Requiem por Cantarero

A su modo y desde una perspectiva singular, el matutino limachino despidió a Emilio Marcelo Cantarero, a quien consideró ciudadano “dinámico y con vocación de futuro”. En efecto, para El Tribuno debe haber sido así, ya que lo reseñó como un ex directivo del Grupo Horizontes S.A., cargo en el holding empresario reservado sólo a los integrantes de la familia Romero. Donde es posible que efectivamente les haya provisto un buen porvenir.
Hace 6 años PARECERES

A tal punto, que el periódico del sur capitalino recordó a MEC como quien en el año 1983 resignó aquel puesto corporativo con el objetivo de hacerse cargo del Ministerio de Hacienda provincial, durante la gestión del ex Gobernador, Roberto Romero. En este puesto como funcionario provincial, el diario mencionado ponderó su “capacidad ejecutiva y su destreza” en cuanto a los asuntos financieros. Entre una nube de elogios, tras lo cual pareciera una verdadera proeza que Cantarero haya tenido “apenas” 76 años sobre nuestra tierra.

Concerto nº 3 de Strassburg (Mozart) serviría para un pasaje inigualable, en el que fue reseñado como alguien que “jamás sintió el poder como un estatus personal sino como un servicio, por eso quería contribuir a la dinámica creativa de la Salta de esos años”. Junto con la descripción como un vecino siempre “dispuesto a tender una mano”, mientras que en el Senado de la nación se lo reconoció como “referente para los temas económicos y administrativos”.

Sin embargo, no costará mucho halar quiénes discrepen con esta última parte del recordatorio. En particular, el diario La Nación que en diciembre de 2.000 retrató a Cantarero debatiendo a grito pelado con la periodista María Fernanda Villosio, en medio de un colateral de la causa por coimas en el Senado o escándalo por la Ley Banelco.

Un obstáculo llamado Villosio

"La señorita Villosio miente", resumió la comparecencia del salteño ante el juez federal Carlos Liporaci; a lo que la joven cronista parlamentaria espetó: “yo dije la verdad, usted lo sabe. Cumplí con mi trabajo, nada más". El periódico fundado por Bartolomé Mitre, resumió que el legislador salteño negó haber confesado alguna vez que recibió dinero a cambio de aprobar la ley laboral, en contraste con que la periodista ratificó haber oído del propio parlamentario reconocer que había aceptado parte de la plata que habría circulado en la Cámara alta.

De manera coincidente, el por aquel entonces Vicepresidente había renunciado en medio de una denuncia pública por pago de sobornos para aceitar el paso de un proyecto de ley de flexibilización laboral. Luego, el diario La Nación publicó una nota firmada por Villosio, en la que un senador nacional había admitido aquel soborno, sin dar a conocer el nombre del infidente.  

Aunque, luego de aparecido el artículo, el bloque senadores del PJ (con la propia firma de Cantarero) se pronunció públicamente con una desmentida al diario. Hasta que el 31 de agosto de 2.000, La Nación resolvió doblar la apuesta y publicó el nombre de Cantarero, al develar el nombre del parlamentario que supuestamente había admitido aquel cobro.

Fuera de la obstaculización de este cañito petiso, instalado en el potrero para malograr la carrera de los volantes de mayor velocidad, efectivamente, durante los últimos años Cantarero había tenido graves problemas de salud que lo llevaron a recluirse de la vida pública. Artífice de Valle Escondido, lugar de peregrinación de algunos amigos y ciertos dirigentes políticos que mantuvieron su nexo con Emilio Marcelo. Y le dieron su último adiós este fin de semana.


NdR, 9 de marzo de 2020.