Terraplanismo a la vista

Los contornos y el continente de lo político, nuevamente a discusión en los foros locales propensos a tal evaluación. Reductos en los que cuela su cola una fracción con intenciones de reglar la actividad de las restantes. Sin embargo, el resultado no siempre es el que se aguarda en las mesas que diseñan dichas movidas.
Hace 4 años ASUNTOS DE FONDO

#Lineamientosdelanopolitica #Avivadasyreflexiones

Los temas permitidos y los inhabilitados para su abordaje desde la política constituyen definición que presupone una toma de posición, en sí misma. Por lo tanto, es política. Solamente los incautos mantienen su propensión a caer en este contorno teorizado desde el terraplanismo, también presente en la escena salteña, que mantiene su intención de influir sobre público y dirigencia, desde una clara posición política.

Estas variantes con fuerte halo a mercadería de contrabando, de las que nuestro distrito no está exento, son las que se apreciaron en la reciente discusión parlamentaria sobre el déficit de Salud que aqueja al nordeste salteño. En tanto trazado de línea de acción para esta región, los pobladores de los departamentos San Martín y Rivadavia, si hay algo que están demandando son políticas. Es decir, algunas que resulten efectivas a fin de resguardarlos de morir o bien de eludir la posibilidad de dejar este mundo.

Por lo que la conclusión respecto a si falta política o sobra, resulta operación no tan concienzuda emanada de lo que hoy vive esta región, cuyos prójimos empardan con indicadores socioeconómicos de paupérrimos distritos africanos. De parámetro, es conocido que el dedito del terraplanismo es enarbolado en la política como esos gurúes místico-religiosos radicalizados, quienes acusan a los demás colegas y credos de estar equivocados. Y de predicar!

Por lo cual en esta óptica algo reducida la homilía o lo que se predica no es lo que está en discusión, sino quien las administra. Así, el otorgamiento de credenciales que habiliten a desempeñarse en la esfera del interés público constituye la problemática de la que va esta discusión. A la vez que reparte roles entre amonestados por hacer política y quienes les señalan esta anomalía…igualmente, desde la política.

En el reverso del medallón está la antipolítica, una versión cuasi totalitaria que asume una fracción con ánimo de constituirse en hegemónica y, por lo tanto, al frente de la tarea de señalar indeseables insertos en “la política” o “la vieja política”. Pretensión que descansa en la conjetura que lo nuevo debiera ser virtuoso, pese a prueba en contrario expuesta en el panorama actual que se aprecia en Mitre 550.

Esta tercera oleada de iluminados se emparenta a esos discursos, a caballo de  mescolanzas de la new age, el manierismo lingüístico y el misticismo laico. Como a fines de los 80 lo intentaron las corrientes postmodernistas, mediante algunos eslóganes altisonantes (luego refutados desde el rigor científico) que serían reelaborados por un tal Francis Fukuyama, quien tras una vuelta de clavijas las recauchutó como “el fin de la historia” o la muerte de las ideologías. Algo que incomodó a quienes se habían imaginado post-algo, a partir de una simple crítica a lo anterior o a lo “viejo”.  

En el caso que nos ocupa, estas expresiones de terraplanismo en la política resultan congruentes con lo refractario que se muestra la actual conducción de Cámara baja provincial por aquellos pronunciamientos “inconvenientes”. De ahí que haya hecho explícita su intención de eliminar las manifestaciones del temario a tratar, por parte de los parlamentarios, quienes de esta manera dejarían de serlo.

Allí se inscribe la ironía lanzada este martes por el diputado Jorge Restom, al hacer uso de la posibilidad que tanto aterra a los terraplanistas. Así, lanzó aquello de que “si la solución en Salud va a estar en la Capital, apaguemos todos la luz y nos vengamos a vivir a la Capital”. Un anticipo que supondría desafíos logísticos y urbanísticos, en la decodificación plana que hacen a la vuelta del oficialismo gaucho. 

NdR, 1 de junio de 2022.