La elección que “vale”

El vistazo al panorama electoral, luego de la conformación de frentes que más bien parecen retaguardias, salvo excepciones. El llamado a las urnas con un ojo atento a los registros epidemiológicos. Y el detrás del telón que hay en la fortaleza declamada desde el oficialismo.
Hace 5 años ASUNTOS DE FONDO

#Contexto #Economía #Pandemia #EleccionesSalta

F.P.

Los comicios salteños 2021 se asemejan a esos partidos de fútbol amañandos con los árbitros o los combates de box en los que un resbalón no se interpone como óbice para el sopapeo del rival, en términos de legitimidad. Es consenso casi extendido entre la cresta de la dirigencia política que “una elección con voto electrónico” resta méritos políticos o no vale lo mismo que las otras. Ni qué hablar de una convocatoria hecha en tiempo de pandemia y con una contrarreforma constitucional metida de yapa.

A propósito de la modificación en reversa a la Carta Magna gaucha, los asesores U que sobrepueblan el horizonte saenzista deberían haberle advertido que desfavorece al actual mandatario aparecer subsumido en la ofrenda normativa hacia sus dos últimos antecesores. Plasma una sensación de gestión continuista, senescal, de paso,  puesta en los estantes inferiores en góndola, además de graficar a la luz pública el verdadero rasgo arquitectónico de este flashback institucional.

En cuanto a la constitución de frentes políticos anotados para la competencia, lo que se aprecia en el oficialismo es una evidente hostilidad hacia todo lo que signifique, equivalga o connote centroizquierda o izquierda. En particular, al Frente de Todos en versión gaucha, con el armado de un Lado B (con joystick en avenida de Los incas) y hasta la apropiación del nombre de la coalición que hacia 2003 le puso los puntos a la versión local del menemismo: Unidos por Salta.

Sólo que en lugar del titular del mandatario cuya carrera se notificó que empezaba a menguar 18 años atrás, Juan Carlos Romero, el antídoto UPS de hoy tiene al frente a su hija, en lugar de los antiguos funebreros de aquel régimen (José Vilariño, Julio San Millán, Sergio Leavy, entre otros). Titi Romero indicó al final de semana que Unidos por Salta tendrá “un diálogo permanente”, dado que coinciden “en la mirada de la Salta que queremos y ratificamos los proyectos que planteamos con el gobernador Sáenz”. Por ahora ¿Podría presentar su propio candidato a senador por Capital este espacio? La respuesta a ello es con lo que juega el titirromerismo para discutir espacios en las listas.

La doble apuesta del oficialismo es expandir la representación en el electorado gaucho lo más que se pueda, hasta reducir o convertir en insignificante el caudal de votos de la izquierda y el centro o de los votantes del Frente albertista/cristinista. En esta tarea apuesta a la big data o hipersegmentación del elector: es decir, el arquetipo de un ciclista por hobby, ecologista y que ni se mosquea frente al cierre de un comedor barrial.

En dicho territorio, que el Partido de la Victoria, Izquierda Popular y Cultura, Educación y Trabajo, al igual que la izquierda (una parte también con joystick grandourgiano) el ideal es que no se acerquen a disputar la tajada tripartita en que suele distribuirse el mapa electoral de nuestro distrito.  Al menos en los últimos tres comicios. 

Un plan por momentos ambicioso, por otros descabellado, ya que la doble oferta oficialista no cuenta con un solo guiño hacia el votante de centro o pejotista/k y menos hacia la izquierda. Sumado a que el GPS del sáenz/titirromerismo no registra –el del FdT sí, pero aún carece de respuestas- el levantamiento de los puños llenos de verdades del 42 % y monedas de la población desbarrancando hacia el cochino lodo de la indigencia, entre la que en breve podrá contabilizarse a la antigua clase media que realizaba su dinámica en el turismo.

Al parecer, solamente la izquierda doctrinaria, con Del Plá, López, Cerrano y compañía plantearon a este creciente grupo en su oferta electoral. La expectativa es recuperar el sitial electoral que la zurda tuvo en el ciclo anterior de políticas con efectos claramente antipopulares, hacia el año 2000 o bien en 2011/2013.  

Los nombres todavía no están, las propuestas (salvo la de la izquierda doctrinaria) remolonean en copar la vidriera, mientras en Salta se discute la próxima encarnación del poder legislativo y los aprestos que se insinúan para la disputa 2023. Pero todo esto sucede a considerable distancia de los desvelos por la supervivencia, empujados por la pandemia y la bartola al parar la olla, que anida en las mentes de la mitad de los salteños.

NdR, 7 de mayo de 2021. 


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