#CumpleBluesBoy
M.R.
La mejor de las
actuaciones realizadas por BB King no fue con Norberto “Pappo” Napolitano, si
bien la vez que tocaron juntos en el Madison Square Garden fue antológica. Pero
el golazo al ángulo del morocho oriundo del Mississippi fue el show que en 1973
ofreció a los internos de la prisión de Sing Sing, por ahí cerca, nomás, en New
York.
Para el crítico
Michael Walburton hasta hoy vale la pena escuchar el desempeño de Riley Ben
King pulsando las seis cuerdas y su voz como de licorería alternativa en “How
blue can you get”. Lo que tiende a darle momentos de adrenalina a la platea,
integrada por presos de elevada
peligrosidad y cuya energía confluye en retroalimentación para el músico.
Allí, BB King
despliega aquel “sofisticado estilo de solos basados en fluidas cuerdas estiradas y brillantes vibratos que influirían
prácticamente en todos los guitarristas de blues eléctrico que le siguieron”,
como reseñó a fines del siglo XX Edward Komara. De hecho, a comienzos de los
años 50 se le acercó un flaquito interesado en recibir algunos yeites: así
conoció el Blues Boy a Elvis Presley, en los pubs de Beale Street (Memphis).
Con el tiempo,
serían otros los músicos que lo frecuentarían. Para ello, no era muy complicado
encontrarlo, ya que el guitarrista y cantante era uno de los más dinámicos por
la cantidad de actuaciones realizadas. A tal punto que en la década del 70 se
estima que ofreció entre 250 a 300 conciertos, casi 1 diferente por cada día
del año.
Uno de estos
fue el ya famoso en la prisión de Sing Sing. Allí, se presentó con su Gibson
ES-335, apodada “Lucille”. Lo cual con el tiempo dio el nombre a una de las
líneas fabricadas por Gibson hacia 1990, cuando el músico se había hecho
conocido en todo el mundo.
Por aquel
entonces, grabó algunas canciones con Eric Clapton para el disco “From the craddle”
con el cual el británico le dio continuidad, en 1994, a su fanatismo por los
blues del Mississippi. Pero más que eso, le dio a su colega inglés algunas
pistas adicionales para extraer del cancionero en la región más prolífica del
rithm and blues.
Ya fuese con
Pappo, Elvis o Clapton, el artista es como que hubiese tenido muchas vidas. De
sus años de disc jockey en la estación WDIA no sólo se llevó una amistad
entrañable con T-Bone Walker, sino también el apodo: Blues Boy, luego acortado
a BB.
Tuvo varios
éxitos de ventas en las décadas del 50, también en los 60 y en los años 80. Junto
con las reediciones y nuevas versiones de otros músicos, por los cuales mantuvo
una vida próspera. Pero siempre sobre las tablas tocando y cantando. Hasta que
un 14 de mayo de 2015, tal vez Belcebú
vino a cobrar ese pagaré verbal comprometido en algún cruce de caminos sin asfalto.
O simplemente, un descanso que el Blues Boy se tomó en medio de tantas
actuaciones ofrecidas a lo largo de su extenuante carrera. Hasta que un pibe de
estos días vuelva sobre sus discos, lo reviva y lo redescubra para las
futuras generaciones.
NdR, 16 de
septiembre de 2023.