Por: Federico
Pérez (*).
Cualquier
comprovinciano medianamente avisado acierta al suponer que una excursión a todo
supermercado, en tanto sea eslabón de compañías internacionales, le deparará
precios descontrolados, macaneo financiero y música deplorable. Incluso, una de
las prescripciones más venerables legadas durante la cuarentena como es la
distancia social tiende a desaparecer. Lo mismo que la desinfección consuetudinaria
de las cintas de paso de productos en las cajas registradoras.
Tal vez sea el
efecto de alguna seguidilla de noticias falsas o bien las animaladas
ultraderechistas proferidas por el ocupante de la Casa Blanca, lo que le haya
dado anclaje al preconcepto que el coronavirus es una invención china y eso
lleva a recelar al consumidor, respecto a los supermercados administrados por
orientales. O puede que cierta mala prensa sponsoreada desde la competencia,
más los agasajos con que estas multinacionales (de procedencia estadounidense,
gala o trasandina) predisponen a los encargados de controlar este eslabón de la
cadena mercantil.
Más allá de
estos preconceptos, una década de experiencia como habitual cliente de “los
chinos” (más exactamente el Puma en calle Florida) por parte de quien esto
escribe, servirá como testimonio que los desmorone casi por completo tal
panorama. Justamente la comparación de precios, junto a las recomendaciones del
extinto abogado Marcelo O´Connor, influyeron en la conclusión sobre la
conveniencia de acudir en este tour de compras a los establecimientos
regenteados por ciudadanos orientales.
El ítem de
agregado
Otro tanto
hicieron en esta misma dirección las insoportables “campañas” de donativos a “fundaciones”
ecologistas, o de supuesta ayuda a los homeless (vaya a saber de qué país, lo
que es el nuestro siguen experimentando las mismas penurias que una década
atrás), o a los beneméritos infantes que son aquejados por tal o cual
padecimiento –todos solventados con los vueltos del impávido cliente de estas
cadenas internacionales.
Tal parece que
a los ojos de estos notables filántropos con dinero del prójimo los
requerimientos ambientales, las estrecheces de los que carecen de vivienda
propia y los niños con alguna dolencia crónica, hubiesen sido erradicados. En
lugar de estos grupos, las exigencias ahora están dirigidas –según el exhorto
de las encargadas de cajas- hacia los padeceres de los Pagani que desde Arcor
hoy están dedicados a fabricar, entre otras cosas, jugos en sobre, y en
dirección al emporio cafetero de los marplatenses apellidados Cabrales. Toda
esta subvención, fundada en base a los vueltos del desprevenido consumidor.
Lo anterior
está lejos de pertenecer al territorio de lo contrafactual. Una de las últimas
excursiones protagonizadas por el autor de estas líneas a un establecimiento de
conocida transnacional supermercadista, situada cerca del palacio Legislativo,
nos legó el siguiente diálogo:
Cajera: Son 785.
Cliente: Bien.
Ahí tenés.
Cajera: Un jugo
en sobre por los $ 5.
Cliente: Mejor
te pago con débito.
Cajera: Tendría
que volver a sumar todo.
Cliente: No
tomo jugo.
Cajera: Puede
ser un café.
Cliente. Te
pago con débito.
Cajera: No se
preocupe, acá tiene su vuelto.
Unas líneas que
el lector, por ahí, se recomendaría inconveniente hacerle llegar al
estadounidense Brett Easton Ellis, uno de los grandes maestros de este
subgénero literario. Lo mismo vale para nuestra colega y literato Osvaldo
Aguirre, quien suele desarrollar estos pasajes de una manera deliciosa (aunque
en su caso con la puntillosidad de citar la fuente de cada pasaje o fragmento
que oficia como musa).
Tras el
intercambio
Nótese que tal
situación se suele reproducir a diario y por miles de casos en el momento culminante,
aquel similar al que experimenta un delantero al cabecear por encima del
guardametas, cuando el cliente arriba al embolsado de su selección de bienes y
ya cranea la partida triunfal. Probablemente, luego de algún debate encendido
con el encargado de carnicería, quien se juramente a un tal Sr del Milagro en
favor de la mantecosidad de un corte vacuno, el cual en un 93 % resultará en inminente
visita al odontólogo (y repaso mental del árbol genealógico de aquel promotor).
Quien, a partir
del resguardo personal de sus haberes, designa a los supermercados chinos como
destino de estas visitas sabe de manera fehaciente que no se expone a muchos de
los riesgos, sembrados como en una auténtica jungla en los super de grandes
cadenas arribadas de allende los mares o la cordillera. El capítulo de la
tersura sobre los tejidos vacunos es cuestión variable y peliaguda, hablando de
los chinos, aunque en cuarententa este segmento ofrecido en las cadenas
supermercadistas es cuestión de hondas lamentaciones, un poco por precio y
también por calidad.
El secreto de
los precios en “los chinos” descansa en que cuentan de antemano con un sistema
de alta rotación de productos como fuente de su beneficio, sumado a la poca
permeabilidad de los “armados de góndola” -con productos de oligopolios
ponderados al nivel de la visual del consumidor- contribuye a una verdadera
interacción entre artículos de tal o cual marca. Lo cual desataría la algarabía
en los cultores de la fisiocracia, al percibir que la “competencia” no se
encuentra en extinción, como se creía.
Un corolario
posible
Dentro del
conglomerado correspondiente a la región NOA, la que incluye a Salta, las dos
últimas mediciones oficiales de inflación han determinado que el registro casi duplica
a la media nacional. En particular, motorizada por los saltos producidos en los
precios de Alimentos y Bebidas, los que treparon espectacularmente un 3,2 % en
un mes, entre una generalidad de comprovincianos que apenas perciben mendrugos
como remuneración. Y a estar atentos, ya que en esta travesía cada salteño va
solo.
Cabe suponer,
si no fuese gratuita tal operación, que esta afrenta al poder adquisitivo no
guarda relación con el ultimátum lanzado por el sindicalista Pablo Moyano,
secretario adjunto del gremio de Camioneros. El representante designó en su
diatriba del fin de semana a Jujuy y Salta como los distritos en los que
imponen mayores obstáculos al traslado de cargas, principalmente de los rubros
alimentación, higiene personal e industria farmacéutica. Al límite del
hartazgo, Moyano advirtió que la crispante situación a la que exponen las
disposiciones gubernamentales a los trabajadores del volante podría desembocar
en desabastecimiento.
NdR, 23 de mayo
de 2020.