El cómo y el para qué de los embustes

El macaneo informativo y las formas de prevenirlo o bien de atenuarlo. Para qué se usan y con qué destino se confeccionan las noticias falsas, susceptibles de ser tomadas como revelaciones por algunos incautos. Y la incidencia de éstas en las diversas maneras de plantearnos una mirada de la actualidad.
Hace 5 años ASUNTOS DE FONDO

#Disertación #FakeNews #Polarización #Sociedad

La problemática devenida del embuste, las metidas de perro o engañifas fueron materia de análisis en el más reciente evento de comunicación política, el cual tuvo a su cargo el consultor Gustavo Córdoba. En cuanto a las noticias apócrifas o “fake news”, el director de Zuban/Córdoba advirtió este miércoles en su disertación por Zoom que “es  necesario profesionalizar la comunicación de los gobiernos para hacer frente” a estos ataques.

En el ciclo Comunicación Política de las Nubes, organizado por la Universidad Católica de Salta, el analista partió de la base: “¿Qué es una fake news? Es una acción performativa, es todo aquello que tiene la potencialidad de transformar la realidad de la palabra a partir de una acción”.

Además, Córdoba concluyó que entre las metas de esta práctica de confeccionar noticias falsas, un punto de partida es “como causar daño político, económico y social; suplantar temporalmente a la opinión pública; dinamizar y energizar al militante propio”. Claro que la materia de la cual se complementan dichos macaneos tiene, en contrapartida, un acervo de preconceptos en el que sembrarlas resulta algo con fertilidad.

“Si no tuviéramos prejuicios, las #FakeNews no tendrían lugar para dispersarse”, resumió Córdoba en esta exposición. Claro que igualmente aclaró que si bien “la mayoría cree que las y los argentinos somos prejuiciosos, pocos se auto-identifican de esa manera”. Efectivamente, un sondeo de la consultora que dirige detectó que casi un 70 % de los entrevistados se inscribe como algo/poco prejuicioso. Mientras, el 17,6 % dice ser “nada” prejuicioso, y un 8,1 % admite ser “muy” prejuicioso.

Más allá de esta autopercepción, la franja de adherentes al macrismo estima que los votantes de Alberto Fernández se reparten entre personas que sostienen como motivación o grupo de motivaciones el haber sido “manipuladas” (87,4%), “intolerantes” (80%), “equivocados” (77,3 %), “odiadores” (74,6 %), “clase social popular” (70,3 %), y “corruptas” (68,7 %).

Por su parte, los simpatizantes a la gestión nacional suponen que los macristas responden a patrones de conducta de “clase social alta” (80,7 %), “egoístas” (66,5 %), “intolerantes” (64,9%), “odiadores” (62%), “odiosas” (61,7%), “manipuladas” (61 %) y “corruptas” (55,1 %).  

Un escenario ante el cual, Córdoba señaló que “el voto clasista está más vigente que nunca en nuestro país”. Una diferenciación cada vez más aguda, luego del último gobierno nacional y el actual con la gestión de la pandemia, por parte de diferentes deciles de la argentinidad en la apropiación de la riqueza o signos sociales que aporten a tal distinción. 

NdR, 15 de octubre de 2020.