#Desacralización
#Internet #Uso #Información
Mercadería de
contrabando, cortes vacunos en mal estado, teorías alocadas con explicaciones express sobre el universo y exacerbación
de las rivalidades. Proyección sobre la dependencia humana de las redes
sociales. “Estaremos en grandes problemas si las personas continúan usando las
redes sociales como hasta ahora, sumando desinformación y teorías
conspirativas, que es realmente lo que nos queda de ellas”, vaticinó este fin
de semana Jeff Orlowski, director del docuficción “El dilema de las redes
sociales”, el flamante estreno de Netflix.
Dicha
realización audiovisual, puesta en circulación en esta plataforma el pasado 9
de septiembre, hace foco en Google y en Facebook como el eje principal de su
crítica, aunque también se ocupa de Twitter, Instagram y de Tik-tok. Y se
constituye como un alegato que desnuda el culto que pretende colocar en un
altar a estas vías digitales y a sus efímeros sacerdotes descartables (o
influencers).
En contraste
con el pajueranismo reporteril imperante en nuestra región, Orlowski le dice al
diario La Nación que “las redes sociales no son necesarias”. Por caso, postula
que “la gente necesita ser realmente crítica sobre la información que está
recibiendo, cómo la recibe y por qué, sobre todo en noticias e información”,
donde se concentran la mayoría de los embustes y las más vulgares engañifas.
El director de “El
Dilema de las Redes Sociales”, al día de hoy no usa ninguna de éstas, luego de
advertir en esta realización audiovisual que “estamos siendo usados por estas
compañías para su propio beneficio”. Además que la cosmovisión a partir de
estas herramientas es otro artificio, ya que “cuando un usuario está en una
plataforma de redes sociales no tiene control sobre lo que ve: los algoritmos
están enviándole información basada en metas y objetivos”.
Para Orlowski (cuyo
axioma es “si no pagás por el producto, el producto sos vos”) es ineludible no
perder de vista el origen militar y la intención de experimentar situaciones de
guerra psicológica a partir de las que “las redes sociales fueron diseñadas con
esta intención desde su nacimiento”. Al respecto, aconsejó como un paso fundamental
“que las personas se pregunten si pueden usar los servicios sin ser absorbidos
por la desinformación, o ser manipulados de diferentes maneras”.
Una de las
salidas a este dilema sociológico, según el director de la obra es equiparar
esta problemática a “la cultura del cambio climático”, dado que de acuerdo
a lo que vislumbra son “cambios a nivel social que continuarán empeorando si
no actuamos”. Por lo que “requiere tanto de acciones individuales, como de
medidas judiciales y acciones del gobierno”. Un cielo líquido bajo el cual
parece confortable caminar, pero que apenas puede que sea un cielorraso de
plástico si nos animamos a pincharlo con una aguja.
NdR, 10 de
octubre de 2020.