#Vacuna
#Coronavirus #Guerra #Laboratorios
F.P.
El combate
desembozado entre las mega compañías farmacéuticas del globo se verificó esta
semana en el embarrado de cancha por la obtención del antídoto contra COVID-19.
Lo que en territorio albiceleste revivió la obra y las peripecias para concretarla que encarnó
el médico salteño Arturo Oñativia.
Frente a la
catarata de falsas noticias e inexactitudes no cabe, sino, pensar que las
mismas responden a la presión de laboratorios en contra de la alternativa
hallada por el gobierno argentino de un antídoto eficaz, de inoculación con
gran practicidad y más barato. Es que la Sputnik V, próxima a llegar la semana
que viene en sus primeras 350.000 dosis a nuestro país, implica un costo de u$s
20 (contra u$s 40 la de Pfizer; u$s 62 la de Moderna) y cierta accesibilidad en
materia logística (conservación a – 20°).
Este cuadro
comparativo, sumado a la ductilidad para elaborar la logística de la campaña de
inmunización –fundado en un traslado a los centros de vacunación a 20 ° bajo
cero-, según especialistas marca la bronca en el mundo de los negocios
farmacéuticos. A tal punto que hubo analistas que equipararon este escenario
cuasi bélico que se registra en el mundo farmacológico con el planteo hecho en
1964 por aquel galeno salteño, hoy inmortalizado en uno de los principales
centros de salud que tiene nuestra provincia.
La propia Pfizer
reconoció el mes pasado que los “desafíos relacionados con la fórmula a
temperaturas ultrabajas de su vacuna (- 70 °) y los requerimientos de
almacenamiento, distribución y administración” pueden ser un obstáculo. El
traslado de este antídoto desde la planta que la produce hasta el lugar de
inoculación va a ser una “operación logística descomunal”, admitió en noviembre
último el ministro de Sanidad británico, Matt Hancock, a la BBC. A tal punto
que las gigantes del rubro logística como UPS, FedEx y DHL, han invertido millones de dólares en la
construcción de nuevas instalaciones en sus centros de distribución diseñadas
para almacenar miles de dosis de vacunas.
El experto en
política internacional Pedro Briegger evaluó este viernes, desde el portal
NODAL, sobre la posibilidad “que detrás
de las críticas a la vacuna ´rusa´ haya intereses y presiones de grandes
laboratorios y empresas farmacéuticas para eliminar un competidor de fuste;
pero también, mucha ignorancia”.
En este
contexto, la periodista metropolitana Carla Pelliza llamó la atención que “en TN
se quejaron de la no llegada de la vacuna, de la llegada de la vacuna y del
operativo de vacunación que todavía no empezó. Todo en un minuto. Admirable”.
Un negocio millonario en dólares, el cual en el lenguaje de las empresas de comunicación
está intermediado por los anunciantes.
El hemisferio
de las compañías farmacéuticas es uno de los más poderosos del mundo y la media docena de las principales firmas afincadas
en Estados Unidos concentra un valor de u$s 900.000 millones. “El poder mundial de los laboratorios tumba gobiernos, y
así fue como cayó Illia, y como cayó Oñativia por intentarlo”, rememoró el 11
de noviembre último a la agencia NODAL Susana Echegoyen, coordinadora de la
Unidad de Farmacoterapéutica del Hospital Posadas.
La también docente e investigadora de la UBA recordó que las compañías
farmacéuticas “hace mucho
que ganan fortunas”, aunque de su parte “no hay dinero invertido, nunca, en el
desarrollo de una industria nacional que aporte buenos medicamentos, que sean
seguros, en pos del bienestar de la humanidad”.
En
contraposición al resguardo receloso de esta poderosa tajada, Echegoyen
mencionó que “la producción pública de
medicamentos ha tenido y tiene muchos militantes desde hace décadas, y eso sí
nos permitiría tener una política sanitaria coherente, segura, sin que
estuviera en discusión estos negocios multimillonarios. Es una
canallada, pero así es la industria” farmacéutica, concluyó.
Una alternativa
que ya había sido planteada hacia 1964 por parte del salteño Arturo Oñativia.
El por entonces ministro de Asistencia Social y Salud del gobierno de Arturo
Illia fue el impulsor del proyecto de ley que encuadraba a los medicamentos
como un bien social al servicio de la Salud Pública y de la sociedad.
De manera tal
que la Ley 16.462 y 16.463, llamada ley Oñativia, fijó lineamientos para el control
de precios en medicamentos y receta según medicamento genérico, la que fijaba
límites para los gastos de publicidad, y a los pagos al exterior en concepto de
regalías y de compra de insumos. En aquel momento -otra reminiscencia a las
connotaciones que un sector intenta darle a la Sputnik V por estos días- los
militares conservadores, los empresarios ligados a intereses extranjeros y
medios de prensa calificaron “comunista” a esta norma, la que tendría
influencia determinante en el derrocamiento del gobierno de Illia el 28 de
junio de 1966.
NdR, 19 de diciembre
de 2020.