Ventana al mundo de Rodo

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Ventana al mundo de Rodo
Ventana al mundo de Rodo

Una retrospectiva sobre el artista Rodolfo Bulacio se mantendrá abierta al público, de acá hasta el último fin de semana de octubre, en el Centro Cultural Borges. Un flashback a cargo de la salteña Guadalupe Creche y su colega tucumana Geli González fue el disparador para incursionar en el mundo de Rodo. El cual, en parte, sintetizamos en las próximas líneas.

#Bulaciovanguardia #CentroCulturalBorges

Hasta el último fin de semana de octubre se ofrecerá en el Centro Cultural Borges una retrospectiva sobre el prolífico artista tucumano Rodolfo Bulacio, asesinado en 1997. La muestra, cuya apertura fue este miércoles, tuvo como curadoras a la salteña Guadalupe Creche y a la tucumana Geli González, quienes se encargaron de organizar en tres capítulos el mencionado repaso.

Por ello, “Rodo Bulacio. Fantasía marica del pueblo”, organizadas de acuerdo a la obra individual del artista, sus performances junto a grupos de artistas, como también el período comprendido entre 1989 y 1996 en su rol como estudiante. La contextualización dispuesta por Creche y González se ocupó de remarcar lo inquieto y desafiante del espíritu creativo de Bulacio, en años de fuerte conservadurismo impreso en Tucumán por el gobierno provincial de Antonio Bussi y el Ejecutivo nacional en tiempos de Menem. 

Una tensión que Bulacio llevaba adelante en esta provincia norteña, mientras el under porteño se nutría de las performances de Salvador “Batato” Barea, Alejandro Urdapilleta o Humberto Tortonese. Por esta razón, en el material curatorial seleccionado por Creche y González se incluyeron documentos, copias de catálogos, videos y obras del artista, quien entendía “el cuerpo como soporte de representación política”. 

En una especie de galería específica armada por ambas curadoras se expone “Karla Nova”, “Mucha Karakatanga en la koctelera” y “Blanca enseña lo que has conseguido (homenaje a todos mis muertos”. Igualmente, en soporte audiovisual se repasarán performances grupales, en su aporte a “La Sangrada Familia” y “Tenor Grasso”, junto a colegas tucumanos.

Una particularidad resaltada por ambas curadoras fue la propensión de Bulacio a desplegar su arte con “sábanas, ropa, zapatos, accesorios, telas y objetos de las mujeres de la casa”, indicaron en alusión a su crianza familiar, a cargo de su abuela y su madre (maestra rural). A la par que “solía pintar con látex sobre sábanas que usaba de lienzo, cosía cartones sobre telas, pegaba flores de plástico y lentejuelas en zapatos de yute”, remarcaron Creche y González.

Nacido en Monteros, provincia de Tucumán, Bulacio tuvo un flirteo con el arte pop. De esa época datan sus grabados de personalidades como Susana Giménez, Mirtha Legrand o La Cicciolina, pero también tomarse con sorna la invitación a dolarizar lo cotidiano que había en el cenit de esos años de neoliberalismo. 

Empardándole a Warhol, en Bulacio fue otra influencia significativa el cineasta Pedro Almodóvar. De estos aires emanados de la obra del manchego, muy posiblemente salió la idea de armar “su propia fantasía marica de pueblo”, en la que en cada exposición se podían hallar pinturas, grabados y objetos cotidianos. Tanto que “en 1995 había participado en más de 80 exposiciones”, apuntaron las curadoras.

El artista llegaría a sus últimos días en 1997 cuando en la capital tucumana se produjo un crimen de odio en base a su orientación sexual. Y esto marcó el tramo final de su carrera, pero cuya creatividad de mitad de semana hasta fines de octubre dieron cuenta en su trabajo de investigación y en la presentación Guadalupe y Geli.


NdR, 7 de septiembre de 2022. 


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