#Energía #Inversiones
#Prioridades
La agenda de
energía atómica cuenta con cuatro apartados, considerados ineludibles por especialistas en esta materia. El primero de
ellos es la extensión de la vida útil para la central Atucha I, ampliar la
capacidad de enriquecimiento de uranio, definir alternativas para la
construcción de nuevas centrales nucleoeléctricas y concluir el prototipo del
reactor modular CAREM.
Así lo
señalaron este miércoles las investigadoras Carla Notari y Ana María Lerner, en la edición de www.agendarweb.com.ar , la publicación
especializada del sector. Las especialistas del Instituto de Tecnología Nuclear
Dan Beninson (CNEA/UNSAM) concluyeron que “la energía nuclear tiene un papel
importante a desempeñar” si la recuperación de la economía es instrumentada a
partir de “políticas activas de empleo e infraestructura eléctrica de baja
huella de carbono”.
Para ello, coincidieron, un punto de partida es extender la “vida de las
instalaciones actuales”. Al respecto, las científicas destacaron que esta
recomendación ahora es emitida “también
[desde] la OCDE (Organización para
la Cooperación y el Desarrollo) respecto del resto del mundo”. Y
ejemplificaron en base al trabajo aparecido en julio de 2020, titulado “Sustainable
Recovery”, el cual recomienda esta vía para la generación de energía.
Antes reticente a dar consejos en cuanto a la energía nuclear, el giro
obedeció a que en virtud de “los
costos humanos, económicos y políticos del recalentamiento del clima
planetario, hasta la IEA termina aceptando que, junto con la hidráulica, la
nuclear es la forma de generación menos emisora de gases de invernadero”. Por
ello, concluyó que sería un contrasentido desinvertir en plantas nucleares.
A la par de las
ventajas técnicas como las económicas, Notari y Lerner aseguraron que esto es
particularmente aplicable a la Argentina. En particular, para rebobinar en base
a “lo que se ha ido perdiendo de desarrollo tecnológico en el área nuclear”. Un
rubro en el cual se logró “un nivel de evolución y autonomía inusuales para
países con similar y aún superior grado de desarrollo económico”.
Es más, el
grado de desarrollo nuclear es el que le posibilitó a nuestro país contar con
un sillón en temas específicos en la OCDE, como el lugar que ocupa como miembro
pleno en el G20. Las investigadoras contrastaron que resulta evidente que “la Argentina no figura en este último
organismo representante de 20 países ricos y poderosos por su PBI (está en el
número 73 en el ránking mundial), o por sus capacidades militares (hoy casi
inexistentes), y menos aún por la sofisticación de su canasta de exportaciones
(73,2 por ciento primarias)”. “Tampoco se explica su presencia en ese foro por
ser uno de los 30 compradores/usuarios de centrales nucleares”, sino que su
presencia se debe a que crea y exporta “tecnología
nuclear, salida de un programa independiente”.
En este
artículo, las expertas hicieron una retrospectiva hasta las décadas de los años
60 y 70 del siglo pasado. Años de inversión contínua que posibilitaron contar
con tres centrales nucleares en plena operatividad, la capacidad que permitió
exportar reactores para la producción e investigación de radioisótopos, a
partir del avance tecnológico del INVAP y de la Comisión Nacional de Energía
Atómica.
Si bien esto le
dio a la Argentina un lugar de vanguardia a nivel internacional, en la
actualidad el país carece de recursos financieros suficientes como para
construir una nueva planta de generación. Y en cuanto a la oferta específica
hecha por China, analizaron que una opción sería construir dos plantas tipo
CANDU (una de uranio natural y otra de uranio enriquecido), o bien una tipo
Hualong (uranio enriquecido).
De cualquier
manera, el requerimiento es usar uranio enriquecido, condición que “se
mantendrá durante los 60 años que las nuevas plantas proyectan como vida útil,
si nos limitamos a la Hualong china y al proyecto argentino CAREM: ambos
utilizan uranio enriquecido como combustible”.
Ello, a su vez,
exige reflotar iniciativas que con el tiempo se fueron desfinanciando, una de
las que posibilitaría “transformar nuestra planta de demostración tecnológica
de Pilcaniyeu, Río Negro,
en una unidad de capacidad industrial”. Esta debería ser prioridad por la
demanda que significará la Hualong. Pero más que esta, por la CAREM, un
proyecto que permite una mejor inserción “en la nueva corriente internacional
de armonizar la generación nuclear con la renovable intermitente”, al igual que
“un respaldo de potencia de base libre de carbono para los parques eólicos o
solares”.
En dicho
contexto, “el CAREM puede llegar a ser la mayor exportación tecnológica de este
país, así como una refundación de su imagen económica externa”, anticiparon Notari
y Lerner. Motivo extra para redefinir el Plan Nuclear, en base a la
determinación de contar con una Cuarta y una Quinta central nuclear.
Esto, sin
descuidar la urgencia planteada por “la prolongación de vida de Atucha I, para
lo cual concretar el almacenamiento en seco del combustible gastado es una
prioridad absoluta”. Otra, “debe ser reforzar el proyecto de enriquecimiento de
uranio por método centrífugo, en sustitución del que tenemos hoy (de difusión
gaseosa, energéticamente ineficiente)”, lo que debe hacerse en función de “la
histórica posición argentina de usos pacíficos de la energía nuclear y no
proliferación”.
Ambas
investigadoras resumieron que los apartados ya señalados prefiguran “un
programa de mínima, e incluye, como es obvio e imperativo, la terminación del
prototipo CAREM”. Este podrá ser mostrado a nivel internacional como “una
posible opción comercial y elevará nuestra presencia en el mercado mundial a un
plano cualitativamente superior”.
NdR, 11 de
noviembre de 2020.