Con los dientes al aire

El carácter totalitario que asumió el régimen emergido del Golpe de Estado en Bolivia se expresó en toda su dimensión y lo hizo por escrito. Un decreto de la autoadjudicada mandataria de facto puso a esta nación bajo el control de los militares. Además, se atribuyó roles parlamentarios y judiciales.
Hace 6 años PARECERES

F.P. (*). 

La dictadura instalada en Bolivia, tras el golpe de Estado contra Evo Morales, dejó por escrito toda su ferocidad. Como para que nadie de los dubitativos que aún cunden en nuestro país, particularmente en los medios de prensa metropolitanos, mantenga sus dudas en relación al régimen antidemocrático que se instaló en la nación vecina.

Con la firma de Jeanine Áñez Chávez, quien se autoadjudicó el rol de mandataria de facto, la dictadora puso al país bajo el control de las Fuerzas Armadas que ayer masacraron ciudadanos en Cochabamba y se arrogó la suma del poder público. Es decir, el Poder Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, bajo el control de una misma persona. Algo pocas veces visto, excepto en casos como aquellos regímenes totalitarios como los de los Somoza y Trujillo, en la Centroamérica de los años 40 y 50.

Además de Añez, firmó esta disposición golpista la vocera del régimen, Roxana Lizárraga Vega. La encargada del área de Comunicación del gobierno totalitario es la misma que al final de semana le marcó tiempos y contenidos en las “entrevistas” que mantuvo con Radio La Red y Radio Con Vos. En sendos “diálogos” con Mauro Viale y Ernesto Tenembaum, Lizárraga advirtió que la única versión sobre lo que está ocurriendo en Bolivia es la que contribuya al ideario golpista.

“La palabra oficial del gobierno de Bolivia es que tus amigos (NdeR: periodistas evacuados por seguridad de la cobertura desde la embajada argentina) no están siendo sacados del país ni perseguidos”, además que “la información que están manejando es falsa”, se dio el lujo de advertir Lizárraga en esta salida con Tenembaum. Tanto el conductor antes mencionado como Viale, ni siquiera alcanzaron a rebatir la pertinacia con la que la vocera del bando totalitario insistió que los reporteros argentinos no habían sido amenazados.  

En cuanto al Decreto en sí, de una ilegalidad manifiesta pocas veces vista, Añez y Lizárraga ordenaron a “todas las instituciones e instituciones públicas y privadas del Estado (…) prestar apoyo a las Fuerzas Militares y Policiales”. Es decir, toda la nación bajo el control de los uniformados.

Además, anticipó que no habrá reclamos legales futuros a los policías y militares que asesinen ciudadanos, como fue en el caso de la masacre dispuesta por uniformados este viernes en Cochabamba. Con los ocho asesinatos de ciudadanos, luego de esta jornada de protesta, ya suman 15 los muertos en el vecino país desde que irrumpió el totalitarismo.

Este sábado, el periodista especializado Emanuel Respighi planteó en Página/12 que “la cobertura periodística sobre el golpe de Estado en Bolivia desmitificó aquella extendida -y cuestionable- idea de que ´una imagen vale más que mil palabras´”. En su columna, el colega reseñó sobre esta “disociación entre lo que narraron los cronistas de los medios argentinos desde el lugar de los hechos, lo que mostraban las imágenes registradas por los enviados especiales, y lo que expresaban los conductores desde los estudios y se alcanzaba a leer en los zócalos escritos con pretensión de verdad, se expuso con tanta brutalidad”. Términos bastante elegantes para retratar la hospitalidad con que varios medios de nuestro país informaron sobre el carácter ultraderechista que asumió el régimen de facto boliviano.

(*) NdeR, 15 de noviembre de 2019.