La curiosidad
del lector tiene su distancia del chusmerío de barrio, pese a la propensión del
mundo digital a confundirlos. Herencia directa de una creación desarrollada por
los militares estadounidenses. “Estamos llenando nuestros periódicos de
no-noticias”, advirtió esta semana la española Marta Peirano.
“Hace años que
los periodistas estamos produciendo más contenido del que nuestros lectores son
capaces de leer. Y esto empezó un poco con el tema del SEO, cuando empezamos a
utilizar nuestros contenidos para buscadores”, le dijo a Página/12 en una nota
publicada este lunes.
Y a
continuación, especificó que “el SEO es un conjunto de estrategias para que tu
noticia, titular o contenido, suba en el ranking de Google”. Es por ello que
Peirano afirma que el gigante informático es el que impone las condiciones a
los periodistas, ya que prescribe “una estructura específica para el titular,
meter unas palabras clave, codificar ese contenido con tags, clasificarlo para
que el buscador pueda encontrarlo, que sea corto, descriptivo, conciso”.
Estos
requisitos, por supuesto que implican una autocrítica entre los periodistas,
dado que “hemos perdido el coraje de decidir cuáles son las noticias”. Esto
empezó a suceder, cuando alguien externo a la redacción de una publicación
periodística “nos diga cómo escribir las noticias, con la promesa de una
audiencia infinita, mucho mayor de la que podemos aspirar a llegar nosotros
solos”.
Una discusión
aparte es si tales visitas son realmente lecturas y de las que efectivamente lo
son, cuál el nivel de aprehensión de los conceptos que se lleva el lector;
además de lo que se pueda inflar tal número por medio de robots o bots, o bien
mediante el uso de cuentas al estilo troll.
La autora del
libro sobre esta problemática “El enemigo conoce el sistema” se ha pronunciado
en tono crítico a la producción de noticias por cantidad. El formateo que
Google impone al periodismo actual deriva en que haya “cada vez menos tiempo a
la investigación, porque no puedes producir 150 noticias al día en lugar de 90
sin perder recursos, y preocupándonos por cuánta gente nos lee en Twitter o en
Facebook”. Ya sean lectores reales o los ya mencionados bots.
El compadreo en
reemplazo del tratamiento noticioso implica que hay una alta incidencia de la
imprecisión (“Se supone que”, “Ahora dicen que”, “Habría una bomba en tal lugar”,
tantas veces visto en algunos titulares) y macaneo al por mayor, los que
atentan contra el abordaje que debería apuntar a la exactitud y hecha con
profesionalismo. Lo que a su vez, explique lo relativo de contar con la
formación académica específica para este trabajo periodístico.
“Hacemos cosas
como publicar titulares sin contenido, porque Google te premia por eso”, dijo
la estudiosa española al diario porteño. “Un sistema que te premia por publicar
un titular sin contenido, ¿Qué clase de sistema es?”, dejó como interrogante.
Unos años
atrás, puntualizó Peirano “producíamos entre 70 y 90 noticias al día. Ahora
estamos publicando entre 150 y 200. A veces hasta 300, cuando es fin de semana”,
lo que para mayor claridad consideró como “un disparate”. La explicación es
mucho más sencilla, ya que “nadie es capaz de leerse 300 noticias al día, ni el
director del medio”.
La obsesión
actual por contar con popularidad en las redes sociales deriva en que los periodistas
“estamos generando contenidos cada vez más cortos, cosas como alargar noticias
de manera completamente artificial, hacer de un acontecimiento siete noticias”.
En tal escenario “no estamos haciendo nuestro trabajo. Estamos trabajando para
Google, porque el lector no puede leer tanta cantidad de noticias al día, y
peor aún, hemos perdido el coraje de decidir cuáles son las noticias, cuáles
son apropiadas para nuestro lector”.
NdeR, 25 de
noviembre de 2019.