#Anomaliasprestacionesdesalud
#PacientesVsIPS
El zarandeo
generalizado que se registra en los días finales de febrero parece haber
también afectado el funcionamiento de la principal obra social provincial. Al
menos así parece indicar el testimonio de una afiliada al IPS, quien relató
este jueves a NdR las peripecias que atravesó con su hijo que padece epilepsia.
El
inconveniente comenzó con la realización deficiente de un estudio, un
electroencefalograma, tras lo cual la mujer se topó con la negativa de la
profesional que lo encargó al momento de certificarlo. El problema se dio
cuando la mujer, proveniente del sudeste provincial llegó para el estudio junto
a su hijo, pero “la técnica encargada de hacerlo no estaba; estaba otra
persona”, quien resultó ser un/a pasante.
Esta
operadora del aparato médico “no me podía firmar porque no estaba autorizada”,
resumió Fátima Achtar en diálogo con este medio. Al día siguiente, la madre del
muchacho fue “como diez veces” en un vano intento por certificar la mencionada
prestación (en apariencia deficiente) por parte de la profesional autorizada a hacerlo.
Sin embargo,
la médica se negó a rubricar por medio del pretexto que no era la profesional
de cabecera de su hijo. En cambio, se ofreció a darle “una constancia” sobre
aquel estudio. “Pero le dije que no, ya que ella no le había hecho el electroencefalograma:
se lo hizo un practicante”, sintetizó dicha cadena de malos momentos.
La falta de
este certificado, a su vez, determinó que Achtar y su joven hijo tuvieran que asumir
de su propio bolsillo el alojamiento en
nuestra ciudad (ambos viven en Las Lajitas), al que en cada derivación normalmente
cubre la obra social provincial. Por lo que el corolario apunta a suponer que
la raíz de toda esta seguidilla de negativas estuvo al gancho que la profesional
no se animó a estampar en el electroencefalograma. O bien en la calidad de realización
del mismo.
NdR, 24 de febrero
de 2022.