#Mediosiglodevigenciamusical
M. Rocamora.
En pocas
semanas más, un puñado de discos que probablemente cambiaron la escena del
rock, el pop y la música progresiva, estarán celebrando media centuria. Los
trabajos aparecidos entre marzo y mayo de 1973 remiten a bandas que a partir de
las respectivas publicaciones agigantarían su predicamento en los jóvenes y
semiadultos en todo el mundo.
La
restauración del rock al catastro de lo alternativo –dada la propensión de
plataformas a fatigar la promoción de géneros más de laboratorio sónico- tendrá
a un álbum pionero en eso de ir más allá, en forzar los límites de lo hasta
entonces conocido. Cuando hablamos al respecto, nos referimos al discazo “Dark
side of the moon” de los británicos Pink Floyd, aparecido el 1 de marzo de
1973.
Justamente,
la agrupación liderada por Roger Waters y David Gilmour insinuaba cinco décadas
atrás un aterrizaje en terruños desconocidos. Desde la propia tapa que les
había diseñado el estudio Hipgnosis [NdR: el cual también trabajó para Led
Zeppelin) a pedido de Rick Wright con el prisma proyectando colores en medio
del espacio, el “viaje” floydiano a superficie selenita obtuvo un prodigio
pocas veces visto: tanto los que consideraban demasiado intelectuales las
letras de Waters como los que centraban su disfrute en letra y música se
declararon satisfechos. Al día mantiene reputación como de los discos más importantes
de la historia de la música y uno de los más vendidos.
A lo mejor
sea el método de trabajo de los Floyd el que posibilitó alumbrar esta auténtica
obra de arte musical. Combinando la dinámica de banda sinfónica, aunque también
metida a innovar en técnicas de avanzada. En ello radica la explicación de
convocar a los verdaderamente talentosos para realizar su aporte a “Dark side...”,
lo que se deschava al notar que uno de los ingenieros de sonido fue Alan
Parsons y el aporte de la cantante y compositora Clare Torry. Joxita!
27 días
después de este trabajo, Atlantic Records lanzaba a nivel internacional “Houses
of the holy” de Led Zeppelin. La impactante portada, otro del estudio creativo
Hipgnosis, mostraba a un grupo de niños escalando la Calzada del Gigante, en
Irlanda, ilustración que luego sería censurada.
En lo
musical, el concepto de vanguardia que proponían Jimmy Page, Robert Plant, John
Paul Jones y John Bonham era mucho más movediza en lo creativo, comparada con
trabajos anteriores de la banda. En el cincuentenario del trabajo aparecido el
28 de marzo del 73, Zepp merodeaba por el funk, el reggae, el folk, el rock y
lo sinfónico (baste oir “No quarter”). En
otro álbum que al comienzo retobó a los seguidores, pero luego fue ampliamente
aceptado.
Por su lado,
un 13 de abril de aquel mismo año David Bowie irrumpía con “Aladdin Sane”. En
este álbum, el Duque Blanco coquetea con el glam, el jazz y hasta la música de
los cabarets, en lo que muchos consideraron una continuación de la época
anterior con Ziggy Stardust.
Mientras,
desde la tapa del disco –obra del fotógrafo Brian Duffy- Bowie aparecía maquillado
con un rayo azul y rojo en una parte de su rostro. Una foto que permaneció como
remanente y de las que más se asociaron a Bowie, a partir de los 70, junto a
composiciones como “The prettiest star”, “Time” o “Aladdin Sane”.
Finalmente,
en aquella añada 73 también habría lugar para un aporte más, a cargo del
legendario Elton John. Era el momento de “Goodbye yellow brick road”, el que
muchos solicitan hasta hoy en día que el británico despliega su gira despedida
de la actividad musical. Al menos en vivo.
Elton se
inspiró en sus recuerdos de infancia y en algunas películas de Hollywood. Con
todo, se las arregló para meter 17 temas (“Goodbye yellow brick road”, “Bennie
and the Jets”, “Sweet paint lady” y “Candle in the wind”) que deleitaron a sus
fanáticos y le dieron éxito descomunal en ventas. Con lo que completamos en
esta descripción-catálogo gemas con medio siglo de añejamiento que adoptaron un
gustito más atractivo con el paso del tiempo.
NdR, 29 de enero de 2023.