#Iglesia
#PromociónSocial #CurasVilleros
Si se evalúa sin
prejuicios y con detenimiento la verdadera función de promoción social no la
hace, sólo por dar un ejemplo, el Ministerio de Desarrollo Social de la nación.
Esta tarea, en realidad descansa sobre los hombros de los curas villeros que
contribuyen desde 190 centros distribuidos en 19 provincias de nuestro país.
Es necesario
aclarar la cuestión lingüística, antes de ingresar en la evaluación de esta problemática.
A tales fines, deberá entenderse a la promoción social como el conjunto de
acciones que contribuyen a la movilidad social de sectores vulnerables. Es
decir, no sólo la atención de la urgencia alimentaria, sino que en paralelo
deben proveer a los asistidos las herramientas conceptuales que en el futuro le
permitiría prescindir de lo primero.
Es un poco más
que la simple distribución de módulos alimentarios. Los centros que se
denominan Hogares de Cristo se encargan de esta tarea, por ello en un artículo
publicado esta semana por la agencia Télam sintetizaron entre sus objetivos los
“cambios positivos en múltiples dimensiones de la vida” logrados en su
público-meta.
Dicha
conclusión fue presentada el martes pasado en un informe que abordó el efecto
de estos centros en el desarrollo humano
y la inclusión social de personas en situación de vulnerabilidad social, como
también el consumo problemático de drogas en el interior de estas
unidades. En el abordaje sociológico de las organizaciones humanas, a esto se denomina
“control de gestión”, otra función no contemplada en organismos estatales.
“El Hogar de Cristo es una consecuencia de pensar una parroquia popular, donde
nadie podía quedar afuera”, le dijo a la agencia estatal el sacerdote José
María “Pepe” Di Paola. “Es una iniciativa nacida de una iglesia popular y que
ahora está en toda la Argentina”, completó el religioso, quien coordina el
Equipo de Sacerdotes de Villas de ciudad
de Buenos Aires y Gran Buenos Aires, y de la Comisión Nacional de Pastoral de
Adicciones del Episcopado.
Junto a Di
Paola, el informe fue detallado en la ponencia que estuvo a cargo (en modalidad
virtual) de Ann Elizabeth Mitchell,
directora del proyecto, doctora en Economía de la Universidad de Maryland,
Estados Unidos, y profesora de la Universidad Católica Argentina; junto con Ana
Clara Camarotti, doctora en Ciencias Sociales y docente universitaria. Los tres
se ocuparon de dar las conclusiones en la transmisión del martes, concretada desde
la parroquia de Villa 21-24, en el barrio metropolitano Villa Lugano.
El énfasis del trabajo
estuvo puesto en “la integralidad” de la labor realizada en los Hogar de
Cristo. En particular, durante la cuarentena y al puntualizar respecto al
consumo de sustancias, dado que “no se pensó en el tiempo libre de los jóvenes
y adolescentes que en los barrios se juntaban igual”, recordó el Padre Pepe.
Esto puso a
prueba la capacidad de respuesta de cada Hogar de Cristo ante situación de “vulnerabilidad
social y consumos problemáticos de sustancias psicoactivas, poniendo en primer
lugar a la persona y sus cualidades”, según la definición de estos órganos –creados
en 2008- que actúan de manera coordinada con Cáritas Argentina.
En el resumen
del trabajo que se extendió a la prensa, resaltaron “la necesidad de desarrollar respuestas específicas de acompañamiento para
las mujeres, diseñar políticas de empleo que tomen en cuenta las
trayectorias de vida de los jóvenes en contextos urbanos de marginalidad y
fortalecer el trabajo conjunto entre el sector público y la sociedad civil en
el diseño de políticas de prevención y tratamiento de adicciones".
NdR, 27 de
febrero de 2021.