Cajal Gauffin tendrá la palabra

El caso de la mujer asesinada en enero de 2017 en Vaqueros tendrá en el banquillo al viudo, a quien se le imputó posible encubrimiento y obstrucción de la investigación. Nicolás Cajal Gauffin, ex gerente de Garbarino, espera que esta semana se defina el pedido hecho por los fiscales para la instancia de juicio oral. Al parecer, se acerca el momento bisagra en una causa que estuvo enfriada hasta 2019.
Hace 6 años INCOGNITA SEMANAL

El viudo de Jimena Salas aguarda que la justicia provincial determine la fecha para el juicio oral que se ocupará de dilucidar cómo y por qué fue asesinada, hace tres años en la localidad de Vaqueros. Esta situación es inminente para Nicolás Cajal Gauffin, luego del pedido de este miércoles por los fiscales Ana Inés Salinas y Gustavo Torres Rubelt, realizado al Juzgado de Garantías N° 5.

Ambos integrantes del Ministerio Público fundaron tal solicitud en la gran cantidad de elementos probatorios e indicios logrados en la última fase de la instrucción, cuando a mitad de 2019 se dispuso el deshielo del caso.  De manera tal que esta instancia tendrá a Sergio Horacio Vargas, en calidad de partícipe secundario, del delito de homicidio triplemente calificado por ser cometido con alevosía y ensañamiento y por precio de o promesa remuneratoria; y en contra de Nicolás Federico Cajal Gauffin, como autor responsable del delito de encubrimiento agravado, en perjuicio de la administración de justicia.

Ambos encargados de esta pesquisa puntualizaron los hechos ocurridos desde el 27 de enero de 2017, cuando Cajal Gauffin halló el cuerpo de Jimena Salas. Entre los elementos adjuntados por Salinas y Torres Rubelt, resaltaron la conducta desplegada por el imputado Cajal Gauffin que derivó en obstrucción de la justicia, perpetrada en orden a evitar dar cuenta acerca del origen o naturaleza de bienes imposibles de justificar y que fueran robados por los autores del homicidio de Jimena Salas.

La hipótesis hilvanada por los fiscales Salinas y Torres Rubelt apuntó a que los autores materiales del asesinato contaron con la activa colaboración del imputado Sergio Vargas para perpetrar este delito, lo que se encuadró en grado de probabilidad suficiente. En tanto, establecieron que el coimputado Cajal Gauffin, pese a ser pareja de Salas, habría ocultado información determinante para la investigación de los hechos, direccionándola y condicionando el resultado; todo ello en función de intereses personales, lo que sumado al transcurso del tiempo impidió determinar antes a los autores materiales, sobre los que la investigación continúa.

La alarma y los chips

En relación al viudo de Salas, se recopilaron testimonios, informes médicos y policiales, peritajes informáticos y telefónicos, entre otros elementos probatorios. A poco de ocurrido el homicidio, aquel 27 de enero, Cajal Gauffin se encontraba “sereno, predispuesto y atento a los detalles solicitados, haciendo siempre hincapié en que su concubina (víctima) habría sido atacada por un ladrón”. 

Además, el ex gerente de Garbarino dijo que “los policías le dijeron que lleve a las menores (sus dos hijas, halladas en el baño), al auto para preservar la escena y a él, también le pidieron que se retire de la casa”. Sin embargo, no fue detenido. Uno de los elementos ahora incluidos en la imputación fue el apagado de la alarma del día previo al asesinado de Jimena, junto con las líneas telefónicas adicionales que el viudo utilizaba pero no declaró en aquellas testimoniales.

Por ejemplo, la empresa proveedora del servicio de alarmas confirmó que la de la morada Cajal Gauffin-Salas fue apagada el 26 de enero y restablecida el 30 del mismo mes, sin intervención de los técnicos especializados. El informe ante la justicia especificó que “no existen constancias que funden la falla de comunicación del sistema GPRS en la alarma instalada en el domicilio de la víctima por sabotaje, ni corte de alimentación y no fue posible la falla por equipos de inhibidores de señal en razón que tanto la víctima como la niñera utilizaron sus equipos de telefónica celular encontrándose en el inmueble…por lo que resulta concluyente que la falla de comunicación registrada en fecha 26 de enero de 2017, víspera del homicidio aconteció al desconectar la antena de la misma; que momentos previos al evento de ´falla en comunicación´, Nicolás Cajal se encontraba en el inmueble solo”. 

Por otro lado, Cajal Gauffin ni siquiera mencionó “la existencia de la alarma ni la extraña falla que en la víspera se había registrado, conociendo él la falla producida y su falla en el funcionamiento cuando ocurrieron los sucesos, ya que constan grabaciones registradas por la empresa en las que le comunican que la misma NO estaba funcionando”. Además, varios testigos también señalaron que Cajal Gauffin utilizaba distintos números de teléfono móvil, los que sin embargo no declaró.

Al meter el perro

Otro indicador que llevó a elevar el grado de sospechas sobre Cajal Gauffin fue su explicación en enero de 2017, cuando introdujo la presunta búsqueda de un perro como el dato aleatorio del hecho de sangre. En efecto, el viudo le detalló a un compañero de trabajo en Garbarino que al llegar a su morada en Vaqueros y hallarse con la escena concluyó que “por culpa de ese perro de mierda la mataron a mi mujer”.

En el cotejo de fechas, realizado por ambos fiscales surgió que la conjetura de los dos hombres que buscaban un perro fue datado hacia octubre de 2.109. Sin embargo, Cajal Gauffín le dijo a este compañero de labores sobre “una circunstancia fáctica vinculada al modo de comisión del hecho, la que no fue conocida sino tiempo después y merced a diferentes tareas investigativas, lo que da cuenta que conocía de antemano información de la mecánica del luctuoso suceso”.

Otro de los indicadores determinados por los fiscales Salinas y Torres Rubelt fue el de un maletín que contenía, tal como fue peritado, sustancias narcóticas y/o billetes con denominación fuera del país. Mientras, la caja fuerte que estaba en el mismo placard, “no fue ni siquiera tocada…y a pesar de su fácil acceso y visibilidad, no fue violentada”.

NdR, 11 de marzo de 2020.