El olor a
podredumbre con el que periódicamente la planta que procesa –pocos saben para
qué- esta bebida con el nombre de nuestra provincia, volvió a aromatizar la
región citadina colindante con el Hospital Materno Infantil y el Monumento a la
Batalla de Salta. Alto grado de insatisfacción en la muchachada y los infantes,
toda gente de fe, gente de trabajo, quienes padecen los contínuos escapes de
gases y líquidos tan poco confiables como el que después se embotella.
Una muestra más
El incidente
ambiental de este fin de semana, al igual que los anteriores, fue registrado
por uno de los vecinos de las tantas torres de edificios enclavados en los
alrededores de la Cervecería. En esta ocasión, los primeros relevamientos
faltan por darse y cabe suponer que igualmente se habrán producido casos intoxicación
en niños y madres jóvenes, como sucedió en escapes anteriores.
Por ello, los
domiciliados en esta región del macrocentro seguramente redoblarán las exigencias
que la planta se mude al Parque Industrial. Un reclamo que, contra la intención
vecinal, suele despertar inicialmente el interés de algunos ediles, seguido de conciliábulos
en los que se postulan y compulsan números y concluye con la empresa
manufacturera en el mismo lugar desde el que hoy incordia. Y, exceptuando la
versión negra, con la habitual injuria para el mundo del esparcimiento
escabiológico.
Crédito fotográfico; El Tribuno
NdeR, 3 de febrero de 2020