Un teatro de la barbarie

El genoma verdeoliva que sigue instalado en amplios sectores de nuestra sociedad puso a prueba su vigencia con el golpe de Estado en Bolivia. Proyecciones de lo que sucederá cuando arribe a nuestro país una administración que no resulte de su agrado. Preparativos en la dirigencia política y áreas afines del pensamiento.
Hace 6 años ASUNTOS DE FONDO

F.P. (*).

La cacería de ciudadanos que esta madrugada hicieron oficiales golpistas en El Alto, es elocuente de la amenaza a las democracias, no sólo en Bolivia, sino también se extiende a toda la región. En esa zona naranja estará enmarcada la asunción del nuevo gobierno en la Argentina, el cual suceda a la deplorable gestión de Mauricio Macri.

Incluso, su ex Ministra de Relaciones Exteriores, Susana Malcorra, dijo este martes que "en Bolivia hubo un golpe de Estado, no es una cuestión debatible". Sobre la insistencia  con la que actuó el gobierno argentino en sentido contrario, la ex canciller dijo que "Macri y Faurie hicieron una lectura a través de un filtro ideológico. El golpe de Estado es golpe de Estado sin importar de dónde venga", le dijo a la emisora Futurock.  

Estas anteojeras sobre lo que merece existir y lo que no, definidos por Malcorra, no son privativos del gabinete nacional. Por el contrario, se encuentran fuertemente instalados en diferentes capas de nuestra sociedad, cuya hospitalidad alcanza aún a ideas aberrantes como las que provienen de ciudadanos mutilados por enarbolar el estandarte whipala. En particular, entre dirigentes políticos de diferentes rangos y muchos periodistas.

Hacia esta programación ideológica dirigieron sus respectivos análisis politólogos de los más relevantes con que cuenta nuestro país, incluyendo a los dos más destacados. Atilio Borón aconsejó  “estudiar los manuales publicados por diversas agencias de EEUU y sus voceros disfrazados de académicos o periodistas para poder percibir a tiempo las señales de la ofensiva”. Casi una descripción de FOPEA, entidad que no sufre la menor afectación o sonrojo al publicitar sus conferencias con el auspicio de la embajada norteamericana o su par británica, como sucedió en la última conferencia de noviembre de 2018 (en la que disertó el espía Marcelo D´Alessio!).  

Es más, Borón describió que “esos escritos invariablemente resaltan la necesidad de destrozar la reputación del líder popular, lo que en la jerga especializada se llama asesinato del personaje (´character assasination´) calificándolo de ladrón, corrupto, dictador o ignorante”. Para mayor claridad: “esta es la tarea confiada a comunicadores sociales, autoproclamados como ´periodistas independientes´, que a favor de su control cuasimonopólico de los medios taladran el cerebro de la población con tales difamaciones, acompañadas, en el caso que nos ocupa, por mensajes de odio dirigidos en contra de los pueblos originarios y los pobres en general”.

Junto a ello, el analista internacional articuló su advertencia a partir que “cumplido lo anterior llega el turno de la dirigencia política y las elites económicas reclamando ´un cambio´, poner fin a ´la dictadura´”, con los que estigmatizan a toda administración contraria a sus preferencias. A lo mejor podría haberse referido a la Red de Acción Política,  la RAP. Y que, según recordó Borón, en Bolivia se materializó en los últimos días con “hordas fascistas saqueando, incendiando, encadenando periodistas a un poste, rapando a una mujer alcalde y pintándola de rojo y destruyendo las actas de la pasada elección”. Cuando un proyecto no llega a captar popularidad suficiente es reemplazado por la barbarie medieval.

El otro de los analistas, catedrático de la Universidad Di Tella, afirmó que “la cuestión militar ha regresado en América Latina para quedarse y, eventualmente, consolidarse”, dijo Juan Gabriel Tokatlián. Ambos en el diario Página/12. Y para quienes mantienen su incredulidad al respecto, ratificó que “el recurso al golpismo constituyen manifestaciones concretas de lo que denomino la cuestión militar”.

De acuerdo a lo expuesto por Tokatlián al “neogolpismo lo encabezan más abiertamente los civiles y cuentan con el respaldo tácito (pasivo) o la complicidad explícita (activa) de las fuerzas armadas, pretende violar la constitución del Estado de modo menos ostensible, intenta preservar una semblanza institucional mínima”. Y en dirección a la gestión naciente de Alberto Fernández, el catedrático evaluó que “el gobierno entrante debe estar atento a esta tendencia para actuar en consecuencia”.

Por mucho menos que esto, las entidades periodísticas de nuestro país hubiesen puesto el grito en el cielo, en cambio la censura impuesta en medios estatales (Télam, Televisión Pública y Radio Nacional) por parte del macrismo. Sebastián Fernández, un pensador de nuestros tiempos, resumió este martes que “nuestra derecha, siempre proclive a definirse como pragmática, no define el gobierno de Evo por sus resultados económicos sino por sus intenciones satánicas. No salgo de mi asombro”.

En la víspera, la casa del depuesto vicepresidente boliviano, Álvaro García Linera, fue saqueada. La turba de ultraderecha se ensañó, en particular, con su biblioteca, una de las más generosas del continente. Reducida a cenizas, igual que en la Alemania nazi, lo mismo que en la última dictadura cívico-militar en nuestro país. 

Pero frente a esto, las comunidades rurales salieron a las calles en las principales ciudades con el fin de resistir la barbarie de ultraderecha. En la mente tienen la espantosa gestión del anterior cliente de Jaime Durán Barba, el ex mandatario Gonzalo Sánchez de Lozada. En 2003, tras ser derrocado por manifestaciones populares que signaron el final de su pésimo gobierno en cuanto a baja en los salarios, huyó de Bolivia con 100 valijas repletas de dólares. Su vice era Carlos Mesa, el contendiente derrotado el pasado 20 de octubre, uno de los impulsores del golpe.

(*) NdeR, 12 de noviembre de 2019.   


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