En las redes de uno mismo

La sensación de un cierto pánico gatillada por la caída del servicio en algunas redes sociales fue lo que marcó la jornada inicial de esta semana. La afectación de esta anomalía a una carencia más honda, gravitante de la esfera personal y social. Una señal de los tiempos que corren.
Hace 4 años SOCIEDAD

#Facebookylosautofotografos #ElSerylanada

M.R. 

El desbarranque de la víspera sufrido por plataformas digitales, en gran medida generó una especie de pánico internacional por el lado de los fans de sí mismos. Esta empatía con las personas, en particular con la 1° del singular, tal vez sirva para explicar el estruendo en los usuarios que dejó la caída en Facebook, Instagram y Whatsapp.

A la vista del pensador surcoreano Byung Chul Han, las autofotos o selfies constituyen superficies “de un yo vacío y completamente inseguro”. En tanto canal por el que se envían estos contenidos (además de otros destinados a fines laborales o de otra naturaleza), la sensación de una cierta frustración por este triple tropezón se encuadra en tal contexto.

“La adicción a las selfies no genera amor propio, es una autorreferencia narcisista”, indicó el año pasado en uno de sus famosos trabajos el filósofo antes mencionado. Según su parecer, “para escapar del vacío insoportable, usan un teléfono inteligente”, si bien el resplandor que emana de esta costumbre ofrece solamente un “vacío en una luz agradable por un corto tiempo”.

Exagerado o no, Chul Han remarcó que “la autorreferencia narcisista excesiva crea un sentimiento de vacío. El yo se ahoga en el yo”. En los tiempos que transcurren, dice, “existen muchos imperativos sociales que conducen a la congestión narcisista de la libido del ego, por ejemplo, el imperativo de autenticidad. Esto despliega una compulsión narcisista de preguntarse, espiar, mirar, asediar y no menos importante: culparse constantemente”.

Lo paradójico que plantea el filósofo es que a fin de mantener estable la autoestima, cada uno tiene que darse catadura de “importante”. Y para lograr esto, es necesaria la apreciación en tal sentido por parte de terceras personas, lo que resulta fundamental “para ser”.

Cuando falta esta relación o se percibe como carencia (aunque sólo podría ser imaginaria), “el sujeto se ve obligado a hacer más y más”. No aparece la gratificación exógena o gratificación primaria, la que en la sociedad actual tiende a ser un bien escaso.

En tal escenario, “la amistad es una relación con el otro que estabiliza y satisface el ego”. En cambio, resaltó recientemente Chul Han que “los ´amigos´ en las redes sociales carecen de la negatividad del otro. Forman una multitud aplaudiendo y eliminan sus diferencias de la misma manera”.

Pero tal robertocarlismo desembocó en “la eliminación de toda negatividad” como una suerte de punto de consenso en gran parte de la sociedad. De modo tal que “Todo se suaviza. Lo liso carece de la negatividad de lo contrario. Ya no es un objeto. El suave, por otro lado, quiere complacer. No es un objeto. La comunicación también se suaviza hoy para intercambiar favores, incluso positivos. A cada idioma, a cada expresión se le niegan sentimientos negativos como el dolor”, concluyó el ensayista.

Universo gobernado por el rasgo del ego transitando las carreteras que llevan hacia la “N” como potencia. A lo mejor, todo esto explique algo del descalabro con el que se inició esta semana. 

NdR, 5 de octubre de 2021.


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