La condición estadual

Los tifossi del massismo destacaron su perfil de hombre de estado, como el principal rasgo del candidato presidencial que manejó varios tramos del debate. La importancia y el pedigree de los heraldos que ya propalan lecturas favorables a Sergio Massa. Vistazo a la trastienda del choque de aspirantes al máximo cargo electivo nacional.
Hace 2 años SEMANA POLITICA


#VientosDeDebate

F.P.

El consejo de sobriedad y la meta de no desenfocarse para el domingo que viene es la dinámica imperante en el massismo hacia los próximos seis días. A lo que acompañará el mensaje de un debate dominguero, en el que se clarificó (aunque esta conceptualización no haya sido decodificada tan fácilmente por el público) el rasgo de Sergio Massa como único candidato elegible.

Por más que la conclusión acerca del último debate antes del balotaje se encuentre aún en proceso entre el público masivo, la idea en el neo oficialismo es verbalizar lo anterior como si tal operación ya hubiese finalizado. La medición récord de televidentes sobre el choque Massa/Milei -48 puntos de rating- oficia de indicación en esta dirección.

El corazón de este mensaje fue ofrecido pocas horas atrás por la ristra de dirigentes que integró el auditorio massista y presenció en vivo el debate realizado en la  UBA. O sea, la socialista rosarina Mónica Fein, el diputado nacional peruca disidente Alejandro “Topo” Rodríguez, el “yorugua” Juan Manuel Urtubey y la cordobesista Natalia De la Sota. Por lo cual si hubo zona de jolgorio, una de las principales debe haber sido la RAP o Red de Acción Política, la logia pro estadounidense dirigida por el filántropo Alan Clutterbuck de la que muchos de ellos forman parte.

Ciertamente, el contraste entre un Javier Milei sin determinar con claridad si su rol era el de panelista de programas televisivos o un aspirante a ocupar el sillón de Rivadavia, frente a un Massa más aplomado, contribuyó a dicha idea. Por más que esto no resulte tan evidente a los ojos del paradestinatario, es decir los electores que siguieron el choque por televisión.

De hecho, en base a una mirada más técnica y desde las ciencias políticas el postulante por el oficialismo actuó de manera más eficiente en el plateau montado en la UBA. Con un Javier Milei centrado en contener cualquier desborde suministrado por musas que lo asisten desde su interior, el titular de la cartera de Economía se situó con mayor comodidad en un rol de encauzador de la narrativa y las formas de enunciarla.  

Lo que se logró

Así, consiguió desbarrancar en la pretensión al dirigente ultra sobre la cuestión económica, ya fuese como analista, estudioso o catedrático. Lo cual logró, a través del recuento de la troika de presentaciones por plagio que acarrea el último libro de Milei, sumado a la pregunta -no respondida- acerca de cómo no logró renovar 20 años atrás su rol de becario del Banco Central [NdR: mientras que el interrogante sobre las GDE a lo mejor fue más técnico].

De entrada, el posicionamiento más embromado lo tenía por delante Milei y pudo haberse retirado de la UBA sin lograrlo. Apuntar a la fidelización del tercio del electorado que lo seleccionó en los pasados comicios -13 A y 22 O- y al mismo tiempo apuntar a sectores más amplios era el desafío central.

Si no tuvo éxito en tal consecución, probablemente fue porque al dirigente ultra le costó salir de la unidimensionalidad del papel de disidente, el cual exitosamente desempeñó hasta el segundo domingo de agosto. En cambio, la transmutación en candidato con predisposición al diálogo, ensayada en el último mes quizás no resultó verosímil para gran porción de la ciudadanía.

De hecho, su contrincante en la misma noche del domingo -Massa- alternó invitaciones al diálogo con proposiciones más agresivas. Una virtud que indicaban mediciones recientes [NdR: Ver artículo] y, en definitiva, caracteriza a un político profesional por su prestancia a reunir diversos perfiles en una misma figura. Desde la confrontación a lo ecuménico. Y el resto son tonterías para la gilada.

Este lunes, al citar la idea de acción comunicativa de Jürgen Habermas, el consultor y docente Mario Riorda explicó la noción de “alcanzar un acuerdo aceptable por los participantes”, así caca cual “se comprometa a dar razones suficientes para defender la validez de sus afirmaciones cuando le son requeridas”.

Sin embargo, “el problema es que gran parte del discurso político contemporáneo ignora esta proposición y está orientada a la generación de identidad con un fuerte parecido con la prédica religiosa antes que con un modelo deliberativo. Ello va tornando a la política jerárquica, celosa custodia de una palabra dada o incluso mesiánica, portadora de verdades reveladas” alertó el especialista en su cuenta en X.

Tal vez, excesiva propensión a aplacar toda discrepancia debajo de una máxima cuasi religiosa de consensualismo extremo: “verdades” que no se someten a discusión, sino a riesgo de segregación del escenario político. Si bien el candidato ultra demostró que al menos un tercio del electorado demanda una dirección opuesta, más allá que en esta oportunidad se haya dilapidado tal chance.   

NdR, 13 de noviembre de 2023.

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