#Comovieneelcuartomes
La curiosa
precisión, casi de relojería suiza, del último informe sobre inflación dado a
conocer este fin de semana por el INDEC hizo proliferar carcajadas, vituperios
y todo aquello que entorna al escepticismo. De todas maneras, la trapisonda
oficial en el organismo no dio nada bajo en el número promedio de 11 % y por
eso suma en apenas los tres primeros meses una inflación acumulada del 56,1 %.
Todo esto a
pesar de la impostación de euforia libertaria ante lo que llaman “la baja”,
aunque en realidad dicha marca contribuye a estrangular aún más las
atormentadas libretas de carnicería y bolsillos de asalariados. La revista
satírica Barcelona ironizó en su titular con el sobretítulo “Metas”, respecto a
que “los aumentos del 200% de electricidad, del 150 % de prepagas y colegios y
del 600 % en gas podrían llevar la inflación al 0,2 % en abril”.
Una expresión
de inverosimilitud frente al discurso del mileidismo, apuntalado por la
estremecedora medición de la consultora Fundación de Investigaciones Económicas
Latinoamericanas. Según FIEL, en Ciudad de Buenos Aires la inflación arrancó en
los primeros días de abril con un 6,2 % de incrementos en los precios de bienes
y servicios.
En la más
reciente edición del periódico Prensa Obrera, Sofía Hart retrató que “entre noviembre 2023 y febrero 2024, el salario
promedio del sector privado registrado (Ripte) perdió 23,9% de su poder de
compra”. Hacia febrero de este año el haber promedio fue de $619.007,05, “por
debajo de la línea de pobreza de dicho mes, calculada en $690.901,57. Más se
han hundido los ingresos de los trabajadores informales”.
Por si lo anterior
no fuese suficiente preocupación, en este último artículo alertaron que es
inminente “un próximo salto cambiario”. El señuelo hacia el sector
agroexportador para liquidar dólares de la cosecha gruesa, en relación inversa
al poder adquisitivo de quienes cobran haberes en moneda criolla.
NdR, 13 de abril de
2024.