceló. Qué hubiese sido Avellaneda sin
este Don, activando con su sola presencia un besamanos interminable de vecinos
y comerciantes encorvados que agasajaban a los chambelanes, hombres graves y de
bolsillos hospitalarios como cepillo de celebración religiosa. Escena de la
Argentina de los 30.
De aquellos
establecimientos para el faenado de carne vacuna con vistas al mercado
extranjero a los actuales ensueños por la generación ecológica, una misma
fuente para solventarlos. “Si Argentina está en default, nadie nos va a
prestar plata para instalar energías renovables, para obras nuevas ni para nada”,
advirtió este lunes en su cuenta en Twitter el parlamentario gaucho.
De acuerdo a la
opinión de Romero, y posiblemente de todo el romerismo, el subjetivismo
económico debería ser variable a evaluar, dado que el “modelo populista y
estatista tiene mucho resentimiento que no estimula al campo ni a la producción”.
Por esta senda (¿El resentimiento o el populismo?) “la decadencia no tiene
límites” y será “infinita como el universo” y el país siempre “estará en
retroceso, errando el camino” en lugar de rememorar aquella tercera década del
siglo XX.
Una verba
florida, la de JCR, siempre ornamentada por el barroco lingüístico que cuenta
en el detalle del menú los siempre presentes exhortos por “reglas claras” o un
exceso de fijar la vista “a la vuelta del Obelisco”. Está claro que JCR volvió
con todo, lo cual colmará de algazara a quienes suelen festejar por ello.
Crédito
fotográfico: Pablo Kersevan.
NdR, 2 de junio
de 2020.