#Discazosenbatea
M.R.
El bajista Tony
Franklin comenzó el lunes preguntando si alguien recordaba la primera vez que
oyó el material de la banda de culto Blue Murder. Y tras esta consulta en
Twitter se le llenó el buzón con las más diversas respuestas que permitieron
inferir dos cosas: la poca promoción del primer álbum del grupo y la alta estimación
acerca de su calidad artística.
Un 24 de abril
de 1988, el conjunto integrado por Franklin, el baterista Carmine Appice y el
guitarrista John Sykes editaba por Geffen Records el disco “Blue Murder”. Con el
mismo nombre de la banda, el trío se disponía a transitar caminos muy distintos
a los que el sello discográfico esperaba como continuación de “1987”, el
trabajo del año anterior de Whitesnake que integraba un 80 % con composiciones
de Sykes.
La misma previa
a su ingreso en estudios había conseguido atención, por parte del periodismo
especializado en el rock, dada la convocatoria original al cantante Ray Gillen y
al baterista Cozzy Powell. Sin embargo, la química interna y otros proyectos se
interpusieron, por lo cual Sykes finalmente contactó a Franklin (quien venia de
The Firm, donde había trabajado con Jimmy Page y Paul Rodgers) y al legendario
Carmine Appice (ex King Cobra y Vanilla Fudge o Beck, Bogert & Appice,
entre otros).
Con el impulso
de Franklin, con su particular técnica en el bajo, y de Appice, más el hábito
de Sykes en cuanto a no repetirse Blue Murder desplegó un repertorio de
canciones mucho más experimentales. O sea, nada que ver con los temas con que
el año anterior habían llevado a Whitesnake a la cima del éxito, principalmente
en EEUU, como nunca antes había conseguido [NdR: Sykes fue separado de manera
muy descortés, por parte de Coverdale, quien alegó para ello directivas de
Geffen].
El hecho es que
BM descolocó a quienes esperaban por más dosis del 87, con canciones recostadas
en algunos toques sinfónicos. Ejemplos de ello se pueden hallar en “Valley of the kings”, “Riot” o “Sex child” en los que hay un gran
despliegue de Franklin, los tozudos y precisos golpes de Carmine, más la
originalidad y destreza características de Sykes.
A propósito,
NdR consultó a Tony Franklin si había tocado bajo y teclados en el primer álbum
de BM. A lo que el artista nos respondió: “Just bass with Blue Murder. Nik
Green played keys”. Honestidad que
agradecemos y resaltamos, ya que en la edición del disco no se consignó este
aporte de Nik Green en teclados.
Mientras, en “Jelly
Roll” había una típica melodía del folk estadounidense con acústica sobre una
base de batería electrónica y posterior explosión guitarrística y la del bajo
de Tony. Y con “Out of love”, los Blue M se mandan un lentazo por trayectos extranjeros
a las canciones melosas. El intermedio en “Sex Child” y el comienzo de “Black
Hearted woman”, tal vez fueron la única reminiscencia a “1987”. Y Sykes no del
todo convencido del rol de sex symbol que la discográfica pretendía asignarle
en su objetivo de mejorar las ventas del primer álbum, luego de teñirlo de
rubio platinado para los videoclips.
En estos días,
son varias las señales que Blue Murder podría reunirse y volver al ruedo con John
Sykes, Franklin y Appice. El astro de
los parches consideró que es “dilapidar el talento” lo que hace John Sykes, a
quien le cuesta convencer de “salir de su casa”, con el fin de grabar e ir por
actuaciones en vivo. Si lo logra esta
vez, habrá material y gira del trío en superbanda.
NdR, 24 de abril de 2023.