#MargaretApollo11
#Alunizaje #DíaDeLaAmiga
Ahora que quedó
atrás la incesante cadena de amontonamientos y reservas en pringundines, fondas
y restó –en reversa a los escrúpulos sanitarios-, autofoto del último día del
Amigo, vale recordar a Margaret Hamilton. Es menester que tenga su día aparte,
lejos de la manada, dada su importancia en lo que se considera desde hace medio
siglo el hecho disparador de tales festejos: la misión Apolo 11.
En efecto, los
colegas del portal Mujeres Con Ciencia cuentan que Marga fue la diseñadora del
software que garantizó la trascendencia histórica de aquel periplo, con lo cual
Neil Armstrong, Edwin Aldrin y Buzz Collins efectuaron el alunizaje. La flama
inicial que la llevó por esta senda de la originalidad y los destellos de
genialidad –del que muchos alacranean, pero son pocos los que la tienen- tuvo
mucho que ver su formación. En tal sentido, cabe consignar su paso por el Earlham
College, la matemática en la Universidad de Michigan, además de los postgrados
en matemáticas abstractas en la de Brandeis (Boston).
Pocos saben que
Hamilton fue una especialista en diseño de planificación correctiva. Esta otra
cualidad le permitió que la misión Apolo 11 se sobrepusiera a un fallo en el
sistema que se produjo minutos antes que la nave pisara superficie selenita.
Era tal su capacidad que podía separar con asombrosa rapidez paja de trigo, de
manera tal de descartar la chamuchina y disponer alguna modificación virtuosa
en pleno desarrollo de los acontecimientos. Por ello se la considera también
pionera en programación de computación.
Claro que una
cuota importante de estas inquietudes se las suministró su vida hogareña,
atravesada en la niñez de Margaret por escenas con sus padres intercambiando
interrogantes de fondo. Tales como el sentido del universo, la relación causal
de los fenómenos cotidianos; en contraste con aquellos domicilios en que el
centro de la mesa el asunto principal eran las compadradas por la manera en que
se sacó a los ponjas de la compulsa bélica de 1945. A manera de síntesis,
consignaremos que al llegar 1958 obtuvo licenciatura en matemáticas, más diplomatura
en Filosofía, en honor a su padre.
Al año
siguiente, Margaret y su esposo alumbraron a Lauren. Una dificultad que parecía
ensombrecer su porvenir, aunque a la que Hamliton le encontró una salida
macanuda. A fin de colaborar con la finalización de los estudios de su cónyuge,
aceptó el empleo de programadora en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT),
hasta que mejoraran las perspectivas de su flamante familia.
Su permanencia
en el MIT, refrendada por ambas partes, encontró una veta cuando se encontraba
en pleno desarrollo la misión Apolo 8. La chambonería de algunos aspirantes a
viajeros espaciales generó que metieran mal un dedo y se activara la operación “prelanzamiento”.
El julepe se conjuró con un SOS a Marga, quien recuperó los datos perdidos y se
los envió.
Algo de
background le posibilitó a Hamilton arribar a estos procedimientos
anti-moqueros. En 1960 había trabajado con Edward Norton Lorenz, precisamente el
investigador que formuló la tesis del “efecto mariposa” y autor de la Teoría
del Caos. En función de sus conocimientos en un área por ese entonces no
escudriñada, Lorenz le encargó el diseño del software para hacer posible
predecir los tiempos, usando las computadoras LGP-30 y PDP-1.
Los primeros
reencauzamientos a su carrera la llevaron a que el MIT le asignara indagar
respecto a las predicciones climáticas. Una disciplina que la hubiese puesto a
tiro de los palurdos que prefieren sapos panza arriba, a fin de conocer cómo
estará esta variable [NdR: multi determinada, cabe aclarar]. Afortunadamente,
para 1963 recaló en el proyecto del ordenador AN/FSQ-7, el cual apuntaba a la
detección de aviones enemigos y se aventuraba a la búsqueda y destrucción de
misiles exógenos en el espacio aéreo estadounidense.
De ahí a
ingresar al proyecto que por entonces desarrollaba la NASA, con la meta de
indagar si había cultura selenita en el principal satélite de nuestro planeta,
hubo sólo un tirón. Entonces, Hamilton misma se postuló para ingresar a esta
iniciativa y la junta directiva de la agencia espacial gringa vio el potencial
y la contrató.
La amiga casi
invisible, Margaret Hamilton había nacido el 17 de agosto de 1937 en Paoli,
Indiana. Por estos días y hasta el próximo mes contabiliza 84 años. En 2016 la
científica recibió la Medalla
Presidencial de la Libertad, entregada por el morocho Obama, quien con la
generosidad habitual por los intelectuales y creativos, resaltó su rol en la
NASA durante las misiones Apolo.
NdR, 24 de
julio de 2021.