La cordialidad presidencial en versión Juez

La verborragia opositora está pertrechada en dos hangares, uno de los cuáles es el diputado nacional Luis Juez. Este martes, el dirigente cordobés encendió mechas y se lanzó a cuestionar dirigentes nacionales. Con el fuego de la tartamuda aún humeante, hacemos un repaso a lo que dijo.
Hace 5 años F5 EN LA PUJA

#Juez #Críticas #Fernández #Cafiero

El cordobés más grande, además de Mario Kempes y de Piñón Fijo, se hartó del andar tan modosito de un sector de la oposición y arremetió contra todo lo que se cruce. Este martes, el diputado nacional Luis Juez se mandó con todo lo que tiene contra los lineamientos del gobierno nacional y también contra integrantes del elenco oficial.

Juez caracterizó al Jefe de Estado como “guaso”, “pendenciero” y “patotero”, mientras que al Jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, describió como un “corajudo” sólo por Twitter. Sólo le faltó lanzar algún cuestionamiento a la Vicepresidenta de la Nación y un algo destinado a los ecuatorianos, cosa de repartir surtido.

Este hondo cuestionamiento a los modales presidenciales, por parte de Juez, fueron acompañados del atildado consejo que alguien debería quitarle “el celular a Alberto Fernández”, así cesa “de tuitear estupideces”. La vía que llevará a ganar en sustancia a su mensaje, según el legislador mediterráneo, será no sólo privar al Jefe de Estado de su smartpone, sino ponerlo en un De Lorean que lo lleve hasta el 04/2020.

En esta coordenada espacio-temporal, el dirigente opositor situó “al tipo que te entusiasmaba y te daban ganas de escucharlo”. En contraposición con “este guaso pendenciero, patotero, fastidioso, endilgador de responsabilidades”, todo en un mismo combo que pareciera remitir más a un barrabrava, antes que al docente de la UBA que miles de alumnos de la facultad de Derecho conocieron en otra tonalidad.

Aquel Fernández extraviado en los agitados mares de la pandemia y la deuda externa, generaron la transubstanciación en el actual “que tritura la credibilidad presidencial todos los días”. Ya que de acuerdo a la concepción juecista “el tipo que conduce, que tiene las riendas, tiene que ser el tipo más sereno, no el más pendenciero”. Estimación que no cabría, por ejemplo, para la canciller alemana Angela Merkel, quien por su temperamento no rankearía para el liderazgo estipulado por los parámetros juezianos.

Contra lo indicado por manuales relativos a la ciencia política que podrían remontarse hasta los griegos de la antigüedad, o el medioevo con Maquiavelo, los mandatarios briosos no encuadrarían como líderes. Ya que según Juez, el conductor “tiene que convencer, no ordenar”, precepto que parece prescindir de la línea de acción a cargo del encomendado, alertaría un sociólogo o psicólogo social.

“Si vos lo único que hacés es cagar a patadas en el traste a tus contribuyentes, es muy difícil”, indicó sin dar un solo ejemplo de algo que se asemeje a dicha conducta por parte de Balcarce 50, que a la vista de algunos aliados aparece como demasiado blanda en materia tributaria.

Una vez evacuada esta seguidilla de vituperios, Juez aseguró que el estaría dispuesto a hacer lo que el Jefe de Estado mande, “pero desde la racionalidad, no desde la prepotencia”. En este juego de roles, en el que intervienen diferentes pronombres personales, advirtió: “No me grite, maestro, porque estoy asustado”. Seguido de una reflexión como con el reverso de la mano y en volumen bajo: “Lo peor que podés hacerle a un tipo asustado es gritarle. Tenés que tratar de convencerlo. La gente está con miedo, pero como le mintieron tanto...“, cerró. O es una manera de decir.

Y ya que estaba, de paso, Juez también se mandó contra el Jefe de Gabinete nacional, Santiago Cafiero. Respecto al Coordinador de Ministerios insinuó con delicadeza que “no ha tenido los huevos suficientes para ir a la Cámara de Diputados a contarnos un montón de cosas”.

En la visión del dirigente cordobés, Cafiero apenas si “es un corajudo con el Twitter. Lo hemos citado 70 millones de veces y nunca vino”, gatilló. Finalmente, en relación a la polémica entre Casa Rosada, el Ejecutivo de provincia de Buenos Aires, en relación a Ciudad de Buenos Aires, optó por su veta diplomática al señalar que “uno aspira que a las conductas miserables, sea de quien sea, la gente las pueda distinguir y repudiar”. Otra de sus facetas, poco utilizada desde noviembre de 2017 cuando dejó su puesto en la Embajada argentina en Quito, luego que pueblo y gobierno de aquel país no aceptaran 20 días seguidos de disculpas (tras insinuar que los lugareños no eran muy predispuestos al aseo). Un Vía crucis que fue inútil.

NdR, 27 de abril de 2021.